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La amenaza de la ley mordaza en Italia

Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 02 de octubre de 2011, 18:23h
Tras la suspensión del pasado año, Silvio Berlusconi parece volver a intentar aprobar una ley que limite el uso de las escuchas por parte de los fiscales y, al mismo tiempo, restringir su posterior publicación en la prensa. Se trata de un nuevo intento de amordazar la libertad de prensa, además de un manifiesto abuso que, tal y como han declarado varios magistrados, pretende ralentizar las investigaciones. Lo que cuesta entender es por qué, entre las prioridades del actual Gobierno, figura una norma que viola los derechos de los ciudadanos. Resulta cuestionable que un Ejecutivo debilitado y frágil se preocupe por la aprobación de una norma inútil para relanzar la economía nacional o mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Un proyecto de ley que parece dictado por el temor a nuevas escuchas que podrían perjudicar al cavaliere, ofreciendo nuevos detalles sórdidos sobre su vida personal o sobre el uso de medios públicos (aviones, dinero estatal, ofertas de trabajos en la pública administración) o de la concusión por parte del primer ministro para satisfacer sus apetitos sexuales. Una ley mordaza podría obstaculizar la labor de aquellos medios que intentan contar la realidad, que no aceptan la visión falsamente optimista de los medios monopolizados por Berlusconi, encargados de minimizar la crisis, de dibujar una falsa realidad más idílica y menos dramática. Las mentiras, la ficción, resultan más atractivas –y vendibles- que la realidad, menospreciando el hecho de que los ciudadanos tienen derecho a ser informados. Además, las escuchas telefónicas resultan fundamentales en las investigaciones judiciales, representan un instrumento eficaz en la lucha contra la mafia. Tal medida limitaría la libertad de información, golpeando gravemente la defensa de la legalidad y la lucha contra el crimen.

En este panorama, no debe extrañar que la patronal, la Iglesia, y parte de la sociedad civil, pidan un nuevo Gobierno que prescinda de Berlusconi. Las palabras de Emma Mercegaglia, presidenta de Confindustria, son desoladoras pero emblemáticas: “Estamos cansados los emprendedores, de ir al extranjero representando nuestros productos y ser acogidos con sonrisitas por culpas que no tenemos nosotros. Eso daña al orgullo nacional y a nuestra capacidad de exportación”. Aún así, no se comprende como es posible que el centro-derecha italiano todavía no haya decidido desligar su futuro electoral y su destino político de la suerte del cavaliere, figura que parece perjudicarle más que favorecerle. Esta semana Berlusconi celebró su cumpleaños en horas bajas, entrando, con sus 75 años, oficialmente en la “tercera edad”: como decía la Sociedad Italiana de Geriatría, “en caso de hospitalización se considera un paciente de geriatría”.

La aprobación de esta ley no debería representar una prioridad del Gobierno, siendo cuestionable su relevancia para la actualidad italiana. Tras las embarazosas escuchas sobre prostitutas y sexo a cambio de dinero, el deseo de Berlusconi es aprobarla para responder a su estrategia de “esconder la suciedad bajo la alfombra”, y evitar un problema tanto ético como político prohibiendo las transcripciones de conversaciones telefónicas. Puede que tacharle de “enésimo chantaje a la democracia” sea exagerado, pero está claro que se trata de una norma nefasta que perjudica la labor de los periodistas de informar, de los jueces de investigar, de los italianos de saber. No se trata de morbosidad o cotilleo sobre la vida privada del Primer Ministro, sino del derecho a conocer si el premier ha podido utilizar vuelos de Estado para trasladar las prostitutas a su residencia, o si ha prometido a estas damas altos cargos públicos a cambio de sus favores. Lamentablemente, supera el confín privado terminando por representar asuntos de interés público. Protestar contra este nuevo intento de limitar la libertad de información resulta un deber de cualquier persona que ame la libertad, que ame Italia y que esté harta del actual mandatario cuya diferencia principal con Mussolini, según la misma nieta de este, es que al menos “mi abuelo no nombró ministro a Petacci

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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