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Riesgos y beneficios del eurobono

viernes 16 de septiembre de 2011, 07:38h
Grecia se parece a un tren en plena marcha, aunque descarriado y sin frenos, que se dirige a un acantilado. No tiene dinero para pagar las nóminas de los funcionarios y las pensiones de los jubilados más allá de octubre. Necesita que le salven de esa angustiosa situación y tras las alarmas ha llegado un torrente de propuestas para atender a ese país y mantenerlo dentro del euro. La más importante, la que más ha concitado un debate más acalorado, ha sido la propuesta de la creación de eurobonos.

Hay un intenso debate sobre su creación tras el cual hay un juego de intereses de cada Estado. Grecia pide su creación. También el gobierno Español, que quiere contar con la salvaguardia de los eurobonos como cortafuegos de la desconfianza sobre nuestra deuda. José Manuel Durao Barroso ajusta su discurso al foro ante el que se pronuncie. Sus últimas palabras eran claramente favorables porque se produjeron en el Parlamento Europeo. En Alemania Angela Merkel ha señalado que los eurobonos son una respuesta errónea a la crisis y la ministra austriaca de economía, Maria Fetker, ha reiterado la posición contraria de su gobierno a su creación.

¿Qué efecto tendrían los eurobonos? Aquellos contrarios a esta medida piensan que significa diluir el buen crédito que tienen países como Alemania u otros para beneficiar a los manirrotos, irresponsables o improductivos. El objetivo –según estos críticos- es que países como Grecia o España parasiten las economías más solventes del euro. Puede que esa solución vaya en el camino de “más Europa”, como dice la expresión al uso. Pero entonces nos debemos plantear qué Europa es esa que propone diluir la responsabilidad.

Además, los eurobonos no podrían implantarse si Francia y Alemania no imponen a los países menos serios la política fiscal. Esto tiene un doble riesgo: En primer lugar, que lo hagan para evitar la competencia de países que optan por impuestos más bajos. Y en segundo, aunque más importante, pueden subvertir el principio democrático de que la gestión de los impuestos debe depender del Parlamento nacional. Ese, de hecho, es su origen. También aquí debemos plantearnos si “más Europa” querrá decir menos democracia. Porque ese es el camino que con que amenazan los eurobonos, si a una política fiscal común no siguen poderes al Parlamento Europeo. Acaso, quienes salen a la calle pidiendo que no se desvirtúe la democracia por consideraciones económicas caigan en la cuenta que en su interminable lista de quejas hay que añadir el término eurobono.
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