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TRIBUNA

Confianza en Rajoy

miércoles 28 de septiembre de 2011, 07:55h
Alejandro Muñoz-Alonso habla sobre el libro de Mariano Rajoy, En confianza, del que destaca que no es un hombre de ocurrencias, sino que posee un acervo de ideas claras.
"Soy Mariano Rajoy, español y gallego nacido en Santiago hace cincuenta y seis años". Así comienza el libro que acaba de publicar el Presidente del Partido Popular, como una especie de pórtico de una campaña electoral que, previsiblemente y según todas las encuestas, le llevará a La Moncloa. Es muy frecuente en estos tiempos en muchos países occidentales que quienes aspiran a asumir el puesto de máxima responsabilidad gubernamental expliquen a sus conciudadanos, con mayor detalle que el habitual de las informaciones periodísticas, quiénes son y cuáles son sus planes y propósitos. Rajoy sigue esa moderna tendencia y acierta al hacerlo en un libro cuyo título, En confianza, expresa muy bien el tono en que está escrito y, a la vez, la convicción —que aparece una y otra vez en sus páginas- de que España y los españoles necesitan, ante todo, recuperar la confianza en sí mismos, perdida a causa de los desgraciados avatares políticos de estos últimos años, pero también la confianza que nuestro país inspiró en Europa y en el mundo en la etapa anterior a la que ahora agoniza.

El subtítulo del libro, Mi vida y mi proyecto de cambio para España, revela ya cuál va a ser su contenido: No se trata de unas memorias al uso, plagadas de referencias y citas precisas y tediosas, ni de la árida explicación de un programa de gobierno. Rajoy ha sabido trenzar, en un texto que se lee muy bien, recuerdos y vivencias de su trayectoria personal y política con las ideas que conforman su proyecto político. Unas ideas que son, lógicamente, las que defiende el Partido Popular pero que están expuestas con un tono muy personal, subrayando y poniendo el acento en aquellos aspectos que conforman su propio estilo y su visión de la vida y de la política. Aparece también, muy nítidamente, el Rajoy “persona”, y al hilo de una serie de anécdotas de su juventud e incluso de su infancia se revela su estrecha vinculación con su familia y con su tierra, así como sus aficiones personales. Me parecen especialmente emotivas las referencias que dedica a su padre, en varios capítulos, o la sencillez con que relata su boda o los juegos con sus hijos. Y se percibe también a lo largo del relato la condición de jurista de Rajoy y su preocupación por respetar las reglas de juego y la letra y el espíritu de las normas. Otro rasgo muy personal es el de la independencia, su convicción de que en el ejercicio de la actividad política hay que resistir las presiones, vengan de donde vengan.

El resultado que se nos presenta es un completo retrato, personal y político, de Rajoy, que se va configurando a lo largo de unas páginas que, paradójicamente, me parecen tan espontáneas como meditadas. Me atrevería incluso a decir que nos hallamos ante un retrato en color en el que se perciben los matices y los trasfondos que no aparecen nunca en las tópicas imágenes, “en blanco y negro”, que nos dan los medios de comunicación. Porque del personaje Rajoy se ha tratado de difundir, desde que asumió la presidencia del PP, una prefabricada y falsa imagen, fruto de una maliciosa propaganda que, para quien lea este libro, perderá sin duda cualquier atisbo de vigencia. Por eso, y con su habitual estilo, dijo en la presentación que este es un libro “a favor”, porque para “lo otro” ya abundan los voluntarios. Según señala él mismo en la introducción tomó la decisión de escribir este libro en julio de 2010 y, con toda modestia, confiesa que ha sido “un arduo e inédito ejercicio”, difícil para quien “ha leído más que escrito a lo largo de su vida”. En aquel acto habló de algunos amigos y colaboradores que le han ayudado aportando datos o precisiones, pero su impronta personal es patente en todas y cada una de las páginas.

Del libro se deduce que Mariano Rajoy no es un hombre de ocurrencias —como tantos que circulan por nuestro escenario político- sino que posee un completo acervo de ideas claras, bien fundadas y meditadas pero, a la vez, permanentemente contrastadas con las cambiantes realidades. Se percibe con bastante nitidez, en suma, que Rajoy es un hombre de ideas pero no de ideologías. Desconfía de éstas, seguramente porque las considera como anteojeras que desfiguran la realidad. Una realidad de la que intenta a toda costa no desconectarse. En muchos pasajes de su relato se constata su preocupación, casi obsesiva, por no perder de vista esa realidad, por nutrirse de ella continuamente. Porque si algo parece evidente es que Rajoy ha acumulado a lo largo ya de varios decenios una amplia experiencia vital y política. Y que no lo ha hecho desde cerrados despachos oficiales sino manteniéndose al día con lecturas y contactos personales de todo tipo, viajando incansablemente por España y por muchos otros países, entrevistándose con presidentes, primeros ministros, empresarios, personas “del común”, como decían nuestros clásicos, amigos y adversarios políticos.

La imagen que se decanta es la de un liberal en el más amplio y noble sentido de la palabra, dotado de unas cualidades tan importantes para un político como el sentido común, la prudencia y un inteligente manejo de los tiempos. Rajoy está en los antípodas del sectarismo tan patente de los actuales gobernantes. No es un hombre de filias ni de fobias y por eso en su libro no hay palabras ácidas para nadie ni expresiones descalificatorias para sus adversarios ni, menos aún, para los que no lo son. Y eso que materia no le habría faltado. Por el contrario, si hay otro propósito bien explícito en el libro, es la idea de concordia, la de restablecer los consensos en los que se basó la Transición, de cuya herencia política Rajoy se considera legatario. Define la opción que presenta a los españoles como “un proyecto para sumar…un proyecto político que tiene que estar abierto, ser capaz de incorporar a personas nuevas, incluso aquellas que pueden haber estado distantes o abiertamente en contra” porque, subraya, “necesitamos un gran acuerdo de amplia base para sacar al país de la situación actual”.

No hay aquí espacio para reseñar todos los cargos institucionales y de partido que ha tenido a lo largo de treinta largos años. Tampoco para analizar todas las ideas que mantiene y los planes que propone y que, tras desarrollarlos en los correspondientes capítulos, sintetiza en las páginas finales. Me parece especialmente significativa su preocupación por la educación, a la que ve como prioridad de cualquier gobierno, y su convicción de que España tiene recursos, materiales y humanos, para salir de la crisis, si existe una verdadera voluntad política. Creo, en cualquier caso, que debe subrayarse que la suya es una trayectoria política impresionante que ha pasado por todos los niveles de nuestra compleja Administración, desde los locales y autonómicos a varios ministerios, incluida la vicepresidencia primera del Gobierno. Y en el seno del PP, está en “la sala de máquinas” desde hace muchos años y, entre otras diversas dedicaciones, tiene en su haber la dirección de las campañas electorales más brillantes y exitosas.

Es evidente que este comentario también habría que calificarlo “a favor”, pero refleja la sincera convicción personal del firmante. Francamente creo que, en esta etapa democrática, nunca había aspirado a la Presidencia del Gobierno una persona con tanta preparación y experiencia acumulada como la que tiene Mariano Rajoy. Sabe lo que son las tareas de gobierno y sabe también lo que es la oposición. Y tanto en las unas como en la otra se ha bandeado con habilidad. Si se cumplen todas las previsiones, le espera ahora la más compleja de todas las faenas. Pero no le faltan cualidades ni experiencia para afrontarla.
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