Después de “un proceso más o menos largo” y rebosante de elementos creativos innovadores,
Tres años llega este jueves al teatro
La Guindalera para ofrecer una visión dotada de la comicidad que otorga la distancia sobre la gran tragedia del ser humano: la búsqueda constante y a menudo poco fructífera de la felicidad. Así lo ha explicado a
EL IMPARCIAL el director del montaje y creador del proyecto teatral Guindalera,
Juan Pastor, quien a partir de la obra homónima del célebre autor
Antón Chejov ha dado a luz a
Tres años, “más que una adaptación” de un título concreto del ruso, una “revisión práctica de toda su obra”.

La propuesta de Pastor sitúa en el escenario a cinco personajes de la España de los años treinta que viajan a nuestros días y para contar lo que les sucedió durante tres años en su
búsqueda de la felicidad, un rastreo que pasa por sus diferentes formas de entender y practicar el amor.
“Chejov, en toda su obra, trata de descifrar por qué el ser humano, mereciéndolo, no es feliz en la vida”, explica el director a este periódico. Según afirma Pastor,
el amor se convierte en el “camino más adecuado para rozar un poco eso que llamamos felicidad, mucho más que el dinero o el poder”. Pero también puede convertirse en algo peligroso, grotesco, difuso y, sobre todo, polisémico. “El amor se puede entender como pasión, como altruismo, como conocimiento como relación sexual”, enumera el dramaturgo para ilustrar el abanico de calidades del sentimiento más universal que se manifiestan en la obra a través de cada uno de los cinco personajes como medio de alcanzar un estadio aceptable de felicidad.
Las cualidades de ChejovEl panorama, en principio nada alentador, de una insistente tendencia a la felicidad que nunca se logra adquiere en
Tres años un “tono divertido” que sin llegar a formular una comedia tampoco busca el puro drama. “Es una de las cualidades de Chejov”, sentencia Pastor para explicar que “visto con distancia, el
comportamiento absurdo y grotesco del ser humano” puede rozar la comicidad. “Es como un amor adolescente desde los ojos de un adulto, algo muy doloroso, trágico, casi insoportable para quien lo vive desde dentro y que arranca una sonrisa a quien lo ve con perspectiva”, termina el director.
El gusto de Juan Pastor por el autor ruso es, según el propio director, pura “
veneración”. Además de esta irremediable tendencia a “desvelarnos lo tontos y torpes que somos los seres humanos”, Pastor destaca su “capacidad para desvelarnos la vida tal y como es, sin tomar partido ni juzgar a sus personajes”.
Proceso creativoTres años es el resultado de una larga cocción de la obra completa de Chejov a base de enriquecimiento gradual de un primer texto escrito por Pastor. El director cuenta cómo la primera versión de la obra era una “
adaptación fiel” a la novela corta del ruso. Sin embargo, el proceso posterior se puso al servicio de las ganas del director por hacer “algo más creativo”.
El “experimento” consistió en hacer lecturas paralelas con los actores de La Guindalera: repasos al texto de Pastor y, al mismo tiempo,
inmersión total, minuciosa y despierta en otros cuentos, relatos y obras dramáticas del Chejov a partir de las cuales se hicieron improvisaciones y ejercicios prácticos que fueron induciendo a modificaciones en el primer borrador. “Del
Tres años de Chejov quedan los cimientos, mientras que el resto es el
espíritu en sí de su obra completa”.
Juan Pastor, después de mucho tiempo y trabajo, tiene claro el efecto que busca en los espectadores: “Que cuando se apaguen las luces se genere un
silencio y, después, los aplausos”. En general, según explica, “la obra de Chejov busca la reflexión, y eso sería una señal de que se ha conseguido el objetivo”. Recogiendo la esencia del autor y la intencionalidad de la compañía al completo en su deseo por representarla, Pastor finaliza dicienco que le gustaría “que la gente saliera con una sonrisa,
con un fondo triste, pero sonrisa”.
Tres años se estrena este jueves a las 20.30 horas en el
teatro La Guindalera (C/ Martínez Izquierdo, 20). A partir de entonces, repetirá función de jueves a domingo a la misma hora.