Este viernes se ha presentado en la sección Zinemira del Festival de Cine de San Sebastián el documental El último paso, de las realizadoras vascas Iurre Telleira y Enara Goikoetxea. La cinta se acerca a la colaboración española en la red Comète, una organización ciudadana que ayudó durante cuatro años a unos 700 fugitivos aliados, en su mayoría aviadores derribados en territorio enemigo, a volver a Gran Bretaña durante la II Guerra Mundial. “Teníamos que contarlo porque era algo que nos tocaba de cerca y, al mismo tiempo, nos era muy ajeno”, han explicado las cineastas a EL IMPARCIAL.
“Recuerdo que pensé ‘ya está, he llegado hasta aquí para acabar fusilado’. Pero no pasó, ¡y aquí estoy!”. Su nombre es
Standley. Su apellido, Esperanza (
Hope). Aquella madrugada del
15 de enero de 1943, soldados alemanes irrumpieron en el caserío del País Vasco francés donde Hope se escondía y se preparaba para “pasar la frontera”. Le detuvieron junto a otras cinco personas. Durante la II Guerra Mundial, Hope fue operador de radio de la
RAF, las fuerzas aéreas de la Armada británica, hasta que a finales de 1942 su avión cayó en territorio belga ocupado por el ejército alemán. En tren, en bici o a pie recorrió Francia con la ayuda de los miembros de
la red Comète, que, como lo hacían ahora con él, habían acompañado a otros fugitivos en un viaje hacia la supervivencia: cruzar la frontera, llegar a la España de Franco, oficialmente neutral en la contienda, alcanzar Gibraltar y desde allí volver a Gran Bretaña. No logró su objetivo. Pasó los años siguientes en un campo de concentración nazi. Pero sobrevivió.

Esa misma noche, desde la misma casona donde Hope fue arrestado, un hombre con la boina calada hasta las cejas corría.
Florentino Goikoetxea, natural de
Hernani (Guipúzcoa), fue la única persona que se salvó de aquella detención.
Casi setenta años después, el nombre de aquel campesino y contrabandista guipuzcoano miembro de Comète surgió en una reunión de productores y cineastas vascos. Así lo explican
Iurre Telleira y
Enara Goikoetxea en una entrevista con EL IMPARCIAL, en la que las realizadoras del documental
El último paso-estrenado este viernes en el
Festival de Cine de San Sebastián- cuentan cómo recuperaron una historia que les “tocaba tan de cerca” y, al mismo tiempo, les era “tan ajena”.
“Nos sorprendió que alguien de Hernani, de nuestro pueblo, y cuya familia nos era conocida de siempre, hubiera participado en esta red de resistencia”, confiesa Telleira. El reto, según cuenta Goikoetxea, era “
aportar algo nuevo” en una parte de la Historia a la que el cine, la literatura o el periodismo han regresado tantas veces, como es la II Guerra Mundial. “Las secciones belga y francesa de la red Comète son más conocidas”, argumenta Goikoetxea, “pero sí que había una parte que recuperar”. La versión de aquellos que trabajaban para Cométe a este otro lado de la frontera y que callaron durante muchos años, según las directoras, porque “había cosas que no podían decirse en voz alta en la
España franquista”.
Jóvenes mujeres valientes en la sombraTodas juntas, en una cafetería, delante de una taza de té no llamarían demasiado la atención. Sólo quizá por el abanico de idiomas: francés, inglés, euskera y castellano. Todas pasan de los ochenta pero conservan la soltura en el discurso.
Y la memoria. Su físico también ha resistido relativamente bien el paso de los años, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría comparte la vivencia de haber sobrevivido a un campo de concentración después de que la policía alemana descubriera su vinculación con la red Comète. Ante la cámara de Telleira y Goikoetxea, todas coinciden en que
no se arrepienten de haber ayudado a dar ese “último paso” hacia la libertad a tantos hombres.
“Llamaba menos la atención que fueran chicas jóvenes, ya que la mayoría de los fugitivos eran hombres jóvenes, así que la policía no sospechaba cuando los veían pasar juntos en bici o caminando”, explica Telleira, quien para la elaboración del documental mantuvo conversaciones con esas mujeres, ancianas, que con tan solo
15 ó 20 años hicieron de “
guías” para los evacuados que pasaban la frontera.

El aviador
Standley Hope, otros fugitivos como él, las guías que los acompañaban, familiares de los menos afortunados, los que no lo consiguieron...
El último paso recoge estas historias personales de forma sincera, cálida y directa. “El proceso de acercarnos a ellos fue lento y prudente”, cuenta Goikoetxea, “fue un proceso de años en el que llegamos a ser casi parte de su familia”. El resultado pasa por la profundidad, por una inmersión en la memoria de aquellos que “quizá no querían recordar”, pero que “aún tenían ganas de contar su historia”.
“Nuestra idea era que, aparte de los grandes nombres, de los grandes héroes, pudiéramos también ver a todos aquellos cientos que estaban detrás, en la sombra, en esas casas en las que acogían y ayudaban con pequeños gestos como dar de comer o proporcionar una cama; ellos
corrían el mismo riesgo que el que hace grandes hazañas”, expresa Telleira a este periódico, para añadir que “los hechos se pueden contar en un libro de historia”, pero que para entender las motivaciones, el porqué o las consecuencias “es necesario
conectar con las personas”.
Visibilidad en San SebastiánAgradecimiento y felicidad. Son las dos palabras que Telleira y Goikoetxea más repiten cuando hablan de su paso por el Festival de Donosti. Las realizadoras apuntan a tres razones por las que ver su cinta en el programa de San Sebastián les provoca una sonrisa perenne. En primer lugar, lo obvio: “estar en un
festival de primera categoría, aunque sea en una sección menor como es
Zinemira –dedicada al cine producido en el País Vasco- te da mucha proyección”, señala Goikoetxea.
En este sentido, las cineastas podrán mejorar lo presente, que no es poco para un género que, tal y como reconocen, “está poco valorado, sobre todo en España, donde hay menos costumbre de ir a las salas a ver cine documental”.
El último paso se estrenará en salas españolas el próximo
11 de noviembre y ha conseguido distribución en su formato televisivo para
Bélgica y
Francia.
Por otra parte, Telleira apunta a la sensación personal de “siendo asiduas al festival como público, verlo ahora
desde el otro lado”. Por último, ambas coinciden en que “no hay mayor agradecimiento para las personas que nos han contado su historia para el documental que el poder ofrecérselo ahora en pantalla grande y en un festival de estas características”.