¿Votos con sangre?
José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
viernes 21 de octubre de 2011, 21:33h
Alguien ha pensado que tras el comunicado, uno más, de ETA, marcando de nuevo la agenda política democrática, la reacción popular será de un inmenso agradecimiento político a quienes han negociado con los terroristas, lo que a todas luces se sabe y se sabrá aún mucho más.
Entre otras cosas porque como no cumplan con lo pactado lo dirán los propios etarras a los cuatro vientos teniendo bien cogido a quien haya negociado. Imaginar que justo el día 20, exactamente un mes antes de las elecciones, se haya producido una declaración unilateral, entra en el más fantasioso de los deseos o lo que es peor de las más estúpidas ingenuidades políticas.
Habrá quien de buena fe aplauda y vote, pensando que este Gobierno ha logrado la derrota de ETA. No será a ellos a quienes critiquemos. Se vota la mayor parte de las veces con emociones, con pura ideología, no con un cálculo racional y meditado. Y además es verdad que en muchas ocasiones quién vota no tiene más información que la que le ofrece la televisión, a la que sigue como si de un orador de púlpito se tratara. Habrá quienes, por tanto, votarán agradecidos a quienes se suponen – porque precisamente por eso les votan – que son la contraparte del contrato político firmado con ETA.
Pero inclusive a esa buena gente habría que advertirle que ETA no está derrotada, ha depuesto las armas (dice que “definitivamente”: veremos), no se ha disuelto, con lo cual permanece vigilante y guardián del “proceso” y ha copado el espacio político del nacionalismo, desplazando al PNV y en medida no desdeñable a una parte del PSOE.
Por otra parte, advirtamos al buen votante bienpensante, que de libertad nada de nada, en los territorios dominados por la banda y adláteres. Vaya usted a algún sitio de éstos y hágalo con la bandera nacional, o intente abrir una sede de un partido político en muchos de tales sitios, o simplemente critique abierta, pública y en viva voz a esta formación. Ya verá lo que le pasa; ya verá si puede.
El regalo a los gobernantes y candidatos que han negociado puede en todo caso venir de la mano de estos votantes, pero lo que no podemos ni pensar es que tengamos que tragar con una pretendida bondad de las partes contratantes. Los asesinos son asesinos. Y quienes negocian bajo cuerda, esos sí que tienen que responder de haber manchado sus manos con votos de sangre. Y han sido bastantes los que han procurado obedecer al Gobierno para que este quiera presentarse como el que da boleta a la organización.
Ni cabe pensar en una autodisolución ni en una unilateral autodestrucción de ETA, ni es inocente que se haga al mes anterior a las elecciones, ni procede que no haya contrapartidas. Y las vamos a ver a partir del día 21 –N.
La democracia no es nada sin el Estado de Derecho. Cito la frase de un gran administrativista francés Jean Rivero: “se tiene la costumbre de considerar a la democracia como un modo de designación del poder que se satisface cuando la fuente de la autoridad, directa o indirectamente, se vincula a la soberanía del pueblo manifestada en la elección. Pero esto sería poco (añade) si la democracia no fuera también un modo de ejercicio del poder y si el que decide (en nombre del pueblo) lo hiciera del mismo modo y con los mismos esquemas que el servidor de un monarca absoluto” (énfasis nuestro).
En eso andamos, en creer que con unas elecciones se resuelven todos los grandes problemas y cuestiones, aparcando y apartando el Estado de Derecho.
Hay que recuperar las Instituciones. Hay que regenerar y lograr mayor calidad democrática. Y hay que saber reconocer los éxitos si son realmente tales, y exigir responsabilidades si no lo son.
Democráticamente, ahora, son ustedes lectores, somos todos nosotros, quienes tenemos la palabra.
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Catedrático de Derecho Administrativo
JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.
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