www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

presenta el estudio “Individualismo y solidaridad familiar”

Gerardo Meil: “La familia no es ninguna solución, la solución es la recuperación del empleo”

domingo 23 de octubre de 2011, 17:47h
En el estudio publicado por La Caixa “Individualismo y solidaridad familiar” Gerardo Meil pone cifras a las situaciones por todos conocidas: jóvenes que retrasan su emancipación, padres que financian la compra de la vivienda a sus hijos, abuelos que se ven obligados a prestar ayuda en el cuidado de sus nietos y, en definitiva, familias sobrecargadas por la situación económica del mercado y el progresivo recorte de los servicios sociales.

Según explica a EL IMPARCIAL, “en España, como el estado del bienestar no se ha desarrollado mucho se está forzando a las familias a que asuman el cuidado de sus miembros. Sí hay determinados servicios sociales, como los contenidos en la Ley de dependencia, pero estos están concebidos según el principio de subsidiariedad de modo que sólo en última instancia, cuando la familia no puede resolver la situación, intervienen los poderes públicos”.

Dado el empeoramiento de las circunstancias económicas de millones de españoles, la cuestión es, ¿hasta cuando puede resolver la situación la familia cuando ya, un 14 por ciento de la población reconoce sentirse superada por las demandas que reciben de su red social? Según este profesor, “la familia lo único que puede hacer es apagar fuegos pero no puede garantizar una red de ayuda continuada a sus miembros”.

El problema es que a muchas familias no les queda otro remedio. Un ejemplo evidente es el de la juventud: un 67 por ciento de jóvenes de 18 a 29 vive con sus padres. En el momento de emanciparse, lo hacen a menos de 5 km de distancia y la mitad de ellos recibe ayuda por parte de sus familiares en importes superiores a un cuarto del valor de la vivienda.



Esta situación, según explica el profesor Meil, es “querida” pero también viene impuesta por las condiciones económicas. Así, por un lado, los jóvenes se han acostumbrado al nivel de vida de sus padres y no están dispuestos a desclasarse. “Quieren comprar una casa, tener un coche, irse se vacaciones... en definitiva, reproducir las condiciones que se dan en su hogar, de modo que el umbral económico para emanciparse ha ido subiendo con el tiempo”.

Este aumento nos sitúa a la cabeza de la Europa en cuanto a la edad de emancipación: en los países escandinavos el porcentaje oscila alrededor del 30 por ciento y en los países del centro de Europa es de un 52 por ciento.

Aún así, no por esta 'comodida' hay que culpar a la juventud de esta situación. España tiene también la tasa de paro juvenil más alta de la UE, superior al 40 por ciento. Según explica Meil, esta circuntancia, unida a la falta de seguridad en los empleos, el elevado grado de rotación en los mismos y los bajos salarios es la que fuerza el retraso en la edad de emancipación y obliga a los padres a ayudar a sus hijos de manera continuada.

Además, según explica este catedrático de Sociología, el actual desequilibrio perjudicará a los ahora jóvenes en el futuro aunque vayan a conseguir un trabajo estable con el tiempo: “Dentro de 35 años, cuando se vayan a jubilar, habrán cotizado menos tiempo por esa situación de baja protección durante su carrera laboral. Por otra parte, como el grado de envejecimiento será mucho mayor, las carreras de aseguración tendrán que ser más largas para financiar las pensiones”. Así, los costes de la situación macroeconómica, según ha relatado Gerardo Meil a EL IMPARCIAL, afectarán sobre todo a quienes ahora tienen menos de 25 años.

Mientras, en el momento presente, las familias absorben todos estos embates del mercado y la desprotección de las instituciones que no pueden asumir todos los costes del estado del bienestar. En el otro lado del espectro, los abuelos ocupan un lugar central en la economía solidaria. Entre 1993 y 2006, la proporción de estos que ayuda en el cuidado de los nietos ha aumentado un 75 por ciento y esta ayuda no se define ya como la colaboración en el cuidado de los menores sino como la obligación de ayudar en tareas que van desde llevar y recoger a los nietos del colegio o llevarles al parque hasta quedarse con ellos en vacaciones escolares.

Según comenta Meil, “esta situación se debe a que, para mantener el nivel de vida al que aspira la población los dos padres han de trabajar, lo que plantea problemas de conciliación de la vida laboral y familiar. Como en España, la incorporación de las mujeres al mundo laboral ha sido más tardía, las mujeres más mayores no están en el mercado de trabajo por lo que son un recurso esencial para esos padres trabajadores que no pueden permitirse el pago a un cuidador”.

Como suele suceder, esta situación se da sobre todo entre las clases más desfavorecidas pues si se compara con otros países europeos, España es el país donde menor proporción de abuelos señala haber cuidado a sus nietos en el último año, aunque esta ayuda cuando se produce es más intensiva y, en lugar de un recurso de emergencia, se convierte en un recurso vital para los hogares con ciertas dificultades para llegar a final de mes - el 29 por ciento, según los resultados provisionales de la encuesta de Condiciones de Vida.-

Tampoco desdeñables son las ayudas financieras entre miembros de una red familiar. Si en 2004 el porcentaje de personas que pensaban en pedir un préstamo en caso de necesidad era del 44 por ciento, en 2010 este porcentaje había caído doce puntos porcentuales bien por la incapacidad de hacer frente a los intereses o por las dificultades para conseguir un crédito que tienen el 88 por ciento de las pymes, según una encuesta del Instituto de Crédito Oficial (ICO) y las Cámaras de Comercio. A su vez, las ayudas económicas son cantidades pequeñas en una minoría de casos mientras que, en el 28 por ciento de las ocasiones, el importe supera los 3.000 euros que se dan, en su mayoría, por una situación de desempleo, quiebra de un negocio, ingresos insuficientes.

En cuanto a la distribución de las ayudas, estas se dan “en cascada”, como explica el profesor Meil, lo que es de padres a hijos, con un 58 por ciento de mayores de 60 años que han ayudado en más de una ocasión a algún miembro de su familia. En el caso de los hijos que ayudan a sus padres, el 11 por ciento del total, no lo hacen para completar su pensión, sino porque estos se encuentran en una situación de necesidad y también una de cada cuatro personas ha donado dinero a conocidos, no necesariamente familiares.

Esta sobrecarga en las familias es dificilmente sostenible en el tiempo aquellos hogares con mayores dificultades económicas. Como recuerda el profesor Gerardo Meil, “la crisis económica tiene la consecuencia de incrementar la pobreza y las desigualdades”, lo que ya es visible en España: la media de ingresos de los hogares en 2010 según el INE es de 24.890 euros, el 21,8 por ciento de las personas vive por debajo del umbral de la pobreza y 1,3 millones de casas tienen a todos sus miembros en paro.

Este endurecimiento de las condiciones en el mercado se suma a los obstáculos del Estado para financiarse y ofrecer servicios a sus ciudadanos, de modo que, aunque Meil lamenta la respuesta sostiene que, de momento, la solución se queda en el ámbito individual. “Cada familia tiene que tomar sus decisiones y restricciones con los recursos con los que cuenta, tanto personales como económicos. Esyo significará que los más pobres estén más sobrecargados y los que están en mejor situación económica tengan, como siempre, mayores alternativas”.

En esencia, el profesor y catedrático en Sociología Gerardo Meil insiste en que “está bien que la familia exista como una fuente potencial de ayuda pero no es ninguna solución, la solución es la recuperación del empleo y que la gente pueda obtener ingresos de su trabajo”. Hasta entonces, sólo queda esperar que, tal y como pasó en la crisis del 29 y la del 78, la economía se recupere y las familias españolas aguanten las embestidas que tienen por delante.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios