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Draghi será su sucesor

Trichet, una carrera ortodoxa e independiente empañada por la crisis

miércoles 19 de octubre de 2011, 18:12h
Jean-Claude Trichet deja en octubre, tras ocho años, la presidencia del Banco Central Europeo (BCE), dejando un legado que combina la ortodoxia "germana" de su política monetaria con el pragmatismo de su formación como ingeniero.

La crisis de las finanzas públicas y privadas de la eurozona, que él mismo ha calificado de "sistémica", ha empañado los últimos años de su mandato y puesto a prueba su capacidad para cimentar la recuperación económica del viejo continente.

Al optar por comprar deuda de países como España e Italia, Trichet trazó un cortafuegos para evitar el contagio de la debacle griega, pero dañó la independencia del BCE.

Esta decisión provocó la ira de los halcones de la ortodoxia monetaria, como el entonces primer economista del BCE, el alemán Jürgen Stark, que dejó su cargo de inmediato, y el ex gobernador del Bundesbank, Axel Weber.

Trichet, galardonado con el Premio Carlomagno al Europeísmo, nació el 20 de diciembre de 1942 en la ciudad francesa de Lyon, en el seno de una familia de artistas y con orientación izquierdista.

Tras estudiar ingeniería civil de minas, Trichet se diplomó en el Instituto de Estudios Políticos de París y se licenció en Ciencias Económicas en la Universidad de París, para acceder poco después a la Escuela Nacional de Administración, donde se forma la elite pública francesa.

En 1971 fue nombrado inspector de Finanzas y, tras ocupar diferentes puestos de responsabilidad, en 1987 fue nombrado director del Tesoro, cargo al que añadió el de subdirector del Consejo general del Banco de Francia.

En 1992 fue elegido presidente del Comité Monetario Europeo y un año más tarde Gobernador del Banco de Francia, al frente de cuya institución fue reelegido para un segundo mandato en 1999.

Su paso por el Banco de Francia estuvo marcado por la ortodoxia y la defensa de un franco fuerte, pese de las presiones políticas de distinto signo.

En virtud a un acuerdo verbal franco-alemán, Trichet accedió a la presidencia del BCE en noviembre de 2003 y por un período de ocho años, tras ser absuelto de su presunta responsabilidad en el maquillaje de las cuentas del entonces banco público Crédit Lyonnais.

Firme partidario de un euro fuerte y estable en la línea de su antecesor Wim Duisenberg, al principio de su nombramiento al frente del BCE llevó a cabo una política de estabilidad de los precios mediante el control de la inflación y la subida de los tipos de interés.

Como experiencia contaba su participación en todas las reuniones de Ministros de Finanzas y gobernadores de los bancos centrales del Grupo de los Siete países más industrializados desde 1987.

Entre 2003 y 2005 mantuvo los tipos de interés en el 2 % para incrementarlos paulatinamente hasta alcanzar el 4 % al final del primer trimestre de 2007, cuando la crisis financiera internacional empezaba a dar la cara, y en julio de 2008 subió los tipos al límite histórico del 4,25 %.

Esta actitud, contraria a la política de reducción de tipos llevada a cabo por la Reserva Federal de EEUU para afrontar la crisis, fue muy criticada, especialmente por el presidente francés, Nicolás Sarkozy, quien tachó de "dumping monetario" unas subidas de tipos que pusieron "de rodillas a las empresas europeas" exportadoras.

En octubre de 2008 cambió su política y comenzó a bajar los tipos hasta el 1,5 % el 5 de marzo de 2009, su mínimo histórico.

En medio de esta situación, también tuvo que coordinar con la Reserva Federal de Estados Unidos y otros bancos emisores la inyección de dinero al sistema financiero para atajar los efectos de la que Trichet ha denominado "la mayor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial".

Asimismo, tuvo que sortear la subida del precio del petróleo, que alcanzó en julio de 2008 el récord de más de 147 dólares el barril, la entrada en recesión de la mayoría de países de la zona euro desde finales de 2008 y principios de 2009 y los rescates financieros de Grecia, Irlanda y Portugal.

Draghi, el sucesor italiano de Trichet
El italiano Mario Draghi, el hombre que ha devuelto en los últimos años al Banco de Italia la credibilidad perdida, tiene ahora por delante un nuevo reto, el de sustituir a Jean-Claude Trichet al frente del Banco Central Europeo (BCE).

La ratificación de Draghi como próximo presidente del BCE a partir de noviembre ha sido una de las decisiones adoptadas por los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE), en el marco del Consejo Europeo celebrado en Bruselas.

Draghi, que en su camino hacia Fráncfort ha tenido que superar varios escollos, entre ellos su pasaporte italiano, se enfrentará ahora a la complicada labor de guiar la política monetaria europea en uno de sus períodos más difíciles.

Un ámbito en el que el futuro presidente del BCE ha defendido, en sus últimas intervenciones, la necesidad de mantener las políticas para que la inflación siga en niveles bajos en la zona euro, con el objetivo de reducir la prima de riesgo que pagan los gobiernos europeos por sus emisiones de deuda.

Asimismo, Draghi ha destacado la importancia de acometer reformas estructurales porque, según él, "no hay otra forma de luchar contra la pérdida de competitividad" de algunos estados miembros, en particular los de la periferia.

También ha instado a la creación de bonos europeos como posible solución a la crisis de la deuda soberana en la zona euro y ha abogado por una unión económica "más estrecha" entre los países que la conforman.

Hace poco más de un mes, Draghi recibió el apoyo de todos los países de la eurozona para ser el sustituto de Trichet, incluido el de Alemania, que en un principio prefería al exgobernador del Bundesbank (banco central germano) Axel Weber, defensor de políticas muy estrictas en el control de la inflación, pero que acabó retirándose de la carrera por el puesto.

Con todo, en los últimos días Draghi fue preguntado por los eurodiputados por su papel como exvicepresidente del banco de inversiones estadounidenses Goldman Sachs, que ayudó al anterior Gobierno griego a maquillar el estado precario de sus finanzas públicas.

El gobernador del Banco de Italia se defendió alegando que esas prácticas se habían producido antes de su entrada en la empresa en 2006, al tiempo que aseguró que, mientras fue directivo de Goldman Sachs, optó por dedicarse de forma exclusiva a los negocios con clientes del sector privado para evitar conflictos de intereses.

Draghi llega al frente del BCE tras más de cinco años como máximo responsable del Banco de Italia, en uno de los períodos más complicados para esta institución.

Y es que, cuando fue nombrado gobernador a finales de 2005, tenía por delante la compleja tarea de devolver a la institución la credibilidad perdida, que comenzó a desmoronarse con las quiebras de las empresas alimentarias Parmalat y Cirio y cayó en picado tras la discutida actuación del entonces gobernador Antonio Fazio en las opas lanzadas contra BNL y Antonveneta.

Según los expertos, Draghi cumplió con el objetivo. "Desde el punto de vista institucional ha sido muy eficaz, ha devuelto una gran credibilidad a este órgano", dijo a Efe el profesor de Economía Monetaria de la Universidad LUISS de Roma, Giorgio di Giorgio.
Nacido en Roma en 1947, Draghi es catedrático en Economía, ha ocupado un puesto en el consejo de administración del Banco Mundial y estuvo diez años al frente de la dirección general del Tesoro en Italia.

En su país es conocido como el artífice de las grandes privatizaciones y por ser el autor de la ley sobre las Ofertas Públicas de Adquisición (OPA), que lleva su nombre.

Tras licenciarse con la máxima nota en Economía por la Universidad de Roma La Sapienza con el estudio "Integración económica y variaciones de las tasas de cambio", obtuvo en 1976 el doctorado en Economía por el Instituto Tecnológico de Massachussets con la tesis "Essays on Economic Theory and Applications".

Entre 1975 y 1978 se dedicó a la docencia en diferentes universidades italianas y, desde 1984 a 1990, fue director ejecutivo del Banco Mundial.

En 1990 fue nombrado asesor del Banco de Italia y, un año después, director general del Tesoro, cargo que ocupó hasta 2001.
Casado y padre de dos hijos, Draghi es un hombre discreto, considerado de perfil más anglosajón que italiano y poco dado a aparecer en los medios de comunicación, en una época en la que Italia y, sobre todo su clase política, se han visto azotadas por escándalos de todo tipo.
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