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El retorno del cotilla

Sebastián Palomo Danko
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Abogado y matador de toros/-1/26
sábado 24 de septiembre de 2011, 18:17h
Terminaron las vacaciones y todo vuelve a su ritmo normal. De nuevo el tedio de lo cotidiano amenaza con ser nuestra sombra durante un año más. Hasta que regrese el próximo verano.

Mientras tanto algún que otro puente podrá recordarnos que aún seguimos vivos. Que aún podemos desconectar de la realidad al menos durante un pequeño periodo de tiempo, que podemos olvidar durante unos dias las reponsabilidades que en momentos nos ahogan y nos llevan, en muchos de los casos, a refugiarnos en , como poco, el lexatin.

En estas reflexiones andaba yo metido cuando de pronto, después de una de esas siestas de diez minutos que de vez en cuando uno se pega después de comer, y justo en el mismo momento de despertarme, pensé, seguro influido por los gritos que provenían de mi televisor, algo como lo que sigue...

Vamos a ver, a Madrid ya ha llegado todo el mundo. Es insoportable. La verdad es que es un auténtico coñazo tener que ver las mismas caras todos los días. Y mayor coñazo es, si me apuran, no tener ni pajolera idea de quienes son esas personas que día tras días se cruzan contigo por el barrio. Si al menos supieramos sus intimidades. Aunque solo fueran cosas diminutas y sin sentido. Pequeños pecadillos. Cosas insignificantes. Infidelidades circunstanciales y cosas así...

No sé, ese tipo de cosas que a todos nos importan. Quizás saber qué tal funciona en la cama la vecina alta y pechugona del veintisiete (creo que vive en el tercero, lo que no se es si izquierda o derecha,¡Vaya por Dios!), si la morena del veintinueve, esa que cada noche llega a casa con un maromo distinto, es puta o no es puta. “Me apuesto lo que quieras a que sí”, me dijo el otro día el portero del edificio, que es un cachondo y se compra el interviú religiosamente cada semana para ver a las de gran hermano enseñar su intelecto. También enterarse por fín en que quedó la discusión de los Ramirez, que, hay que ver, justo una semana antes de irse de vacaciones, tuvieron una trifulca de no te menees por culpa de la secretaria de él. El matrimonio se fue a Marbella, pero seguro que durante los quince días que han pasado allí no se han comido ni un espeto uno delante del otro. “Te lo puedo asegurar”, me corroboró ayer mi vecina del segundo, que además de viuda es lesbiana. Con ochenta y un años la tía. Y cualquiera lo diría porque cada vez que sube a su casa su profesor de piano, le pone una miradita de picarona que hace dudar bastante sobre sus inclinaciones, la verdad. O por fín averiguar si el barbitas de la tienda de trajes es gay o no. Tan guapete, tan educado, con ese perrito carlino que siempre le acompaña a todos lados, y fijate, con treinta y tantos años y soltero. No falla, treintaytantos, barba de dos días, soltero y con carlino..., o gay o ya me dirás tú.

¡Cómo nos hemos aburrido algunos estos días en casa sin ver esas caritas!. ¡Sin poder enterarnos de más cosas de sus vidas!. Menos mal que teníamos telecinco, y a nuestros amigos de la tele porque, desde luego, sin ellos qué habríamos hecho durante todo el verano. ¡Que aburrimiento pasarlo bien sin criticar a nadie!, o sin escuchar cómo critican los demás.

Sebastián Palomo Danko

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