Crueldad animal: Muerte de un dictador
Sebastián Palomo Danko
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Abogado y matador de toros/-1/26
lunes 31 de octubre de 2011, 21:24h
Tiene miga el temita. No va el otro día un menda y me suelta, así como así, por las buenas, a quemarropa y yo sin chaleco protector, la preguntita..., y además, me pilla en uno de esos días tontos, en los que uno se levanta con el pie izquierdo, la ceja levantada y un dolor de mandíbula por culpa del bruxismo de esos que ni a base de tres Ibuprofenos de una tacada te libran de mantener durante todo el día un cabreo de mil demonios y medio....
“...Pero ¿no es cierto que es un espectáculo de una crueldad extrema hacia el animal?”
Y claro, después de oír la misma cuestión durante años, y siempre respondiendo con lo mismo casi continuamente a modo de pseudoevasiva sin entrar en más detalles, con lo del huevo y lo del pollo, con lo de la protección del ecosistema, con lo de que si el foie y los gansos, ocas o patos..., con lo de que si la especie se extinguiría, con lo de que si tradición y cultura, con lo de que si es más cruel abandonar a un caniche a su suerte un mes de Julio en mitad de la A-3 porque nos molesta Tobi que ya tiene siete meses y qué pintamos en Santa Pola con el perro si ya tenemos suficiente con cuidar de los niños y la suegra..., pues le respondí del modo que me salió del alma en ese momento.
“Pues sí, chaval, la verdad es que tienes razón es cruel”. Menuda sonrisa esbozó mi primo en ese momento. De oreja a oreja. Para romper las comisuras oye. Lo que pasa es que se quitó de sopetón con mi continuación. “Pero sabes qué te digo también, que más cruel es encender el televisor, poner las noticias un viernes a las nueve de la tarde y ver, con todo lujo de detalles y desde todas las tomas posibles como una multitud de hombres apalean, con una saña difícil de describir por su brutalidad, a un Gadafi, que, indefenso, ensangrentado, roto todo su cuerpo por los golpes que está recibiendo , trata de buscar un pequeño resquicio, de entre un enjambre de piernas y puños golpeándole, palos, sudor, risas y gritos, por el cual poder tomar por su boca una mínima bocanada de aire, de oxígeno, que poder exhalar en el momento previo a morir.”
Contento por mi respuesta, pensé que sería suficiente para que el pollo ya cerrara el pico y no continuara tocándome la moral. No fue así. Muy serio y seco me espetó “pero señor, tenga usted en cuenta que a quien usted se refiere era un dictador que había causado el mal a un pueblo que tenía bajo su yugo. Y además, se jactaba de ello. Era un auténtico terrorista. No tiene nada que ver. Se lo merecía. El toro es un animal.”
Y claro, por ahí sí que no pasé. Ya les cuento que me levanté de mal café, pero aún hoy, en un día bucólico y pastoril de esos de flores y mariposas sigo pensando lo mismo que le dije entonces, y no fue otra cosa que después de mentalmente ciscarme en sus progenitores decirle que sí. Que de acuerdo en que el señor Gadafi era un dictador, y un cabrón. Hasta ahí, de acuerdo. Pero querido, todo el mundo tiene derecho a ser juzgado. A tener una muerte más o menos digna, aunque eso no sea algo que se cumpla en el mayor porcentaje de los casos. Que yo no voy a entrar en detalles de si merecía o no morir, y que eso una vez ya sucedido importa poco o nada. Pero en lo que si entro es en las formas. Y ahí, se demuestra lo que somos. Somos auténticos y completos hijos de puta. Todos y cada uno de nosotros. El ser humano en general. Y dejemos el tema taurino a un lado que de eso ya hablaremos.
Me preguntas por crueldad animal relacionándolo con los toros y me defiendes la muerte de un dictador de esa manera. Simplemente, me dices que se lo merecía. La vida es cruel. El mundo, es cruel. Y la raza humana, la mayor de todas porque matamos, torturamos y vejamos por venganza. Porque hacemos el mal gratuitamente y por interés. Porque ponemos las noticias a las nueve de la noche y nos da morbo ver como linchan a un hombre sin sentir escrúpulo alguno. Y porque somos capaces de defender a un animal pero somos incapaces de sentir en muchos casos pena o repulsión cuando vemos a alguien de nuestra propia especie morir o sufrir.
Eso, es pura crueldad animal.
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Abogado y matador de toros/-1/26
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