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AL SUR DE TARIFA, AL NORTE DE ESPARTEL

Perspectivas electorales en el Norte de África

jueves 27 de octubre de 2011, 08:37h
La semana del 16 al 23 de octubre que acabamos de dejar a la espalda, ha acelerado el ritmo de transformación política en el norte de África.

Para empezar, el acoso de las milicias rebeldes a los bastiones libios afectos a Muammar al-Gaddafi -Misrata, Sirte, Surt- y los bombardeos de las fuerzas aéreas de la OTAN a objetivos estratégicos para la resistencia prolongada que ofrecieron los leales, terminaron por converger el jueves 20 de 2011 para causar la muerte del dictador. De esta manera, nada edificante en su procedimiento, ha venido a sucumbir un régimen político que ha sido durante cuarenta y dos años lo contrario a lo que aspiran millones de árabes, protagonistas actuales de levantamientos populares “versus” los regímenes que ellos han venido sufriendo. Habrá que ver qué futuro aguarda a Libia

Entre las “perlas” detectables en la galaxia internáutica del mundo árabe, ha cruzado el firmamento mediático una de ellas que, literalmente, dice: “Ben Ali huyó, Mubarak está encarcelado, Gaddafi ha sido muerto. ¿Qué destino final prefieres tú, Ali Abdaullah Saleh (Yemen)?. Puedes consultárselo a Bashar al-Assad”.

En la medida en que avanza el calendario hacia 2012, es de esperar que se sucedan los acontecimientos (con mayúsculas) en el seno del mundo árabe. Dentro de los acontecimientos plausibles, encabezándolos, se encuentra el hecho de que once millones de tunecinos han celebrado sus desposorios con las urnas el domingo 23 de octubre.

Más allá de las precisiones y análisis sobre del resultado final de las elecciones, con “Ennahda” como favorita, Túnez ha sido el primer país en desembarazarse del núcleo cleptocrático que tanto daño hizo a la república desde el Palacio de Cartago. Y Túnez ha sido también el primer pueblo en aceptar -no sin dificultades- el principio rector de la democracia: “one man, one vote”. Habrá que celebrar con júbilo la ceremonia de una primavera política que inicia su segunda andadura en pleno otoño. ¡Bienvenido sea Túnez al porvenir de su nuevo destino político!.

Ciñéndonos siempre al norte de África, noviembre se abrirá al electorado marroquí y egipcio en los días 25 y 27 del mes de las “brumas”.

Mientras que en Marruecos se pronostica otra edición más de la moderación precocinada que viene caracterizando la vida política de nuestro vecino meridional, el escenario de Egipto ofrece un panorama alentador sobre el que se ciernen, sin embargo, nubarrones de tormenta.

El panorama tormentoso que prevalece en El Cairo y en otras ciudades de Egipto, sabemos que emana no sólo de la férrea dictadura que ejerció Mubarak con la aprobación tácita del ejército y el silencio impuesto a la disidencia civil -ya fuese liberal, social-demócrata e, incluso, comunista (muy castigada ya en tiempos de Nasser)-, sino que es debido también a la delicada ubicación geopolítica de la nación.

Sobre el escenario del país del Nilo, sobrevuela el fantasma (para Occidente, al menos) de “Hermanos Musulmanes”, organización cofrade de islamistas cuyo pelaje no es tan monocolor como suelen ser presentados los, hoy, nietos de Hassan al-Banna, fundador de esta corriente política y social islámica de mucho arraigo en Egipto.

En medio de la coincidencia histórica que se presentará a la vista del electorado egipcio en menos de un mes, destaca alguna ramificación islamo-moderada que ha solido compararse con la democracia cristiana de la Europa de posguerra. La fenomenología de esta vía política y social ha estado presente en los comicios de Túnez que se acaban de celebrar, y no parece que la opción Benkirane en Marruecos (“Partido de la Justicia y el Desarrollo”), se sitúe demasiado alejada del islamismo moderado que sirve de contrapeso a las formaciones de signo radical, encarnadas en la centenaria tradición salafí.

En esta bisectriz de moderación se ha instalado un partido de “Centro” -como lo llamaríamos en España y otros países de la Unión-, que viene protagonizando Aboul-El Maadi desde 1996.

La solución política satisfactoria para Egipto, viene a proponer Maadi, no es el Islam integral, sino el moderantismo piadoso. Esta tendencia es la que le ha permitido cosechar muchos votos y aplausos a Erdogan en Turquía, y -quizá- puede ser el caso del PJD en Marruecos en breve.

A la vista del cambio que el Islam político ha ido experimentando en los últimos quince años, el candidato electoral en persona de “Hermanos Musulmanes” en Egipto -Abdel Moneim Abou el-Fotouh- ha iniciado, de algunos meses a esta parte, una evolución acomodaticia a un perfil público que puede facilitarle el incremento del apoyo popular debido al favor creciente que cosecha esta segunda vía islámica dentro del mundo árabe y turco.

Recuérdese que en un polo antitético a esta última vía se situarían Irán, epicentro de la radicalidad chií, y algunas formaciones afectas a Teherán, como es el “Partido de Dios” (“Hezbollah”).
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