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Crítica de arte

El Hermitage en el Prado: fastuoso testimonio del arte

Elena Viñas
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elenavinaselimparciales/11/5/11/23
jueves 10 de noviembre de 2011, 18:49h
Actualizado el: 18 de noviembre de 2014, 15:36h
La exposición sobre la obra del Hermitage que acoge desde esta semana el Prado tiene todos los ingredientes para gustar y atraer a la mayor cantidad de público posible. La posibilidad de contemplar algunas de las piezas más significativas de su colección fuera de su ubicación habitual ya es una razón de peso para visitarla. Lo es aún más el hecho de que haya sido planteada como una miscelánea de arte de categoría, en la que no faltan pintura de estilos variopintos, escultura, artes decorativas y hasta trajes de época.
Entendidos y aficionados del arte celebran la inauguración esta semana de la exposición El Hermitage en el Prado, en la que han sido reunidas casi 180 piezas que vienen a condesar la esencia de la colección de este museo ubicado en San Petersburgo y considerado como una de las instituciones culturales de más renombre del mundo.

La oportunidad de visitar esta exposición se presenta como indispensable para todo aquel que guste de contemplar obras destacadas de la Historia de Arte. Tiene de bueno que no sólo abarca un género artístico, ya que han sido reunidas pinturas, esculturas, artes decorativas, trajes de época y tesoros de la antigüedad, sino que han sido seleccionadas piezas de épocas bien dispares, desde antes de Cristo hasta el siglo XX.

Adentrarse en las salas que ha habilitado el Museo del Prado para tamaño evento resulta un viaje en el tiempo, en el que a cada paso se descubre un estilo, una corriente o una tendencia artística distinta. Los colores que decoran sus paredes ayudan a discernir entre diferentes temas y guiar, así, en el apasionante recorrido de esta selección de la colección del Hermitage.

La sala anaranjada que da la bienvenida sirve para preparar al visitante para lo que le queda por ver. Los retratos de Pedro el Grande, Catalina la Grande y Nicolás I, cuyas colecciones están consideradas el germen de la actual, dan comienzo a la exposición que, en seguida, propone un vistazo a la ciudad de San Petersburgo a través de las vistas urbanas de Benjamin Petersson.

Un preámbulo que sirve para dar paso, escasos metros más adelante, a la primera sorpresa de la muestra: las salas que albergan las colecciones que llevan por título El oro de los nómadas de Eurasia y El oro de los griegos.

El oro predominante en las 26 piezas expuestas en este ámbito encandila a quien las observa, atrayendo su atención con una acertada iluminación que no hace sino destacar aún más la belleza de los pendientes, brazaletes, anillos o alfileres que descansan en vitrinas protegidas por cristales. De todas ellas, goza de especial protagonismo Peine con escena de batalla, aunque cualquiera destaca por su detallismo y fastuosidad.

El asombro se torna en admiración al pasar a las salas de color rojo que albergan los fondos de pintura, escultura y dibujos de los siglos XVI y XVII. Es aquí donde el visitante topará su mirada con piezas firmadas por Tiziano, Caravaggio, Velázquez, Ribera, El Greco, Rembrandt o Bernini.

El drama contenido de San Sebastián, de Tiziano, el manejo de la naturaleza muerta en Tañedor de laúd, de Caravaggio, la investigación de la expresividad de El almuerzo, de Velázquez, o la maestría demostrada por Rubens en Paisaje con un carro de piedras, a buen seguro que encandilará a quienes se paren ante estos lienzos. También lo harán otros trabajos de la categoría de Retrato de un estudioso, de Rembrandt, o El éxtasis de Santa Teresa, de Bernini. Pero no serán las únicas obras en lograr la atención del visitante. Quien no acuda a los nombres conocidos dará con piezas tan sorprendentes como Moisés con las Tablas de la Ley, de De Champaigne, o Perro guardián, de Potter. No se olviden de acercarse a contemplar los dibujos La Virgen con el Niño, de Durero, y Paisaje invernal con patinadores sobre hielo, de Jan Brueghel el Viejo.

Pero todavía aguardan sorpresas. En salas de color azul han sido reunidas pinturas, esculturas y dibujos del siglo XVIII tan destacadas como La Magdalena penitente, de Antonio Canova, o La Kreuzkirche en Dresde, de Bellotto, y piezas de orfebrería de Oriente y Occidente apabullantes por su suntuosidad y por su belleza a base de brillantes, oro, cristales o corales. Merece la pena pararse a contemplarlas con atención, sobre todo el delicado Ramo de acianos con espigas de avena en un jarrón.

Cierran la exposición las salas dedicadas al arte de los siglos XIX y XX, en las que han sido reunidas obras de Picasso, Van Dongen, Cézanne, Monet, Renoir o Gauguin. Es decir, un conglomerado de artistas a través de cuyas obras es posible apreciar la evolución del Impresionismo y la consolidación de las Vanguardias. La diversidad de la obra que alberga el Hermitage resulta evidente si se atiende a que las pinturas que dan por concluida la visita están firmadas por Kandinsky, Composición VI, de 1913; Léger, Composición, de 1924; y Malevich, Cuadrado negro, de 1932.

Información sobre la exposición:

Fechas: del 8 de noviembre al 8 de abril.

Hasta el 16 de enero: lunes de 10 a 20 h (último acceso a las 19h), de martes a domingo de 9 a 20h (último acceso a las 19h).

A partir del 16 de enero y hasta la fecha de clausura: lunes a sábado de 10 a 20h (último acceso a las 19h), domingos y festivos de 10 a 19h (último acceso a las 18h)

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