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crítica de cine

[i]No habrá paz para los malvados[/i]: intenso thriller "made in Spain"

domingo 25 de septiembre de 2011, 11:26h
Esta es la tercera vez que Enrique Urbizu y José Coronado trabajan juntos. Después de “La caja 507” y “La vida mancha”, el actor madrileño ha vuelto a ponerse a las órdenes de Urbizu, quien es, en palabras del propio Coronado, el director que mejor le conoce y sabe, por tanto, “la tecla que tiene que tocar en cada momento”. Lo cierto es que el director vasco ha contribuido de forma especial a la hora de lograr que Coronado deje atrás todos los tópicos que, aunque en menor medida, siguen acompañándole, tras una carrera que en sus inicios le llevó a presentador de concursos televisivos y secundario en series de desigual fama en la pequeña pantalla.

Con el papel de Santos Trinidad, protagonista absoluto del filme que se acaba de estrenar, Coronado no sólo consigue que nadie se acuerde, al menos durante las casi dos horas que dura el largometraje, de cualquier faceta desempeñada por él anteriormente y que no tenga que ver con su gran capacidad interpretativa; además, logra colocar a su personaje a la altura de otros “tipos duros” míticos, que recordará el espectador con independencia de la historia que narra el filme. Su interpretación de Santos Trinidad es de esas que marcan a fuego el nombre de un personaje potente, encargado de llevar todo el peso de la trama que se desarrolla en la pantalla. Absolutamente creíble en la piel de un policía arrastrado por el alcohol que hace tiempo que camina por el borde del precipicio, hasta que una noche todo acaba por aliarse para que se lance sin remedio por él.

Un cúmulo de circunstancias, alineadas como planetas en el cosmos y cargados de malos presagios, provoca que su mente, enajenada por la espiral autodestructiva que alimentan los cubatas con un dedo de Coca-Cola, deje de distinguir la frontera que hasta ahora ha defendido con su trabajo. De camino a casa, Trinidad se detiene en un club de mala fama y peor pinta donde el antaño valioso y respetado policía se verá abocado a sacar lo peor que una persona lleva dentro, un peor aumentado al infinito cuando se trata de un agente de la ley. La inteligente trama para la que Urbizu ha contado con el experimentado guionista Michel Gaztambide, nos enseña entonces a todo un experto en criminalidad que, de repente, se encuentra en el otro lado y se mueve utilizando lo aprendido en su profesión para ocultar las terribles consecuencias de su noche aciaga. Y esa ocultación le llevará por recovecos inesperados hasta conducirle al descubrimiento de los preparativos de un terrible e inminente crimen.

Al mismo tiempo que él trata de tapar sus huellas, comienza la investigación que dirige el pulcro policía interpretado con pericia por Juanjo Artero, un papel que, desde luego, no extrañará al público televisivo seguidor de la serie “El comisario” en la que el veterano actor madrileño intervino durante varias temporadas. Aquí está acompañado, e incluso dirigido, en sus pesquisas por una mujer, la impecable e implacable juez Chacón, a quien da vida con gran acierto la cantante y actriz Helena Miquel. Se trata de un papel nada sencillo que se encarga de dar la réplica al oscuro policía sin nada que perder, como en una representación absoluta de las dos caras de la vida: la afortunada existencia de quien tiene todas las facetas de su vida en orden y la desafortunada de quien ha visto cómo en un momento todo se ha dado la vuelta, sin encontrar la suficiente ayuda, suerte o coraje para que aquello no acabe definitivamente en el peor los desastres.

Urbizu firma con “No habrá paz para los malvados” un auténtico filme de cine negro sin nada que envidiar, por cierto, a los que llegan de Hollywood o de los países escandinavos, en el que sólo el final se deja en cierto modo “al azar”, uno de esos finales frente a los cuales los espectadores no suelen estar de acuerdo. Para muchos, probablemente, el desenlace está tan claro que no hace falta alguna mostrarlo y para otros, en cambio, habría sido necesario o, por lo menos recomendable, cerrar con un visual punto y final la trama que ha mantenido hasta al espectador más exigente pegado a la butaca, pendiente de las dosis de intriga que la cinta va inoculando con gran acierto. Sin que nadie se pierda, pero haciendo pensar. Poco a poco, con un ritmo perfectamente medido, asistimos a la forma en que van acercándose los caminos emprendidos por las dos partes bien diferenciadas a las que hacíamos referencia, el bien y el mal, la ley y el crimen, hasta converger en el centro mismo del suspense que se ha ido enmarañando en su paso por los aspectos más oscuros de la delincuencia de hoy: el narcotráfico de carácter global gobernado por los distintos grupos o mafias que controlan los bajos fondos y que se mezclan en una peligrosa colaboración cuando se trata de financiar un terrorismo igual de global.
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