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AL SUR DE TARIFA, AL NORTE DE ESPARTEL

Se inicia un nuevo ciclo político en el Magreb

miércoles 19 de octubre de 2011, 08:37h
El domingo 23 de octubre se celebrarán en Túnez elecciones para establecer la ASAMLEA CONSTITUYENTE que dotará al país norteafricano de una CARTA MAGNA. A propósito, sólo ha habido en Túnez dos CONSTITUCIONES anteriores a las que redacte la ASAMBLEA: la de 1860 en pleno antiguo régimen y la de 1959 al acceder a la independencia previa abolición del protectorado francés.

La próxima operación político- jurídica abrirá paso a las elecciones generales y, ulteriormente, a la formación de un gobierno. Así será el inicio de un periplo democrático sin precedentes en el Magreb. “Túnez es un país adecuado para la democracia” ha comentado el actual jefe del gabinete ministerial de la república Begi Caid Essebsi. “Si la democracia no triunfa en Túnez, no triunfará en ningún país árabe “
Si hacemos memoria, se recordará que Túnez fue el primer país árabe en que hubo un levantamiento popular contra el régimen dictatorial establecido en 1987. Un levantamiento que hizo huir al presidente Ben Ali en dirección de Arabia Saudí.

El comentario del señor Essebsi vendría a corroborar aquello de que la sociedad tunecina figura a la cabeza de los países árabes menos descompensados. Podía, por tanto, pasar a ser el primero de ellos en iniciar con ciertas garantías una república libre y laica ( según criterio del profesor Mohamed Talbi, o una república libre aunque de predominio religioso musulmán si así lo quisiera el pueblo, criterio personal de Rachid Ghannouchi – líder del partido ANNAHDA, de corte islámico- .

Los meses que han transcurrido desde los levantamientos populares que se desencadenaron en Túnez y Egipto han colocado a estos dos países del norte de África en las candelejas de la atención mediática. La hora de la verdad ha sonado para la milenaria Ifriquiya (de ahí proviene precisamente el término de África). Túnez es además país donde el autor de estas líneas ha residido en múltiples ocasiones por razón de oficio, y donde ha trabado lazos de amistad importantes. Túnez, no lo olvidemos, fue la patria de los musulmanes españoles expulsos, reconocidos como moriscos, antes y después de 1609.

En fin, Túnez es nación con la que España mantiene excelentes relaciones, por todo lo cual es de desear que la hora que se avecina confiera un respaldo histórico a las aspiraciones cívicas de su población. Ahora bien, una cosa es predicar y otra dar trigo.

La transición tunecina parece haber tenido de todo: incertidumbre y alteraciones. Rencores manifiestos cuando no enjuiciamientos necesarios a los cómplices más evidentes de la dictadura sultaní que se implantó a partir del palacio de Cartago cuando fue depuesto Habib Bourghiba.

Nos consta que los preparativos preelectorales en Túnez se iniciaron con esmero en el arranque del verano y, en teoría, tendrían que estar terminados en la fecha en que nos encontramos ahora. Once millones de ciudadanos elegirán a los miembros constituyentes responsables de la redacción de la CARTA MAGNA de 2011. La transición hacia el proceso democrático, se inicia, pues en circunstancias nada fáciles. Reina el desconcierto en la muchedumbre y abunda la marrullería entre los oportunistas. Súmese a lo anterior el descenso productivo y el retraimiento del turismo internacional; por si fueran pocas las circunstancias adversas no se olvide el hecho de que Túnez ha sufrido durante meses en su flanco territorial derecho a otro país magrebí sumido en un conflicto interior que todavía parpadea y que dejará probablemente una herencia envenenada al futuro gobierno de Libia.

La cuestión que más preocupa a la opinión pública en la Unión Europea y Estados Unidos reside en saber si las opciones políticas de signo demo-liberal lograrán vencer en Túnez a las opciones religiosas de inspiración musulmana. Entre las primeras se cuentan el “ Foro Democrático para el Trabajo y las Libertades” que lidera el profesor Ben Jaafar y el “Partido Democrático Progresista”, hoy bajo la batuta del su fogoso fundador, Najib Chabbi. En un plano más distante de popularidad pululan algunas formaciones políticas que quizá no resistan la prueba de la experiencia.

No nos engañemos, sin embargo, en nuestro hemisferio euro- americano: durante los años ochenta del siglo pasado, Túnez no obstante disfrutar de una atmósfera menos opresiva que la de otros países árabes, registró el apogeo de un partido islamista de los que entonces estaban subiendo como la espuma – caso del Frente de Liberación Islámico en Argelia –. El apoyo popular al partido del Renacimiento del Islam o ANNAHDA, inquietó en su momento al régimen de la dictadura. Queriendo cortar por lo sano, Ben Ali disolvió y prohibió las actividades del ANNAHDA. Su cabeza visible- Ghannochi - se exilió en LONDRES, para regresar a Túnez a la caída del régimen en enero de 2011.

Los islamistas en Túnez han venido actuando con perseverancia y moderación, con el pensamiento puesto en el día después. Se calcula aproximadamente que el 35/40 % del cuerpo electoral les será favorable en los próximos comicios. Se trata de un resultado que inquieta no sólo al tándem euro- americano sino también a una fracción considerable de la población tunecina. El desafío de los musulmanes ha de encajarse con deportividad, sin ingerencias de signo alguno que podrían demostrarse perniciosas. Caid Essebsi ha puntualizado que “la exclusión de ANNAHDA, siempre que acate el juego democrático, no es opción de recibo”.

Así las cosas, Túnez está llamado a ser el escenario de un acontecimiento que bien podría resultar histórico para aquellos países árabes que logren romper con férreas ataduras, impedimentos y atavismos. Todo aquello que los regímenes sultaníes colocaron como piedras en el camino de los pueblos hacia un futuro social más justo y humanamente más amable.
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