Ha muerto alguien que ha transformado las relaciones del universo digital y comunicacional con millones de personas. Steven Paul Jobs acaba de morir a los cincuenta y seis años. Había nacido el 24 de febrero de 1955 en San Francisco (California). Hijo de Abdulfattah Jandali y de Joanne Simpson, fue dado en adopción a una pareja de clase media baja que le dieron apellido y se comprometieron a darle una educación universitaria que Steve Jobs nunca se sintió feliz.
Tras cursar el bachillerato fue admitido en el Reed College, una institución académica en Portland (Oregón). En todo caso no aguantó más allá de un semestre aunque, como oyente, asistió al famoso curso de caligrafía del que posteriormente tanto se ha hablado como fuente de inspiración para el diseño del primer Macintosh y de la serie que le seguiría con el paso de los años.
En su breve temporada de estudiante universitario, Jobs sobrevivió como pudo. No tenía dinero y una vez en semana recorría una larga distancia a pie para comer gratis en el templo de los Hare Krishna. Abandona Portland y de vuelta en California trabaja en la industria digital para poder pagarse un viaje a la India en una busca espiritual de sí mismo.
Su posterior conversión a un budismo americanizado y sus experiencias juveniles con drogas psicodélicas se articulan con el espíritu de rebeldía de una generación que hubiera deseado vivir en propia carne el mayo del 68. Es famosa la anécdota según la cual en un acalorado debate se dirige a un petulante directivo de Pepsi Cola para preguntarle si su objetivo era vender agua con azúcar o cambiar el mundo. La biografía definitiva de Steve Jobs está sin escribir, en parte por el celo con el que ha velado su vida privada. Sin embargo el libro de Jay Elliot, El camino de Steve Jobs (Ed. Aguilar, 2011) es una excelente introducción a la biografía del Jobs que crea y expande Apple. Su autor, Jay Elliot, fue vicepresidente ejecutivo de Apple Computer y mano derecha de Jobs durante muchos años. Participó activamente en todos los lanzamientos de la compañía.
Jobs y Elliot coincidieron en un restaurante de Silicon Valley. Dos hombres solos que no se conocen pero tienen ganas de hablar. Elliot es un wasp (blanco, anglosajón y protestante) de casi dos metros, un atleta que viste como uno de esos ejecutivos de la banca. Uno de los que dejan la blackberry sobre el mantel por si acaso y, para de paso, marcar distancias. Tiene cuarenta y cinco años. Acaba de dejar su trabajo en Intel para unirse a Eagle Computer, una compañía que sale a bolsa y hace multimillonario a su CEO. Ese mismo día, para festejarlo, sale a tomar unas copas con los cofundadores de la compañía y de ahí, directo a comprarse un Ferrari. Sale del concesionario para comprar el coche de su vida: se estrella y muere. Fin del CEO, de Eagle Computer y del prometedor trabajo de Elliot.
El tipo con el que Elliot coincide en el restaurante tiene veinticinco años. No se sabe si va mal afeitado o se está dejando barba. Jobs es “un veinteañero con aspecto hippie” que, sorpresa y azares de la vida, ofrece trabajo a Elliot en una compañía de ordenadores de la que apenas ha oído hablar pero suena potente. Hay química. Jobs sube a Elliot en su legendario Mercedes plateado y, con los Beatles y Police sonando demasiado alto, le introduce en su proyecto: hacer un ordenador para todos, “amigable para el usuario”.
Místico, original y creativo Jobs es el eje de una compañía cuyos beneficios alcanzaron en junio de 2011 los 7.310 millones de dólares, cifra que duplica los 3.025 millones de hace una año. El total de ingresos alcanzó los 28.600 millones. Las acciones de Apple han seguido subiendo hasta llegar a los 395,34 dólares. En el pasado trimestre se han vendido 3,9 millones de Mac y 20,3 millones de iPhones. Del iPad 2 se han vendido 9,25 millones, casi 29 millones de tabletas desde que salieron al mercado. Añádanse las cifras de ventas del iPod y de todo el software de Apple como iTunes, iLife, Aperture o Final Cut y se irá teniendo una visión más completa de una compañía que además de vender ilusiona.
En el largo camino que arranca en 1976, año en el que funda Apple Computer junto con Steve Wozniak y Ronald Wayne, Jobs ha sido capaz de articular una compañía calificada por la revista Fortune como la compañía más admirada en Estados Unidos en 2008. Ese mismo año lo fue también en el resto del mundo, algo que se repitió en 2009 y 2010.
En 1985 estalla en Apple la disputa entre Jobs y John Sculley, al que el propio Jobs había contratado como CEO. Expulsado de la compañía que él mismo había creado, Jobs sigue creando y monta NeXT Computer. Apple pierde y pierde fuelle y Sculley acaba en la calle.
En 1986 Jobs compra Pixar Image Computer, una compañía dedicada a desarrollar un hardware para grafismos y Jobs llega a un acuerdo con Disney para producir películas animadas. De ahí salen la exitosa Toy Story y otras muchas películas.
En 1996 Apple adquiere NeXT. Es la vuelta de un Jobs que conserva su gigantesca capacidad de innovación pero que ha ganado en madurez. Cierra proyectos y despide gente. Al finalizar el siglo Jobs ha conseguido el mando en todas sus dimensiones. Le empuja el viento a favor del éxito. Mac OS X, los iMac y otros productos de la compañía consiguen ventas gigantescas. La aparición del iPod, de iTunes, el software de música digital, o iTunes Store introduce a la compañía en la electrónica de consumo y la distribución musical. En 2007, Apple entra en el negocio de los teléfonos móviles con el iPhone.
En 2004, Jobs anuncia a sus empleados que tiene cáncer de páncreas y que se retira. Le extirpan el tumor y se recupera. Sin embargo la sombra de su mala salud planea sobre Apple por más que aparezca en el escenario de las presentaciones de los nuevos productos. En enero del 2011 anuncia un segundo retiro médico de dos años.
De carácter difícil y exigente, su generosidad y preocupación por los empleados de la compañía es legendaria. Ha muerto un personaje excepcional e irrepetible cuya trayectoria ilumina no sólo la cultura empresarial de Apple sino la de las compañías que nutren las nuevas tecnologías de la comunicación y el entretenimiento. Ha muerto un ser humano que en su famoso discurso en la Universidad de Stanford de 2005 se despedía de los universitarios con esta recomendación: Stay Hungry. Stay Foolish.