www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Federalistas en Bilbao

Juan José Solozábal
jueves 27 de octubre de 2011, 22:05h
Estudiar el federalismo, se trate de su concepción como modelo institucional o de su sistema espiritual, o nos refiramos a las exigencias de su funcionamiento correcto o su futuro en un horizonte internacional de progresiva integración, es extraordinariamente interesante. En esto consistía el propósito del Congreso Los caminos del federalismo y los horizontes del Estado autonómico, organizado por la Facultad de Derecho de la Universidad del Pais Vasco y que se celebró en Bilbao esta semana. Tal empeño resulta además muy útil para nosotros, que después de todo en realidad somos ya un sistema federal o nos parecemos mucho a él.

Si pensamos en la evolución de nuestro Estado autonómico, y lo hacemos sobre la consideración de lo que es la experiencia comparada, es capital la distinción entre el federalismo y la confederalización. El desarrollo de nuestras posibilidades debe llevarnos a la profundización federal, pero ha de evitar los riesgos de la confederación. Muchos cuando hablan de federalismo quieren decir confederación. Evidentemente no es lo mismo. Se construye la federación de un Estado para asegurar la unión garantizando el pluralismo. La federación, entonces, es una forma política que piensa en la unidad y que está llamada a durar, a permanecer. Por eso algunos autores han resaltado acertadamente que los Estados con menor riesgo de desintegración son los federales. La confederación en cambio es una forma de unión muy débil, en realidad no se trata de un Estado compuesto sino de un compuesto de Estados. Un sistema abocado a la ineficacia funcional y, en un plazo de tiempo breve, a la desaparición.

Los riegos “confederales” de los sistemas descentralizados se acentúan cuando las ideologías y partidos hegemónicos en algunos de los Estados o unidades integrantes son de orientación nacionalista. Conviene no llamarse a engaño: el federalismo es una fórmula idónea para tratar el pluralismo territorial, pero de eficacia limitada si se considera desde una perspectiva nacionalista. Cuando se recurre a la nación como elemento fundamental de legitimación política, el resultado institucional suele ser el centralismo, como cobertura del gran nacionalismo, o la separación, como exigencia de los nacionalismos territoriales.

Hay otra dirección en la que el estudio del federalismo ofrece gran interés. Nos referimos a la consideración, por decirlo así, de su cara interna , apreciando las cualidades de esta forma política desde el punto de vista organizativo, como estructura superior por su eficiencia y capacidad. Como pueden mostrar los casos de Estados Unidos, Alemania , Canadá , Suiza y Australia, los sistemas federales no sólo presentan excelentes resultados en el campo de la integración sino en el de la eficacia, como unidades políticas mejor adaptadas para hacer frente a los embates de la coyuntura en que nos encontramos.

Sin duda la superioridad funcional del federalismo depende de la acertada resolución de tres cuestiones. Primeramente, una adecuada delimitación de competencias que se inspira en el principio de subsidariedad: en el Estado federal cada nivel de gobierno debe llevar a cabo las tareas que comparativamente está en mejores condiciones de realizar. El criterio de la distribución no es el egoísmo acaparador de las estructuras políticas sino el de la satisfacción en las mejores condiciones de las necesidades de los ciudadanos.

En segundo lugar, el sistema debe asegurar una adecuada coordinación entre los diversos planos de la organización política. La articulación federal tiene lugar en el plano institucional, de modo que las unidades territoriales participan en la composición de las instituciones centrales o generales, pero sobre todo en el plano funcional. Aquí hay que optar entre el federalismo dual, que maximiza la claridad y la asunción de responsabilidades por la instancia a la que corresponde la competencia, o el federalismo cooperativo, más difícil de llevar a cabo, pero que resalta la colaboración entre los componentes de la Unión, cuya suerte comparten.

Me parece que el Estado federal cooperativo es más acorde con el espíritu o la cultura federal, un caso de “unión más perfecta”, al exigir una imbricación continua entre los diversos niveles de la federación.

Naturalmente, en tercer lugar, un Estado federal no puede funcionar sin una instancia que en aplicación del reparto competencial y los principios federales , resuelva los conflictos que inevitablemente surgirán en una forma política tan delicadamente equilibrada. Se entiende la necesidad de garantizar la independencia y el prestigio de la instancia jurisdiccional, se llame Tribunal Supremo o Corte Constitucional, que asume el cumplimiento de esa tarea vital de la Federación.

Una palabra nada más. Pienso en lo feliz que la celebración de este Congreso sobre federalismo, habría hecho a un bilbaíno ilustre, autor sin duda, con las aportaciones de Jordi Solé Tura y Gumersindo Trujillo, de las reflexiones más agudas sobre federalismo formuladas por un español contemporáneo. Don José Miguel de Azaola meditó sobre todo acerca de la justificación moral del federalismo, de la “democracia del detalle”, que incrementaba las oportunidades de participación de los ciudadanos. Con lucidez sorprendente, en el año 1972 en su Vasconia adelantó muchos rasgos que el sistema autonómico español adoptaría algún tiempo después. Preservando la especificidad foral, reclamó con acierto la generalización de la descentralización en toda España y la situó adecuadamente en el marco de la integración europea.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios