RESEÑA
Diane Ducret: Las mujeres de los dictadores
domingo 30 de octubre de 2011, 17:40h
Diane Ducret: Las mujeres de los dictadores. Posfacio de Eduardo Soto-Trillo. Traducción de Nuria Petit Fontsere. Aguilar. Madrid, 2011. 320 páginas. 18,50 €
Hay una rama de historiadores que predica la necesidad de incluir los sentimientos en los relatos para que los investigadores hilen los datos, documentos y conclusiones con los que se construye el campo inspirado por Clío. Y es cierto que hay variables como el azar o los detalles del corazón que otorgan sentido y realidad a muchos episodios que no tendrían explicación sin ellos. No menos cierto es que para tener en cuenta estas referencias tan subjetivas, es necesario contemplar el universo en el que ellas acontecen y no intentar explicarlas desde el presente, como tampoco deben relatarse así, anacrónicamente, cuestiones políticas o sociales. El reciente trabajo de la periodista Diane Ducret indaga en las vidas privadas de nueve gobernantes totalitarios y se sumerge en sus vidas amorosas buceando entre numerosa y rica documentación y en testimonios publicados de los protagonistas de esos affaires o de coetáneos cercanos a la cuestión. El resultado es un entretenido ensayo que peca de numerosos estereotipos y que no profundiza demasiado en los caracteres de los retratados, sean los gobernantes o sus diferentes parejas.
La primera cuestión que surge al tener el libro en las manos es el porqué de la elección de los personajes. Nada se explica de ello y es chocante que junto a los máximos líderes de los movimientos totalitarios de los años treinta -fascismo y comunismo- aparezcan otros dictadores menores en el plano internacional o personajes que protagonizaron sus dictaduras en diferentes momentos y lugares. Además, a esta curiosa elección se plantea el lector por qué faltan otros notorios dictadores, quizás más relevantes en materia amorosa que algunos que sí aparecen, a pesar de tener una vida anodina en cuanto a sus relaciones sentimentales. A la lista de los grandes gobernantes totalitarios de los treinta: Hitler, Mussolini, Mao y Stalin, se suman dos dictadores coetáneos menores, Franco y Salazar, un posterior Ceaucescu y su coetáneo pero lejano en la esfera geopolítica Bokassa. Curiosa es la inclusión de Lenin y, por supuesto, la ausencia de Idi Amin, Pol Pot y, sobre todo, el gran silencio sobre los dictadores que se sentaron durante el siglo XX en los gobiernos de la América española, algunos merecedores incluso de biografías noveladas por excelentes escritores, como la de Trujillo vertida, vida sexual incluida, en la excelente novela de Vargas Llosa La fiesta del Chivo.
Tiene, además, la monografía un pequeño regusto a confirmación de estereotipos y cierta inocente mirada sobre los archivos explorados: por ejemplo, que la mayor parte de los gobernantes examinados aparezcan como machistas que utilizan a sus mujeres y las doblegan cuanto menos a papeles secundarios, sin salvarles, no les hace diferentes de la mayor parte de sus coetáneos masculinos que no jugaban precisamente un rol muy diferente en su sociedad. Por otro lado, que la autora piense que Hitler no recibió ninguna carta ofensiva hacia su persona y que las cartas de admiradoras entregadas nutran los archivos personales del Führer es no entender las pautas que rigieron durante el III Reich.
Sin embargo, si no se busca un libro histórico en este relato, el lector se encontrará inmerso en una amena consecución de semblanzas que resulta, cuanto menos, curiosa.
Por Margarita Márquez Padorno