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deporte y política

¿Por qué hay deportistas de élite en las listas electorales?

martes 01 de noviembre de 2011, 09:45h
El idilio entre el deporte y la actividad política no es una situación novedosa, sin embargo, su materialización en la inclusión de atletas en las listas electorales es un hecho que se ha extendido en nuestro país desde finales del pasado siglo. La próxima llamada a las urnas ha supuesto la confirmación de esta tendencia con Marta Domínguez y Abel Antón como abanderados. El Imparcial reflexiona con algunos expertos de la escena política, deportiva y sociológica sobre la idoneidad de esta práctica en España.

“Panem et circenses”. De este modo definió el poeta romano Juvenal la práctica de los emperadores de la época (siglo I) que consistía en regalar trigo y entradas para los espectáculos circenses a la población para mantenerla alejada de los debates relativos a la esfera política. Este podría considerarse como el arranque de la relación entre deporte y política. Avanzando en el tiempo, nos encontramos con la instrumentalización de los eventos deportivos de los regímenes autoritarios –como el Mundial de fútbol de 1978 en Argentina o los Juegos Olímpicos “nazis” de 1936-. Finalmente, la evolución de este diálogo ha convertido esta tendencia en una carrera de deportistas de élite en busca del éxito político –destacando la figura del ex jugador de la NBA Chirs Dudley, que cayó en las elecciones a Gobernador de Oregon por un estrecho margen-.

La relación española entre deporte y política se materializó en forma de atletas de élite ocupando una concejalía en las últimas décadas del siglo XX. Figuras como el campeón europeo de los 800 metros lisos, Colomán Trabado -diputado del Partido Popular en la Asamblea de Madrid-, o la regatista medallista de oro en Barcelona´92 y Atlanta´96, Teresa Zabell -euro parlamentaria por el PP-, abrieron las puertas de este nuevo horizonte para la élite del deporte español. Pero el crecimiento definitivo del número de atletas que engrosan las listas de agrupaciones políticas se ha producido en los últimos 10 años. ¿Es saludable esta situación para la democracia?¿Qué factores influyen en la expansión de esta estrategia? El Imparcial reflexiona sobre esta práctica con algunos expertos.


Miriam Blasco consiguió la medalla de oro en judo en Barcelona 92, convirtiéndose en la primera atleta española que alcanza una presea dorada para nuestro país. Además, la judoka fue pionera en el salto de deportistas a la política al ser elegida senadora del PP por Alicante en las elecciones desde el 2000. Hemos charlado con ella para comprender cómo es la experiencia que podrían vivir deportistas como Abel Antón o Marta Domínguez. “Aunque había ocupado cargos políticos en la Federación Valenciana de Atletismo y en la española, cuando me ofrecieron ir al Senado, me pregunté que qué podía hacer yo allí”, confiesa. Blasco, que afronta ahora la posibilidad de dar el salto al Congreso, nos explica que su función ha consistido en “ser un altavoz de los problemas de los deportistas, tratando de solventar los problemas que yo había visto como deportista, buscando soluciones a través de leyes que pudieran mejorar esa situación”.

La senadora nos indica que los deportistas “dedicamos muchos años de nuestra vida a representar a España y la gente nos puede ver como un símbolo”, aunque advierte que “no todos los deportistas valen para política al igual que no todos los deportistas valen para entrenadores”. Por último, la campeona olímpica, que nos destaca que en su estancia como senadora se han aplicado más iniciativas deportivas que en las legislaturas anteriores, nos explica que la “forma de luchar y de querer conseguir un objetivo deportivo es aplicable a la política”.

El año de Marta Domínguez no ha sido el mejor de su trayectoria deportiva. Las acusaciones de dopaje han marcado el devenir diario de la campeona del mundo de 3.000 metros obstáculos. La mejor atleta de la historia española ha decidido dar el salto a la arena política de manera definitiva -ya que ya participó en el ayuntamiento de su ciudad natal- en la candidatura del PP palentino al Senado. Marta declaró días después del anuncio de su participación que durante toda su carrera deportiva ha tenido que “saltar algún obstáculo”, y que suponía que en la política “ocurriría lo mismo”. “No lo voy a tener nada fácil”, concluyó. ¿Qué opinión tienen al respecto sus compañeros de viaje político?


El Imparcial ha charlado con la cabeza de lista de la candidatura del PP de Palencia al Senado, Ángeles Armisén. La procuradora nos aclara que el objetivo de su grupo es “incorporar a los mejores”, y nos argumenta que “Marta Domínguez, lejos de la figura de deportista de élite, es una de las mejores”. Armisén nos describe la labor que está realizado la atleta en esta campaña: “Esta recorriendo todos los pueblos de Palencia, escuchando y aprendiendo mucho”. La dirigente nos señala que Marta “ha de trasladar las peticiones de los ciudadanos directamente al campo político, porque ella tiene una repercusión que provoca que la gente se le acerca para hablar”. Por último, nos destaca la cercanía de la campeona del mundo, ya que “la vemos entrenar por Palencia todos los días”.

Continuando el análisis de esta experiencia política en España, El Imparcial ha charlado con politólogos y sociólogos, para comprender los elementos centrales de este idilio entre deportistas y partidos políticos desde un prisma académico.

Ramón Llopis-Goig es doctor en Sociología por la Universidad de Valencia y trabajó para diversas compañías multinacionales como GfK. El profesor nos explica que, en su opinión, “es positivo y conveniente que las listas de los partidos políticos incluyan a personas que previamente han destacado en sus ámbitos profesionales” y añade que “no debería sorprendernos, ya que la sorpresa es indicio revelador de lo mucho que nos hemos acostumbrado a una clase política poco permeable al talento que se desarrolla en la sociedad”.

Llopis-Goig nos señala que “el deportista de éxito encarna unas cualidades que, por un lado, se consideran imprescindibles para la gestión de la res pública y, por otro, se echan de menos en la clase política”. El experto sociólogo, que pone en tela de juicio la generalización de esta práctica por parte de los partidos, concluye que “lo que pretenden los partidos políticos con esto es que el capital moral del que son portadores esos deportistas se asocie a la imagen del propio partido político”. Por último, el doctor no cree que esta estrategia pueda revertir la desafección política de la población, ya que “hay muchas otras medidas que podrían contribuir a aumentar la participación y a robustecer la cultura política democrática de la población”.


En esta línea se posiciona uno de los sociólogos deportivos más prestigiosos de nuestro país, el profesor Manuel García Ferrando. El profesor arranca su análisis diagnosticando que esta inclusión de deportistas en las listas de los partidos tiene la misma lógica que cualquier otra gran corporación cuando utilizan a los atletas de élite para reforzar su imagen: “los deportistas no solo interesan a marcas como Rolex, a Volvo, sino que también a cualquier partido político”. El autor del reciente libro Ideal democrático y bienestar personal: Séptima encuesta sobre los hábitos deportivos en España nos habla de la meritocracia como el elemento central de la lógica de esta estrategia política: "todo campeón ha llegado a lo más alto por sus propios méritos, seduce a la población con sus logros y encarna la meritocracia en estado puro”.

García Ferrando, que nos indica que el 86% de la población española se siente orgulloso de los éxitos del deporte patrio, alude a la “dimensión social que ha adquirido el deporte” como elemento diferenciador en relación a la potencial cohesión social que logra el deporte y que carece la política actual. El profesor hace hincapié en que el “deporte-espectáculo” se ha convertido en "deporte-político” y nos describe esta relevancia del deporte en la política actual: “Hemos visto como Sakozy, por ejemplo, iba caminando por el campo de golf con su palo mientras resolvía los problemas del mundo y, en Estados Unidos, el hecho de pertenecer al equipo deportivo de la Universidad es un plus para la carrera política, porque encarna los valores deportivos”. Por último, García Ferrando “lamenta” que no haya más deportistas en las listas de los partidos políticos y observa cierto “atraso” español en relación a la inclusión de atletas de prestigio en el ámbito político.

Sin embargo, no todas las interpretaciones de esta situación son favorables. El Imparcial ha charlado con el doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, Millán Arroyo Menéndez. El profesor nos emplaza a interpretar esta práctica como “marketing político” y diagnostica la estrategia como una “forma de comunicar a los electores el espíritu de renovación, un mensaje que puede compensar las sombras de la corrupción y los escándalos”. “El deporte de élite denota valores como afán de superación, esfuerzo, férrea disciplina o entrenamiento para el logro, que son valores que están cuestionados entre la clase política”, concluye.


Arroyo Menéndez, que nos advierte que “el peligro es que la ciudadanía y los electores piensen que detrás de todo esto hay un circo”, nos explica que “desde la lógica de la competencia electoral y la necesidad de recoger votos, es justificable” en tanto a postura pragmática, aunque nos insta a “reflexionar acerca de la banalización del voto, como un punto débil de la democracia”. El profesor nos señala que “es sólo una operación de imagen, no es una verdadera solución, sino algo muy superfluo”. Por último, el politólogo concluye que “el deportista, en la medida que dejar de serlo para hacerse político se convierte en uno más, y acaba decepcionando como cualquiera” y nos resalta la importancia de reflexionar sobre esta situación desde la expectativa, ya que no hay suficientes casos para valorar la experiencia de esta estrategia política.

Por último, El Imparcial ha consultado la opinión del doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford, Víctor Lapuente Giné. El politólogo comparte la necesidad de considerar la falta de casos para analizar la experiencia española, aunque arranca su análisis indicando que “puede parecer que se centre todo en el tema electoral y luego no está muy claro cómo va a funcionar”. Lapuente abre un nuevo elemento de reflexión comentar el condicionamiento que el sistema político ofrece a esta situación: “En Estados Unidos es muy personal, si Lance Armstrong se presenta a las elecciones tiene que pelearlo él solo. En este sentido, en España los deportistas pueden ir escudándose en su formación sin tener que demostrar tanto su valía política”.

El profesor, que nos ofrece una pregunta para profundizar en el análisis. “La pregunta es si confían en que los deportistas vayan a sacar votos ahora o vayan a sacar votos en un futuro fruto de una buena gestión política”, sentencia. El doctor concluye su reflexión valorando estas iniciativas como una práctica que está “dentro de la lógica política” y nos explica que lo ideal, a su juicio, sería “tener a médicos prestigiosos, abogados prestigiosos, empresarios prestigiosos y también a deportistas de prestigio entre los representantes políticos”.
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