La muerte de Gadafi
Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 28 de octubre de 2011, 21:41h
Una visión de pronto manifiesta atrajo mi atención de tal manera que me fue imposible dormir la siesta. Hombres convertidos en locas fieras mostraba erudita televisión cómo a otro hombre partían la mollera.
El que mata y tortura a una persona que está herida, vencida y desarmada con muy vil cobardía se corona. Esos héroes que daban patadas a un Gadafi consciente y moribundo fueron las ratas de la eterna hornada de los oportunistas vagabundos que adoran a cualquier cruel caudillo y lo matan al siguiente segundo si su declive lo otea este pillo cual buena rata de barco en tormenta. Son cobardes como nocturnos grillos. No existe democracia que consienta abusar del que ya tenemos preso, aunque hayan sido muchas sus afrentas. Se prefieren los jueces más aviesos y la legislación más draconiana que la sustitución de este proceso por una horda de ratas sacristanas que puedan convertir en linchamiento lo que hubiese sido sentencia llana. Cierto castigo de fusilamiento, pues no sale gratis la dictadura, pero democráticos argumentos se envisten con las galas más puras que garantizan libertad política para todo tipo de criaturas.
Pues tanto endulza la viva justicia nuestro afecto, que logra que no puedas torcerlo en dirección de la nequicia.
El coronel murió como una valiente frente a cobardes hienas del desierto, que cual hienas andaban sonrientes. Si necesitan festejar un muerto es porque saben muy bien que las ranas son las que han dirigido este concierto. Una robusta moneda africana quería de oro Gadafi acuñar, con la que hacer economía hermana las soberbias naciones del dinar, y así competir con euros y dólares que quieren a África colonizar.
Gadafi quería llevar a China el dinero del petróleo de Libia y de este modo sacarse la espina de una Francia e Inglaterra muy tibias con la Casa de Saud y con Siria, con mucho, más criminales y esquivas. Llenos de codicia, ardentía y tirria bramaban guerra los bancos de Francia que sin dinero libio se hundirían. Bajo la tonta familiar estancia el coronel decidió deshacerse de las armas del más letal programa para mejor la NATO merecerse, sin saber que nunca sería NATO por mucho que quisiera parecerse. Si no hubiese oído a sus hijos pato, y tuviese las armas de Corea seguiría en Libia con sus beatos. Desde Francia se mueven las correas que hacen bailar a vanas marionetas que sobre la pobre Libia patean. Con desertores de áurea trompeta con Francia se tramó un golpe de Estado que al petróleo tenía como meta. Mamporreros de la Francia mandados inician en Cirenaica revueltas que entregan el poder a Napo-Sarko. Mas, hermano, mil veces os sucede que, huyendo del peligro, y no de grado, a hacer lo inconveniente al fin se cede; como Alcmeón, que, cuando fue instigado por su padre a su madre darle muerte, por obrar con piedad, fue despiadado.
Gadafi rescindió el pingüe contrato con el coloso francés de energía en virtud de un patriótico alegato. La central nuclear ya no se hacía, Francia perdía un buen trozo de pastel que su enorme crisis no permitía. Henri-Levy convertía en Luzbel en sus caros encuentros cirenaicos al de Francia odiado coronel.
Con los millones de la central, escuelas, hospitales y mezquitas Gadafi deseaba levantar. Cumplió con su palabra tripolita, y se enfrentó a la muerte con valor frente a roedores de carroñita.
Los franceses tienen a Henri-Levy. Los españoles estamos contentos con nuestro genial pensador de Vic. De acuerdo a su cristiano pensamiento la dignidad de todo hombre es sagrada, debe ser tratado con miramiento, su dignidad no depende de nada, jamás puede depender de un consenso y nunca puede ser menoscabada.
Las humanitarias bombas cristianas aniquilan a tibios musulmanes para hacer la nación más musulmana. Ojalá los flameantes pendones que viejos estrena el nuevo gobierno sean cierta promesa de elecciones. Y renaciendo del seno materno resplandezca la libertad en Libia en una dicha de futuro eterno.
Pues la educación de la libertad transforma al hombre en mejor hombre humano revelando su eterna dignidad. Una certeza yo en mi mente he puesto: que un corazón que es libre nunca miente, pues junto a la Verdad tiene su puesto.
Los Cameron, Berlusconi y Obama fueron meros actores secundarios en esta guerra de siniestra fama. Las armas se entregó al gran Belisario al que el brazo del cielo estuvo unido mostrando su gaullismo necesario.
Hosanna, sanctus Deus sabaoth, superillustrans claritate tua felices ignes horum malacoth!
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Doctor en Filología Clásica
MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín
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