1981-2011: Trigésimo aniversario de Belice
miércoles 21 de septiembre de 2011, 21:25h
Y usted… ¿qué sabe de Belice? El 21 de septiembre de 1981 Belice, país centroamericano limítrofe con México y Guatemala, otrora llamado Honduras Británica –y cuya capital es Belmopan–, obtuvo su independencia de la Corona británica. Nos unimos a las conmemoraciones de tan feliz suceso de nuestra nación colindante, feliz ocasión para acercarnos a ella.
Se dice que la palabra «Belice» podría tener dos orígenes: para algunos lleva por nombre la corrupción del supuesto apellido de un bucanero escocés que merodeó su territorio, «Wallace»; para otros es el vocablo maya «belix», que significa «agua cenagosa». Tres décadas después los mexicanos aún tenemos una deuda con nosotros mismos y con ese país paredaño, del que desconocemos prácticamente todo. Es inadmisible que aun estando México en Norteamérica –pero contiguo a Belice– sepa tan poco de su vecino que más recientemente ha obtenido la independencia en la región centroamericana aledaña. Y como en todo, hay historia que contar y nos mueve a la imprescindible reflexión.
Gran Bretaña lo poseía de manera oficial desde el Tratado de París de 1763 que puso fin a la Guerra de los 7 años, conflicto bélico a raíz del cual cambiaron diametralmente las relaciones internacionales durante los siguientes dos siglos, al encumbrarla como la primera potencia mundial. No fue cosa menor la perdida para España de un sitio en apariencia pequeño y sin importancia, no obstante que era por demás estratégico. En efecto, lo era pues durante dos siglos previos a la paz firmada entre España y Gran Bretaña aquel año de 1763, fue utilizado por los británicos como guarida para encubrir las rutas de la piratería en las Indias españolas y desde cuyos linderos fomentaban el contrabando de mercaderías y del valiosísimo palo de Campeche explotado ilegalmente, siendo así un recóndito refugio de aquellos mercenarios de parche y pata de palo que pulularon en la zona y alimentaron el imaginario pirático de la región y más allá, hasta nuestros días.
Disputado por ambos países, España cedió el actual Belice a Gran Bretaña, para jamás recuperarlo, en el mismo tratado en que cedió temporalmente Florida, recuperada entre 1783 y 1819.
El rayano territorio sería motivo de preocupación para el México decimonónico; por la indefinición fronteriza existente al momento de alcanzar su propia independencia de España hacia 1821, al ser también un espacio reclamado por Guatemala, que siempre lo consideró como parte de la antigua capitanía general homónima, en tanto que otra postura argumentaba que fue parte de la capitanía general de Yucatán, que es la tesis que considero más adecuada.
En todo caso, el dictador Porfirio Díaz intentó forjar los límites con los británicos tras fracasar una ocasión anterior en que fue invocando el tratado de París arriba referido rechazado por Londres, en tanto el gobierno de Su Magestad ponía el ojo codicioso en la Bahía de Chetumal, alegando que México no era el heredero de la obligaciones de España y que por lo tanto, era menester renegociar un acuerdo entre ambas naciones, tema que el azaroso siglo XIX mexicano, postergó. La intransigente postura británica dificultó la negociación alcanzándose un acuerdo definitivo solo hasta 1893, estableciendo al río Hondo como frontera entre ambos países, compartiendo la Bahía de Chetumal.
Transcurrió el siglo XX sin mayores novedades desde la óptica mexicana, hasta que en los años setenta Gran Bretaña anunció su retirada de Belice, seguida de la amenaza de Guatemala de invadir y anexar su territorio una vez que recesara su dominio en aquellas tierras. Así, Gran Bretaña mantuvo tropas apostadas en esa nación confinante hasta 1994. México, optando por renunciar a cualquier derecho sobre el nuevo país, decidió reconocerlo e intervino entonces –no sin fricciones con los británicos– para asegurar la paz de la región y que así se produjera una transición tranquila a conveniencia de sus propios intereses; ello motivó una nueva confrontación con Guatemala.
La postura mexicana se ha explicado señalando que no había interés alguno en propiciar una frontera sur que fuera fuerte, siendo bastante la que se comparte con Estados Unidos como para tener una pinza presionando sobre sí mismo. Era preferible colindar con dos países medianamente débiles al sur de su frontera. Belice finalmente accedió a la independencia el 21 de septiembre de 1981, hace ya tres décadas y garantizaría su existencia con el aval mexicano. Apenas barrunto en mis recuerdos el modesto anuncio de haberse alcanzado tal status. Tenía yo poco más de diez años.
Belice tiene por idioma oficial el inglés, pero habla español. Es una monarquía parlamentaria adherida a la británica, siendo su soberana Isabel II reina de Belice. Es miembro de la Mancomunidad Británica de Naciones y de la Organización de los Estados Americanos. Partiendo de cero se ha ido integrando a la región centroamericana circunvecina y guarda especialmente una estable y muy dinámica relación con México, donde su presencia ha crecido. Por los temas regionales que comparte con los países de la región centroamericana y con México, yo apostaría por su inclusión en las Cumbres Iberoamericanas.
Hacerlo sería un estupendo impulso, integrándose así a programas comunes que bien que se necesitan. Belice ha sido una discreta nación que ha trabajado para existir. Su vocación pacifista invita a incluirla, a considerarla como parte de los más caros proyectos que se puedan plantear en su entorno. Ha carecido de dictadores y conflictos armados, lo que la ha revestido de una democracia estable. El trigésimo aniversario de la independencia de este país lindante nos mueve a aproximarnos a conocerlo, a reconocerlo, a identificar de él sus rasgos más significativos y sus potencialidades. En pocas palabras, a valorar y ponderar su pasado maya, su oferta turística y su diversidad cultural. ¡Enhorabuena beliceños por sus treinta años de vida independiente!