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por el Hambre en el sur y la ocupación militar en zonas fronterizas

Hambre en el sur y ocupación militar en zonas fronterizas alarman sobre un nuevo conflicto bélico en Sudán

viernes 14 de octubre de 2011, 22:37h
Cuando se cumplen tres meses de la declaración oficial de independencia de Sudán del Sur, la población del nuevo estado africano está perdiendo el optimismo inicial. El hambre y el retorno de los desplazados están dificultando la consolidación del proceso de paz en la zona. Además, la presión del Gobierno de Jartum sobre diversas regiones de la zona fronteriza está reavivando los fantasmas de más de 25 años de conflicto armado antes incluso de haberlos enterrado.
El pasado 9 de julio nacía oficialmente el 54º país de África, la República de Sudán del Sur, tras una cruenta guerra civil de más de 25 años que dejó casi dos millones de muertos y más de cuatro millones de desplazados. La euforia de los sursudaneses, que acogieron la independencia con una gran fiesta (neo) nacional, ha ido dando paso poco a poco a más preguntas que respuestas y a lógicas reticencias por parte de una población que no recuerda la vida sin armas.

Así lo ha explicado a EL IMPARCIAL el Padre José Javier Parladé, miembro de la ONG Amsudán (Ayuda a los Misioneros de Sudán), quien cumple ya más de cincuenta años en el país africano. “Ahora mismo, la impresión que da Sudán del Sur es la de un país que se paró hace mucho tiempo”, afirma Parladé, que actualmente está trabajando en el pueblo de Yirol, justo en el centro del país.

Parladé ha vivido en primera persona los enfrentamientos que sacuden el país desde 1955 entre el norte, de mayoría árabe y musulmana, y el sur, con predominio de cristianos y animistas. El conflicto se cerró –desde la perspectiva actual, en falso- en 1972 para reabrirse once años después. Los Acuerdos de Paz de 2005 dibujaron un horizonte esperanzador, con la promesa de independencia del sur y sendos referendos para las zonas fronterizas de Kordofán del Sur y Nilo Azul.



En el sur, ya independizado gracias a un masivo ‘sí’ a la secesión en el mes de enero –más del 98 por ciento-, el fin oficial del conflicto ha sumido a la población en una suerte de limbo entre una guerra física y una situación de paz real, que requiere de intervención de la comunidad internacional. En Kordofán del Sur y Nilo Azul aún no se han celebrado las consultas y el Gobierno de Jartum está aumentando la presión y los enfrentamientos con el Movimiento de Liberación de la Población de Sudán (SPLM, por sus siglas en inglés), que luchó por la independencia y sigue activo en estas zonas.

Según el Padre Parladé, el principal problema de Sudán del Sur es el hambre. En primer lugar, porque Jartum, a pesar de reconocer al nuevo país ya en julio, cerró la frontera, “que es por donde habitualmente llegaba la comida y el carburante”. Los comerciantes están intentando virar hacia el sur, e importar los productos básicos desde Uganda y Kenia, donde, tal y como afirma Parladé, los “precios son más altos”. El misionero ilustra con un ejemplo: el litro de diesel ha pasado de costar 1,50 libras sursudanesas a venderse por 20.

A la subida indiscriminada de precios se suma el retorno de los desplazados y de quienes estaban luchando en el norte, con el SPLM. “Con el cierre de las fronteras, muchos tuvieron que volverse, pero sigue llegando gente en gran número a través del Nilo y las bocas que alimentar son muchas más”, explica.



A parte del inmenso problema económico, Parladé asegura que en el nuevo país el nivel de seguridad actual es aceptable. Desde el terreno, confirma las teorías ofrecidas por diversos organismos internacionales –como Crisis Group- sobre un conjunto de milicias organizadas por el norte que alargaron la barbarie de la guerra durante algún tiempo tras los acuerdos de paz de 2005. Sin embargo, el misionero cuenta cómo “ahora la gente vive sin miedo” porque “por lo visto”, esos grupos armados “se han concentrado en la frontera”.

Zonas petrolíferas
Desde el sur y ante la inexistencia de periódicos en el nuevo país, Parladé no ha podido presenciar el efecto de ese movimiento hacia las zonas fronterizas y, sin embargo, a partir de los testimonios de quienes sí han conseguido alcanzar Sudán del Sur, habla de un “verdadero genocidio”.

La organización internacional sin ánimo de lucro Crisis Group publicaba un informe a finales del mes de septiembre en el que advertía de la mecha que se había encendido en la frontera entre Sudán y el recién estrenado estado de Sudán de Sur, una zona plagada de explotaciones petrolíferas. Según el texto, Jartum estaba intentando asegurar su control militar y político sobre unos territorios que considera suyos, aunque, por el momento, no habían podido demostrarse las alegaciones por parte de algunas organizaciones humanitarias de un caso de limpieza étnica o genocidio.

Sin embargo, el Proyecto Satélite Centinela (SSP), una iniciativa puesta en marcha por George Clooney, Google y la Universidad de Harvard, entre otros, para conseguir pruebas gráficas de la situación de Sudán, ha emitido una veintena de informes desde diciembre de 2010 en los que dicen demostrar continuas violaciones de los acuerdos alcanzados en 2005 para fomentar la paz en el norte y el sur.

Según la información del SSP, las Fuerzas Armadas de Sudán empezaron a acercarse a la frontera ya en enero, a los pocos días de celebrarse el referendo. Desde la ofensiva –ya confirmada- en la región de Abyei (Kordofán del Sur) en mayo, que dejó un tercio de los edificios civiles arrasados, los ataques contra la población no han cesado. Jartum ha incrementado la presencia militar en las regiones de Nilo Azul y Kordofán del Sur con un mayor número de hombres, carros blindados y helicópteros, y el satélite ha recogido evidencias, contrastadas con la versión de testigos oculares, del incendio intencionado de pueblos y de la existencia de fosas comunes.



Los informes del SSP arrojan algunas cifras, como las 113.000 personas que huyeron de Abyei sólo en el mes de mayo o las 73.000 que hicieron lo propio en junio en Kordofán del Sur. Son datos no confirmados, porque Jartum impide el acceso de las organizaciones humanitarias a la zona. En el último análisis de los datos del satélite, publicado el pasado 12 de octubre, los responsables del proyecto acusan a la unidad central de la Policía del Gobierno de Sudán de haber participado en el secuestro ilegal, la detención y ejecución extrajudicial de civiles simpatizantes de los rebeldes del SPLM.

Nueva mentalidad
Tal y como reza el mencionado informe de Crisis Group, el empeño de Jartum por acabar con los disidentes de la frontera y no perder los territorios de Nilo Azul y Kordofán Sur –unido a los persistentes problemas de exclusión de las minorías étnicas en Darfur- está poniendo a Sudán al borde de una nueva guerra civil. Según los expertos de la organización, esto podría además desestabilizar el nuevo Sudán del Sur en un momento en el que el recién nacido país no atina a dar sus primeros pasos en firme.

“Sí noto un esfuerzo por parte de la población para participar del cambio”, declara el Padre Parladé, “pero hay que tener en cuenta que muchos nacieron en este guerra y se han hecho viejos en ella”, añade. El misionero subraya la dificultad de un necesario cambio de mentalidad en la zona. “De momento todos saben donde tienen el estómago y allí quieren meter algo, sea suyo o no; lo que hay que descubrir es que los demás también tienen estómago y quieren poner algo dentro”.

A sus 70 años y trabajando en Sudán desde los 22, Parladé tiene una cosa clara: “La independencia era absolutamente necesaria”. Ahora hay que reinventar el país: la economía, las carreteras, la agricultura, las fábricas...

Tanto Crisis Group como el SSP coinciden en que, además del trabajo concienzudo y desinteresado de las personas como José Javier Parladé, la solución a la situación de Sudán exige una respuesta de la comunidad internacional. La brecha ya pareció cerrarse en los años 70 y los puntos de sutura de entonces no resultaron efectivos.

Para frenar un estallido inminente, las organizaciones independientes abogan por un papel activo de las Unión Europea y, sobre todo, Estados Unidos para impulsar la investigación de las violaciones de los derechos humanos antes y después del acuerdo de 2005, bloquear las transacciones financieras con las partes que contribuyan a la violencia o establecer un reparto justo de los beneficios del petróleo.

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