Berlusconi y el culo de la Merkel
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 18 de septiembre de 2011, 19:48h
En la prensa internacional de esta semana hemos podido leer titulares como “The Berlusconi sex scandal explained”, “Silvio Berlusconi face fresh claims over parties, prostitutes and pay-outs”, “La Fiscalía identifica a 30 meretrices asiduas a las fiestas de Berlusconi”, “Scandale sexuel de Berlusconi: 8 inculpés”. Son el resumen de las nuevas escuchas telefónicas en el escandalo sexual de Silvio Berlusconi, mostrando la intima relación entre sexo y poder, dinero y chantajes.
Debido a la gravedad de estas escuchas se comprende el intento de Berlusconi de aprobar un decreto urgente para bloquear su publicación: el primer ministro sabía el posible efecto de estas, temía sus consecuencias. No obstante, la decisión del presidente de la República de no firmar el decreto, abre un nuevo enfrentamiento institucional que podría perjudicar al país. Y aunque en la mayoría de casos la relevancia que se le da a estas escuchas es por su morbosidad y detalles escandalosos, su publicación responde al derecho-deber de informar a los ciudadanos y no publicarlas equivaldría a una forma de auto-censura. Su conocimiento sirve para comprender las actitudes de Berlusconi, tanto públicas (de interés nacional) como privadas (de interés si influyen y condicionan la actuación del primer ministro) y permiten conocer la cultura imperante en la sociedad italiana.
Entre las conversaciones del mandatario italiano, parece particularmente grave la confesión a una de las chicas que invitaba a sus fiestas en la que afirmaba que él era “presidente del Gobierno en sus ratos libres”. La frase mina la credibilidad del presidente, aunque en el fondo explicaría la parálisis de su Gobierno. Un pequeño comentario, sin ser falsos moralistas: la frase “¿a quién me traes esta noche?” suena a viejo pervertido, a persona sin escrúpulos que considera el poder sinónimo de omnipotencia. Resulta bastante molesto que las “encargara” por medidas y color de pelo, preocupándole que no fueran demasiado altas para no desfigurarle.
No obstante, más que las revelaciones sobre las escorts, prostitutas que acudían a sus residencias, la verdadera preocupación del cavaliere son sus declaraciones sobre Angela Merkel, ya que las escuchas le pillarían in flagranti delicto insultando a la cancillera alemana, calificándola de –según diferentes traducciones en lengua hispana- de “infollable culona grasienta”, “infollable culona mantecosa”, “culona incogible”o “una culona con la que no habría manera de tener sexo”. Lamento haber sido tan vulgar. Y explícito. Los periódicos alemanes se hicieron eco de la noticia (Bild y Die Welt sobre todo), preguntándose cómo es posible que un hombre así cubra importantes responsabilidades políticas en el país. En Italia, lo curioso es que se especula sobre la reacción de la Merkel. Mientras el país está pidiendo ayuda a Alemania, estas declaraciones podrían provocar un choque diplomático con la “locomotora de Europa”. Merkel ya le perdonó su mala educación en la ceremonia oficial de la OTAN, cuando le dio la espalda para hablar por el móvil, dejándola plantada unos 10 minutos. Incluso pasó por alto su escaso respeto hacia el protocolo cuando la recibió en Trieste jugando al escondite. ¿Le perdonará este comentario? ¿No le parecerá absurdo que el cavaliere insulte a quien te “echa una mano”? Ya, resulta ridículo atacar a “nuestra única ancla de salvación en un mar tormentoso”, como escribió un periódico nacional. Resulta aún más sorprendente —por más que revelador- que el Ministerio de Relaciones Exteriores italiano tenga ya preparadas unas cartas de disculpas para otros líderes extranjeros, insultados telefónicamente por el primer ministro.
Paradójicamente, Berlusconi sigue autodefiniéndose como una “víctima de la magistratura”, de los jueces que, por cierto, en primera instancia acusó de ser como las brigadas rojas y hoy les acusa de ser fascistas. Y mientras los fiscales de Nápoles le citan, Berlusconi “huye” a Bruselas y Estrasburgo, inventa escamotage para sustraerse a la justicia. Rehúsa ir a declarar: le quieren interrogar como víctima, testigo y culpable. A pesar de esto, sigue presumiendo de su inmunidad, de sus poderes para evitar las condenas (“os exculparé a todos”). Paradójico pero en caso de delito manifiesto, aconseja a su amigo de “quedarse donde estás” (Panamá), a huir de la justicia italiana.
Y mientras el país queda espectante de un nuevo escándalo, una frase tan vulgar como aquella sobre la Merkel ofrece una imagen desoladora, de mal gusto, de un país tan rico culturalmente como es la cuna del renacimiento. Ante una desastrosa situación económica, la ayuda de Alemanía resulta fundamental para Italia: a pesar de la reforma económica recientemente aprobada, el país sigue preocupado por la posibilidad de que rebajen su rating o que la crisis se agrave. Las palabras del primer ministro italiano no simplificarán la intervención alemana e incluso podrían molestar a uno de los países que, hasta el momento, se han mostrado más dispuestos a socorrer. Por eso no se debe infravalorar la importancia de este desacierto, sino considerarlo como un nuevo retroceso de un país al borde de la quiebra,. En este difícil contexto, el Gobierno Berlusconi parece preocuparse sólo por sobrevivir, aunque el precio pueda ser hipotecar su futuro electoral. Puede que el precio de su supervivencia sea la credibilidad del país, ridiculizado fuera de sus confines. El país necesita un gobierno activo y eficaz en Italia, que arrincone sus intereses privados —y vicios personales- primando el relanzamiento de la economía nacional, la estabilidad política, la credibilidad internacional. No obstante, ya veremos qué nueva sorpresa nos reservan las próximas escuchas telefónicas.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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adonofriohotmailcom/9/9/17
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