La
ESA y la NASA han fotografiado una estrella joven,
ya descubierta antes de tomar la imagen. Fue el satélite infrarrojo IRAS el que localizó la fuente de luz brillante y le otorgó su nombre, IRAS 10082-5647.
Bruno Merín, astrónomo de la Agencia Espacial Europea, explica el acontecimiento.
El descubrimiento no es tan novedoso en cuanto a ciencia como en cuanto a belleza visual. “Es más un descubrimiento visual de una imagen sugerente de la belleza del cielo que un descubrimiento importante en el ámbito del estudio de formación estelar”, afirma Bruno Merín.
El avance científico se basa en una serie de ‘pistas’ que se han extraído del fenómeno: los colores de las nebulosas aportan información sobre la composición del polvo suspendido “como si se tratase de humo de un cigarrillo”, ejemplifica el experto, y con las formas se puede estudiar la interacción entre la luz estelar y la nube. Ambas pistas abren a su vez la posibilidad de que otras estrellas y otros planetas, como los de nuestro sistema solar, se generen en la nube iluminada.
No es la única imagen de estas características:“Imágenes igualmente espectaculares e igualmente útiles para el estudio de la formación de las estrellas las está obteniendo el telescopio espacial infrarrojo Herschel, de la ESA”, explica el astrónomo.
Durante el crecimiento de este tipo de estrellas, de masa solar o menor denominadas Herbig Ae/Be, se suceden varias fases donde la materia cae en la estrella central y se genera un disco de polvo rodeándola en el que
se pueden formar sistemas planetarios similares al nuestro. Este último proceso no dura más de una media de 10 millones de años.

Cuando observamos el cielo de noche vemos una inmensa mayoría de estrellas adultas. Las estrellas jóvenes y su fase de crecimiento, sólo se pueden observar en aquellas regiones donde las nebulosas estén presentes. Las estrellas Herbig Ae/Be, al ser relativamente masivas, cuentan con unas luminosidades muy grandes, de modo que pueden llegar a iluminar todas las nubes de polvo circundantes.
La distancia de la estrella no se ha medido por el satélite Hiparcos, perteneciente a la ESA. Éste “cartografió todas las estrellas a distancias menores de 326 años luz aproximadamente, luego necesariamente está más lejos que esa distancia”, detalla el investigador. Con lo cual, la cámara ACS instalada en el telescopio espacial Hubble, captó una luz emitida por la estrella fotografiada hace 326 años luz.
El nombre de la estrella ‘Herbig Ae/Be’ tiene su origen en el astrónomo americano George Herbig, científico que las clasificó en los años 60 como estrellas jóvenes, con una masa que se mantiene ente 2 y 10 veces la masa del Sol. Denominar a una estrella como joven es algo relativo, pues se refiere a una edad de unos pocos millones de años.
Una estrella pasa la mayor parte de su vida –miles de millones de años- en la ‘secuencia principal’, es decir, consumiendo Hidrógeno y Helio en su interior, hecho que permite que sean cuerpos con luz y calor propios. Las ya mencionadas estrellas Herbig Ae/Be se encuentran en la fase pre-secuencia principal. Si se suma el tiempo de la pre-secuencia principal y la fase final de una estrella no se alcanzaría ni el 10% de la vida estelar.
“El tiempo que las estrellas pasan en la secuencia principal es de miles de millones de años y es mayor cuanto menor es la masa de la estrella. Como referencia, el Sol tiene una edad de unos 4500 millones de años y se calcula que le quedan de vida otros tantos 4500 millones de años”, especifica Bruno Merín.