CRÍTICA DE CINE
Detrás de las paredes: Daniel Craig se enfunda la camisa de fuerza
sábado 05 de noviembre de 2011, 19:06h
Igualmente atractivo resulta a priori que el director sea todo un grande del cine, el irlandés Jim Sheridan, a quien hasta hace muy poco la crítica veneraba contando asimismo con el favor de un público agradecido con sus dramas de corte intimista. De hecho, lo primero que llama la atención de esta cinta claramente made in Hollywood es que detrás de la cámara nos encontremos con él. No es el primero que cruza el océano para saborear las mieles de los estudios de la ciudad de Los Ángeles, pero su trayectoria marcada por dramáticas historias ambientadas en su país natal no hacían presagiar que, además de cambiar de continente, Sheridan optará por cambiar de género de manera tan radical. En todo caso, adelantemos que el resultado no es bueno y, por desgracia, el propio director está plenamente de acuerdo con esta afirmación y ni siquiera se ha molestado en esconderlo. Su negativa a participar en la promoción del filme y sus intentos hasta de desvincular su nombre del proyecto no dejan lugar a dudas de que, a veces, lo de llenar de dólares los bolsillos puede salir demasiado caro.
Así, el realizador de filmes tan redondos como “Mi pie izquierdo”, “En el nombre del padre” o “The Boxer” llegó, no se sabe cómo ni por qué, a ponerse detrás de la cámara y de las paredes de una cinta que, también hay que decirlo, contaba con bastantes activos como para haber alcanzado un resultado mucho mejor. ¿Qué ocurrió? Lo que ha salido a la luz es que Sheridan quiso precisamente incidir más en los aspectos psicológicos del guión y en el drama de los protagonistas, pero se encontró de frente con los productores que empuñaban, con la seguridad que da eso de ser quien pone la pasta, el arma del efectismo y su correspondiente comercialidad. Sin sustos y sangre por doquier, debieron advertir al director, no hay taquilla y sin taquilla, no hay película. El rodaje se convirtió en un incómodo tira y afloja del que lo único bueno que salió fue el romance culminado en boda exprés de Daniel Craig y Rachel Weisz, ya que por lo que se refiere al filme, los productores tomaron la decisión de cambiar el montaje del director, rodando incluso algunas escenas nuevas sin él, y rehacerlo de manera que el resultado fuera, a su juicio, más comercial.
Que los responsables de Morgan Creek se equivocaron quedó claro ya en el estreno estadounidense que no contó con el respaldo de las taquillas y mucho menos, claro está, con el de la crítica. De modo que en Europa es de esperar que el resultado de la batalla librada por Sheridan sea aún más catastrófico. Uno de los pecados de Sheridan fue el de intentar no seguir al pie de la letra el guión de David Loucka, especialmente en cuanto a la construcción de los personajes y ello a pesar de que lo que salva a la cinta es precisamente contar con un reparto no sólo solvente, sino de máximo nivel. Craig convence y no sólo al inicio del filme cuando viste uno de esos impecables trajes hechos a la medida de su físico, también cuando parece a punto de enfundar una camisa de fuerza y sus ojos consiguen transmitir un desasosiego que sus frases del guión no transmiten para nada. Junto a él, Rachel Weisz y, especialmente, Naomi Watts están tan infravaloradas por unos personajes poco perfilados en el guión que no es de extrañar que Sheridan, a pesar de la tentación económica, le acabara por pesar más la tentación de seguir haciendo buenas películas.
Will Atenton, el personaje a quien interpreta Craig, es un editor de éxito que decide abandonar su trabajo para dedicarse a su familia y a escribir su primera novela. Entra en juego entonces la otra insustituible protagonista de este género de cine dedicado a las casas misteriosas situadas en un lugar idílico a las que huyen los estresados urbanitas. Pero la ansiada tranquilidad dura muy poco y la familia Atenton - bella y dulce esposa interpretada por Weisz y dos rubias y perfectas criaturas – enseguida empieza a escuchar voces, a ver oscuras sombras espiando tras la ventana y a desear no haber salido nunca del agobiante asfalto de la gran ciudad. Naomi Watts interpreta a la vecina que parece ser la única dispuesta a contar a los recién llegados la terrible tragedia que esconden las paredes del nuevo hogar y a apoyar al marido en su búsqueda de la verdad. Una verdad, por otra parte, que aunque sugestiva y con muchas posibilidades, el guión, a fuerza de dar tantos giros inesperados pero completamente fuera de tiempo, acaba por perder la fuerza que sólo llega a intuirse en un par de ocasiones a lo largo de los 90 minutos que dura la cinta.