La decisión de Atenas de someter a un referéndum el segundo rescate a Grecia ha causado un auténtico terremoto fuera y dentro del país, reflejado en el desplome de las bolsas y en la exigencia de elecciones anticipadas por parte de un número creciente de parlamentarios griegos. El temor a que los ciudadanos griegos digan "no" al plan de rescate aprobado por la Eurozona, que incluye impopulares medidas de ahorro a cambio, entre otros, de una condonación del 50 % de la enorme deuda del país, se apoderó hoy de los mercados en el Viejo Continente, donde las bolsas sufrieron pérdidas generalizadas.
Giorgios Papandreu anunció en la noche del lunes que convocaría un
referéndum sobre el segundo rescate a Grecia. Ha caído como una bomba. En la economía, en la política. Ha puesto en jaque, con unas pocas palabras, a todo el sistema político europeo y ha hundido las bolsas y la cotización del euro. ¿Por qué?
La razón es evidente con sólo echar la vista atrás una semana. Con los acuerdos alcanzados en Bruselas, tras 14 cumbres europeas celebradas en 21 meses, se decía que por fin Europa había encarrilado el problema de la deuda soberana de sus Estados más manirrotos. No lo había solucionado definitivamente, pues quedaba casi todo el trabajo por hacer, a lo que había que sumar (todavía hay que hacerlo) la incertidumbre en torno a la recuperación de la economía. Pero sí contaba al menos con un camino creíble hacia la conducción del problema sin que éste acabase por engullir a Europa, con todas sus instituciones. Los mercados respondieron aliviados.
Papandreu ha puesto todo eso en solfa. El 60 por ciento de los griegos, según las encuestas filtradas a los medios extranjeros, son
contrarios al plan de rescate. La contestación en la calle es evidente. Es violenta, incluso. La indignación, la genuina indignación, no un epíteto convertido en un lema, devora a los ciudadanos de a pie, que ven absortos cómo las promesas de toda una vida se desmoronan sin que puedan hacer nada al respecto. No quieren más recortes. No quieren que nadie les diga que, en realidad, estaban viviendo muy por encima de sus posibilidades. La democracia se basa en promesas. Las promesas corrieron más rápido que la riqueza que las haría posibles. Y la realidad cayó como un telón que da fin a una función. Tan absortos estaban los griegos en la función que no se dieron cuenta de que la realidad era otra. Ahora se rebelan contra ello.
¿Porqué Giorgios Papandreu pide ahora un referéndum? Porque así le da la vuelta a la situación. Vuelve a situar a la democracia como instrumento para reconocer la verdad. La de las reformas. La de los recortes. La de la caída en el nivel de vida. Ahora que los políticos se han visto forzados a atenerse a lo que hay, Papandreu quiere que el pueblo también lo haga.
Había otra opción, claro está, la de celebrar unas nuevas elecciones generales. Pero éstas le desplazarían del poder, muy probablemente. Un referéndum puede mantenerles. Pero es una apuesta arriesgada, pues por el momento las apuestas están en su contra. Tiene a su favor que el rechazo de los griegos al rescate sería tan catastrófico que muy probablemente tengan que votar a su favor. Pero jugar con la catástrofe no deja de ser un juego aterrador. Es la ruleta rusa.
Los gobiernos europeos celebran
reuniones de urgencia. Los inversores huyen como del vacío de todo lo que no sea más que seguro. El ministro de finanzas, que no conocía las intenciones del primer ministro heleno, ha tenido que ser hospitalizado de la impresión que la causó la noticia. El ministro de Defensa ordena el relevo de la plana mayor del Ejército, en lo que parece, desde fuera, una operación para abortar un eventual golpe de Estado. Pero
Der Spiegel, por ejemplo, le defiende. En primer lugar porque “el primer ministro necesita legitimidad para sus acciones”. En segundo lugar porque “la oposición está obstruyendo” la labor de Papandreu. Y en tercer lugar porque las huelgas están produciendo un enorme daño a la economía. Necesitamos que el pueblo se responsabilice de las medidas de austeridad que él mismo está sufriendo, dice Der Spiegel, para acabar con el círculo vicioso de las huelgas y la respuesta en la calle. Es, como decíamos antes, la oportunidad de reconciliar la democracia con la realidad.
Mas el mercado huye de la incertidumbre, y como señala la
agencia Fitch, la propuesta de referéndum es una amenaza a la estabilidad del bloque del euro. El propio Der Spiegel reconoce que si Grecia rechaza el rescate, tendrá que salir del euro. Y que una vez abierta esa brecha, será muy difícil que no se cuelen por ella “Portugal y España, y tras ellas, Italia”. Sería el fin del euro, tal como lo conocemos. Y puede que de la propia UE. Pero quizás el referéndum sea el único modo de asegurarse de que Grecia seguirá adelante con el tortuoso camino que le saque del atrolladero en el que se encuentra.