El interés de Geoffrey Parker por la Historia de España le surgió “de inmediato” cuando en la Universidad oyó hablar de la Guerra de los Países Bajos y de la resistencia ibérica durante la contienda de ochenta años de duración. Hoy es considerado uno de los mejores conocedores de los siglos XVI y XVII españoles y, en consecuencia, es miembro la Academia Hispano-Americana de Cádiz, ostenta la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica y es Doctor Honoris Causa de la Universidad de Burgos, entre otras distinciones. EL IMPARCIAL ha entrevistado a este hispanista de origen británico con motivo de la reedición del libro La gran Armada. La mayor flota jamás vista desde la creación del mundo que ha escrito junto a Colin Martin, profesor emérito de arqueología submarina y que edita la editorial Planeta
¿Qué les llevó a usted y a Colin Martin a revisar el original publicado en 1988?Hay cuatro culpables de que Colin y yo nos diéramos cuenta de que el libro no estaba completo. El primero de ellos es Alan Ereira, de la BBC, quien nos contactó para grabar un documental sobre la Armada. Poco después de haber aceptado, nos dijo que quería incluir descubrimientos inéditos y, aunque suene algo fantasioso, lo conseguimos: Collin halló nuevos pecios de la Armada y yo una enorme cantidad de documentos en la colección de Altamira. Un segundo culpable fue Nicholas Roger, quien me llamó para, después de felicitarme por el libro, quejarse por no mencionar los archivos ingleses de los oficiales de la época, quienes se tomaron un gran trabajo en enumerar la cantidad de balas de cañón disponibles antes y después de la confrontación. Efectivamente, se me habían pasado por alto y era necesario incluirlos para dar una versión más completa de los acontecimientos. Un tercer culpable es Fernando Bouza, quien me informó de la existencia de unos documentos en el Archivo Nacional titulados
Papeles curiosos entre los que había un interesantísimo informe de Juan Martínez de Recalde, almirante de la flota de invasión, dirigido a Felipe II en el que explica las el fracaso de la empresa y realiza comentarios críticos al respecto. Este documento jamás había sido publicado y su valor documental es enorme. Por último, mi hijo me convenció de que suspendiera mi “divorcio” de Felipe II, de quien me había cansado algo tras hacer su biografía pero con quien no me importó iniciar un nuevo romance.
En esta edición han recuperado documentos históricos hasta ahora perdidos. ¿Qué se siente al ser el primero en siglos en desempolvarlos?Todo historiador siente sus cabellos erizarse una o dos veces a lo largo de su vida. En mi caso, la primera vez que lo sentí fue cuando estaba haciendo la tesis en 1967. En esa época quería resolver la incógnita de cómo España pudo luchar durante 80 años en la rebelión de los Países Bajos, pues tenía que mandar sus fondos, tropas y mantenerse logísticamente a través del continente. Ese año, encontré el archivo del ejército de Flandes, ¡un documento clave para entender la historia en su totalidad! Ese fue un momento mágico cuyas sensaciones no puedo describir con palabras. En el caso de
La Armada, el éxtasis llegó cuando encontré en el archivo de Simancas una veintena o treintena de legajos llamados “Armada de Inglaterra” en los que se documentan 100 de los 120 navíos que salieron hacia la batalla marítima. Este sistema de registro nos ha permitido comparar los ocho restos de barcos que se han hallado en las costas de Irlanda con su meticulosa descripción. Es algo muy emocionante, indescriptible, ¡todo el mundo debería probarlo!
¿Qué motivación había detrás del ataque ordenado por Felipe II? Fue una reacción. La Reina pirata, Isabel II de Inglaterra, atacó a España en 1585 cuando envió a Sir Francis Drake para saquear Galicia, Canarias, Santo Domingo y San Agustín en Florida. Hubo un ataque concreto contra el mayor imperio del mundo y España, lo que hizo con el envío de la Armada Invencible, fue simplemente contraatacar. También es cierto que no hay que dejar de lado la cuestión religiosa, hay algo de cruzada en todo ello, aunque Inglaterra había sido protestante desde 1559 y la batalla ocurre en 1588, por lo que creo que en este caso la cuestión religiosa no explica el envío de la Gran Armada, sino que fue el ataque previo de la reina Isabel.
¿Cree que fue el mal tiempo el que condujo al fracaso a la expedición o por el contrario, una estrategia no tan bien planeada?Atribuir el fracaso a las inclemencias del tiempo es correcto. Hay que recordar que España ganó su primera meta: su primer objetivo era alcanzar Calais a la mayor brevedad posible, lo que consiguieron en 16 días, ¡todo un éxito para una flota de velas del siglo XVI! Pero después, en lugar de permanecer en el Canal, la Armada tuvo que dirigirse hacia Suecia e Irlanda porque el viento soplaba de Sur a Norte y porque los ingleses se les echaban encima. La decisión fue forzada y en este periplo llegó el fracaso. La flota no iba preparada para mantenerse en el Atlántico a 12 grados, con un oleaje tremendo y fuertes tormentas, por lo que terminó por sucumbir frente a las costas de Irlanda.
¿Qué consecuencias históricas tuvo este fracaso?Al inicio, no demasiadas. Felipe II en seguida reconstruyó su flota y en 1589 había muchos más galeones que en 1588. Después, los ingleses intentaron invadir el imperio pero fracasaron en su intento de conquistar Lisboa, de modo que parecía hasta que el fracaso se estaba tornando en éxito para Felipe II. Aún así, los ingleses tomaron la ciudad de Cádiz en 1596 y la saquearon, mientras que los españoles jamás consiguieron conquistar una ciudad inglesa. Con este acontecimiento comenzó lo que se conoce como el desengaño, un sentimiento que tendrá gran fuerza en el siglo de Oro y cuyo origen puede encontrarse en la confrontación marítima entre las dos potencias.
¿Qué lecciones podríamos extraer de este capítulo de la historia?La primera es que los estrategas tienen que tener siempre un plan B. Felipe II no tenía plan B: si fracasaba su estrategia no había alternativa posible y esta táctica requiere de demasiadas dosis de suerte para tener éxito. Una segunda lección es que Dios no está del lado de nadie. Felipe II tenía una fe ciega en su victoria “Dios mediante” y una política fundada sólo en la fe muy pocas veces va a ser exitosa. Esta fue una cuestión muy debatida en el siglo XVI. El propio Duque de Alba tuvo una contienda con Felipe II cuando invadieron Inglaterra en 1571: mientras el Duque decía que el Rey debía preparar sus fuerzas para sólo después tener la bendición del cielo, Felipe II se fio sólo de la fe, lo que, en última instancia, le condujo al fracaso.
¿Qué proyectos tiene en mente para el futuro?, ¿va a seguir trabajando sobre la figura de Felipe II?Tengo casi terminado un libro sobre el cambio climático a mediados del siglo XVII, que consistió, a diferencia del actual, en un enfriamiento global. Es muy interesante porque en España, Portugal, Nápoles, Sicilia, Europa y Asia hubo muchas rebeliones por la falta de alimentos y el elevado número de muertes. Lo que me interesa hacer con este libro es enseñar a diferenciar entre los dos debates que hay hoy en día sobre este tema. El primero de ellos es si hay o no cambio climático. El segundo es si este es o no antropológico. Sobre la segunda cuestión no tengo nada que decir, pero sobre la primera puedo afirmar que sí hay cambio climático y tenemos que prepararnos porque va a acontecer. Hay que recordar que en el siglo XVII hubo tres años sin apenas verano y murió la tercera parte del mundo. El caso es que si pasó entonces, ¿por qué somos tan escépticos como para creer que no va a pasar ahora? Es evidente que hay cambio climático e importan menos las razones por las que lo hay que las medidas para paliar su consecuencias. No hay que perder más tiempos y espero, como historiador, poder aportar algo de luz al respecto.
Editorial PlanetaPrecio: 25,50 euros