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Crónica económica

La familia, principal apoyo en la crisis

viernes 23 de septiembre de 2011, 19:03h
El servicio de estudios de La Caixa ha publicado un informe que recoge un dato muy significativo: El 23 por ciento de los españoles dice que en los últimos cinco años ha dado dinero a fondo perdido a familiares suyos con los que no conviven para sufragar gastos corrientes. No es sólo el dinero. Es también el tiempo. El porcentaje de abuelos que dedica parte de su tiempo al cuidado de los nietos ha pasado del 15 al 25 por ciento en los últimos años. El valor del tiempo de los abuelos y del resto de familiares supondría, en función del precio que se le pusiese, del 2 al 3,7 por ciento del PIB.

Es decir, para seguir con la vida que llevan. La familia es el principal apoyo y los españoles lo ven así: El 56 por ciento de los españoles cree que es la familia la que debe prestar atención en primer lugar, por un 32 por ciento de los alemanes o un 30 por ciento de los franceses. También ocurre que el 69 por ciento de los hijos vive en un radio de menos de 5 kilómetros de sus padres, cuando en los países escandinavos ronda el 40. Una de las razones para esta realidad social es que aquí hemos apostado por el modelo de propiedad de la vivienda mientras que en el conjunto de Europa se han decantado por el alquiler. Eso les hace a ellos más productivos, porque les es más fácil moverse geográficamente para encontrar empleos más remunerados.

Pero volvamos a las ayudas en dinero. Salen del ahorro privado. Esos fondos, que vienen de la acumulación pasada de las rentas, esa riqueza en manos de las familias, es lo que constituye la base de ese apoyo familiar. Los planes públicos de ayuda no crean fondos de atención a la gente, sino que canalizan la riqueza que se les quita a las familias y empresas: una parte hacia el propio Estado y otra hacia los ciudadanos que reciben las ayudas. Este caso es distinto: se trata de la acumulación de riqueza y la generación de rentas por parte de las familias, y eso sí son aportaciones netas.

Otra diferencia entre las ayudas públicas y la asistencia privada es que las primeras se dirigen a determinados grupos sociales. Para lograrlo sin caer en mayores discriminaciones (pues la política consiste precisamente en discriminar, es decir, en distinguir a quién se le quita el dinero y a quién se le da), se fijan un conjunto de requisitos para recibir esas ayudas. Por lo general lo que se considera clase media no suele salir beneficiada. Por un motivo poderoso: no habría dinero suficiente. Es más bien que se beneficia a determinados grupos de la clase media, no a otros, y de la clase media-baja.

Con las ayudas familiares no ocurre exactamente así. Aquí hay un conocimiento inmediato de la persona y la ayuda se facilita sin costes añadidos, no como con la Administración. Y el familiar puede decidir si ayuda o no y cuánto en función de las necesidades de su hijo, hermano, padre o lo que fuere.

Y por terminar esta crónica tan familiar, merece la pena dedicar aunque sean unas últimas breves palabras al fallecimiento de Manuel Jesús González. Este catedrático de Economía fue académico de la Historia. Un gran historiador y profesor y asimismo un gran defensor de la libertad, que si en el mundo escasean, en España acaban siendo una rara avis. Estudió acaso como nadie el Plan de Estabilización de 1959, que impuso un vuelco en la economía y la sociedad españolas y preparaba un libro sobre los economistas españoles de aquélla época que se sumará a los libros que nunca leeremos. El profesor Francisco Cabrillo le ha dedicado una precisa pero emotiva nota en Libre Mercado.
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