“Super” Mario Draghi ya se ha sentado en la silla de Trichet, y que antes fue de Duisemberg, y ya sabemos qué ha venido a hacer. Este jueves, en su primera decisión nada más tomar posesión, ha rebajado los tipos de interés en 25 puntos básicos. Un punto básico es la centésima parte de un punto, de modo que la rebaja ha sido de un cuarto de punto: del 1,50 al 1,25 por ciento.
La noticia ha sorprendido al mercado. Bloomberg había preguntado a 55 economistas, y de éstos 51 habían dicho que mantendría los tipos de interés. Era lógico. Es nuevo. Es italiano. Necesita dar el mensaje de que mantendrá su independencia y luchará por mantener la estabilidad de la inflación. Como había comentado
al FT el economista de Barclays Capital William Callow, “sería sorprendente que Draghi liderase una revolución al tercer día de haber llegado”. Pues es exactamente lo que ha hecho.
Jacques Cailloux, del Royal Bank of Scotland, señalaba, a la hora de apreciar cuál es la forma de comportarse del BCE, que “consiste más en una planificación ante posibles contingencias que en tomar la iniciativa”, por lo que la grave deriva política que se está viviendo en Grecia no iría a modificar ese comportamiento del BCE. “No es el modo en que se comporta”, incide Cailloux.
Todo esto es importante resaltarlo. No por dejar mal a unos cuantos analistas, sino por dejar claro que parece que, efectivamente,
algo ha cambiado en el BCE. El órgano regulador está dispuesto a sacrificar la inflación con tal de ayudar coyunturalmente a los Estados europeos. Aunque en realidad no es del todo así. Veamos porqué.
Hay algo más. Una visión más pesimista sobre el futuro inmediato de la economía europea. Draghi señala, en su primera alocución, que “hemos observado un empeoramiento en los indicadores de actividad del PMI, en especial el de nuevos pedidos”, como ya hemos recogido en estas crónicas. Todo ello, más algunos indicadores importantes, “muestran un aumento de la probabilidad de debilitamiento económico”.
¿Y los precios? El propio debilitamiento de la economía, cree Draghi, se encargará de moderarlos. Es decir, Draghi no está despreciando el temor a la inflación, sino que está luchando contra la recesión y contra la deflación, entendida como caída de los precios.
Por otro lado, Draghi señala que la situación de Grecia es excepcional, de modo que sugiere que no entra dentro de los cálculos del BCE. Y que se atiene, por tanto, a su análisis de que Europa se encamina hacia una suave recesión y de que ya
no hay temor posible a la inflación. Otro mensaje que envía con esas palabras es que la cuestión griega no va con él. De este modo, la idea de que algo ha cambiado en el BCE no estaría tan clara. También ha dicho que la decisión de rebajar los tipos es unánime, con lo cual quiere decir que el cambio en la política monetaria no se debe al cambio en la dirección de la misma. Además no ha dado señales de que vaya a volver a bajar los tipos. Pero es posible que lo haga. Eso es, al menos, lo que espera el banco
Danske, que cree que volverá a rebajar los tipos otro cuarto de punto un cuarto de punto hasta el 1,0 por ciento, para mantenerse allí un largo tiempo. Esto lo hará, dice el banco, “en diciembre, cuando se espera que el BCE anuncie una rebaja sustancial en sus previsiones de crecimiento para 2012”. Con todo, dice el banco, la lectura de sus palabras parece indicar que su política se parecerá más a la de la Fed que a la de Trichet, con
más énfasis en el crecimiento que en la inflación. Esa es la fórmula mágica del “brujo” Draghi.