www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ACTRIZ

Verónica Echegui: “Durante la adolescencia, me encontré de pronto con el mundo y fue horrible”

martes 01 de noviembre de 2011, 00:47h
La madrileña Verónica Echegui vuelve a la gran pantalla con Verbo, el debut en el largometraje del cineasta Eduardo Chapero-Jackson, que se estrena este viernes como una de las apuestas más arriesgadas del cine español de los últimos años. La que se diera a conocer en Yo soy la Juani y estuviera nominada al Goya a la mejor interpretación femenina por El patio de mi cárcel se embarca ahora en una poesía fílmica que aúna hiperrealismo con anime, hip hop y grafitti para hablar del trance del ser humano por la etapa de la adolescencia. En una entrevista con EL IMPARCIAL, Echegui asegura que se sintió identificada con el personaje protagonista –interpretado por Alba García, un descubrimiento del director que dará más de una sorpresa- porque ella también pasó “por un momento de choque” durante la pubertad. “He ido recorriendo ese proceso de reconciliación con el mundo que cuenta la película, y aún así hay cosas que a día de hoy no me gustan”, confiesa la actriz.
El debut en el largo de Eduardo Chapero Jackson configura una apuesta más que arriesgada t te ofrece un papel pequeño, más de los que acostumbras a hacer. ¿Por qué decide aceptar este papel?
Yo conocía Edu (Chapero-Jackson) por Miguel (Miguel Ángel Silvestre, compañero de reparto de Echegui), por casualidades de la vida y coincidimos varias veces en una misma zona donde vivíamos y solíamos hablar. Además había visto dos cortos suyos y me generaba muchísima curiosidad su mundo, como ve las cosas él, como las cuenta. Cuando supe que estaba con este proyecto, me enteré rápidamente de que estaba haciendo pruebas y de que quería verme para el papel de Medusa. Me leí el guión y me volví loca. Me emocionó mucho y me alteró un montón, recuerdo que me puse muy nerviosa. Me moría de ganas de ser Medusa.

¿Por qué esa atracción por el personaje?
Porque tiene mucha luz. A mí me ofrecen papeles muy oscuros la mayoría de las veces. Medusa me gustó desde el principio por lo que representa, que me parece muy sanador. Ella es el amor a las mujeres, a los hombres, a todo… el amor en sí, como concepto. Es la protección, la feminidad, la empatía… Es todo muy positivo y me apetecía mucho hacerlo.

Medusa es parte de ese batallón del submundo de la protagonista que la ayuda en la superación de algunas de las pruebas más importantes que toda persona tiene que enfrentar en la vida. Además, los diálogos del personaje son rimados, en verso, dentro de ese equilibrio entre belleza y arte que compone todo el metraje, ¿cómo ha sido el proceso de meterse en la piel de Medusa?
Pues mucho trabajo con Eduardo. Tenía que hacer trabajo de improvisación, de laboratorio que lo llamo yo, para descubrir el alma de Medusa. En cuanto al texto, hablé muy claro con Eduardo sobre qué es lo quería decir cada frase exactamente, qué imágenes tenía cada palabra que yo tuviera que transmitir. Lo del verso, él tampoco quería que siguiéramos a pies juntillas las reglas, como recitando una poesía. Quería que transmitiéramos y que hiciéramos llegar exactamente lo que él deseaba expresar en cada momento y eso es lo que me parece más difícil; de hecho, creo que en la película a veces lo consigo y a veces no del todo.

La película habla principalmente de la adolescencia, de esta etapa en la que el mundo se vuelve indescifrable, en la que no se parece encajar con nada ni nadie y la búsqueda de ese lugar que sea solo para uno mismo. Participar en esta película, ¿ha hecho rememorar esa época de la vida?, ¿hacer las paces con la Verónica adolescente?
Sí, sin duda. Yo aún sigo arrastrando las consecuencias de esa época. Como la protagonista de la película, yo tuve un momento de choque, me encontré de pronto con el mundo y fue horrible. Se abrió un abismo y no me gustaba para nada. Primero descubrí cuál era el mundo en el que estaba viviendo y luego he ido recorriendo ese proceso de reconciliación que también se muestra en la película. Y aún así hay cosas que aún no me gustan, como el tema de la belleza que también recoge Eduardo. Me he visto muy reflejada en todo lo que tiene que ver con cómo están diseñadas las ciudades, porque realmente a mi no me gustan. La mayor parte de los edificios, la arquitectura de nuestras ciudades me parece muy insulsa, cada vez más de plástico, más igual, vacío, con sabor a nada. Las ciudades dormitorio me parecen la idea más fea que he visto, la de crear un espacio en el que la gente vaya a dormir para luego estar en la ciudad todo el día trabajando.

En medio de este regreso a la adolescencia, ¿cómo ha sido el trabajo con Alba García? La verdadera adolescente de la película y que vivía, además, su primera experiencia en la interpretación…
La verdad es que ella ya sabe un montón de cosas y es muy perceptiva. A mí me impresiona mucho cómo ve y como siente. Nosotros estuvimos tratando de arroparla y ella, en parte, sí lo necesitaba. Pero ella nos enseñó también muchas cosas a nosotras.



Desde luego que es una película totalmente diferente, sobre todo en cine de producción española. ¿Cómo cree que va a funcionar en taquilla? ¿Qué elementos tiene que puedan atraer a las salas a según qué tipo de público?
Creo que todas las clases de público se van a poder meter en la película si quieren meterse. Es una cuestión de elección, de que sea algo que le apetezca vivir a quién se siente en la butaca, que le guste lo que le proponen, porque es una propuesta muy concreta y muy particular. Creo que le puede gustar a gente joven y a gente más mayor. En Sitges hubo mucha diversidad de opiniones y de público. De lo que habla no tienen que ver tanto con edades como con el momento de cada uno, con saber identificarte.

Después de dos años desde que empezasteis el rodaje y una posproducción muy larga, ¿qué sentiste cuando viste por primera vez la película terminada?
Me emocioné muchísimo. Me quedé muy sorprendida con Alba, me encantó como había sido capaz de contar todo eso. Me estuve emocionando toda la película. Además, acababa de volver de trabajar Nepal, donde lo pasé fatal, fue muy duro, y cuando volví me hacía mucha ilusión que hubiera habido un movimiento como el 15-M, que luego se fuera a estrenar la película de Eduardo, que habla de cosas importantes, de ser uno mismo, de decir lo que se piensa, cambiar el mundo…

Venías de Nepal de rodar la nueva película de Icíar Bollaín, ¿cómo ha ido el rodaje?
Muy complicado... pero la verdad es que no pueda hablar todavía de ello.

A parte de Seis puntos sobre Emma, el debut en el largometraje de Roberto Pérez Toledo, que se estrenará en el próximo mes, ¿qué otros proyectos tienes pendientes o con ganas de emprender?
Hay otra película, una americana, The Cold Light of Day, que se estrenará en abril en Estados Unidos y ahora estoy en proceso de crear algo de teatro, mi segunda vez en teatro a nivel profesional. Estoy hablando ya con un director, pero prefiero no decir el nombre, ¡por si se gafa!
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios