CRÍTICA DE CINE
[i]Anonymous[/i]: si Shakespeare levantara la cabeza
sábado 12 de noviembre de 2011, 10:41h
El realizador alemán Roland Emmerich, curtido en el cine de catástrofes gracias a cintas como "Independence Day" o "2012", abandona el género que le hizo famoso para abordar un polémico filme que pone en duda la autoría de William Shakespeare sobre las obras de teatro que se le atribuyen.
Con la provocación como el arma más comercial de todas, Ronald Emmerich firma su último trabajo, Anonymous, una cinta que presenta al escritor británico como un analfabeto incapaz de escribir una línea, que se estrena en nuestros cines este fin de semana.
El director alemán cambia radicalmente de género y, después de haber llenado las salas con ilustraciones catastróficas de un mundo en peligro como “Independence Day”, “2012” o “El día de mañana”, sorprende ahora con un retrato de la sociedad londinense de 1600 en la que las intrigas palaciegas, los romances prohibidos y las sangrientas venganzas dominaban la vida de la corte y, en definitiva, de todos sus súbditos. La figura central de la trama es William Shakespeare o, mejor dicho, la obra atribuida al mismo, porque lo que plantea este pretencioso drama histórico es, precisamente, que Shakespeare no tenía nada que ver con el alumbramiento del mítico Hamlet, ni con los amantes de Verona o con El Rey Lear, por citar sólo algunas de las obras cumbre de la literatura inglesa. Dicha teoría no es, en todo caso, nueva y la lista de posibles candidatos a ser los verdaderos autores de las citadas obras es extensa. Anonymous se decanta por el 17º duque de Oxford, un noble que “perdía el tiempo” en algo tan innoble como es eso de escribir dramas o comedias. En la época, desde luego, toda una indignidad. Pero Edward de Vere, duque de Oxford, no lo podía remediar y, además, encontró en ello la forma de llegar al pueblo e, incluso, según relata el increíble y por otra parte aburrido guión escrito por John Orloff, se vale de la representación de las obras para enardecer a un público harto de tanta manipulación por parte de la autoridad.
Sin embargo, lo peor de la cinta no es que se cuestione la autoría de Shakespeare. El más ilustre habitante de Stratford upon Avon nos aparece aquí, no sólo como un actor analfabeto que puede a duras penas leer para aprenderse su papel aunque incapaz de escribir una frase, sino además como un tipo burdo y mujeriego, ávido de dinero, sin sensibilidad alguna. Y eso, por muchas teorías de ilustres cabezas pensantes como Sigmund Freud o Charles Dickens que se situaron en el grupo de los incrédulos, cuestionando la autoría de Shakespeare, duele. Pero ya se sabe que nada como crear polémica con un personaje famoso montando una historia de ciencia ficción de las que tanto sabe Emmerich para aspirar al éxito en la taquilla. A la Historia, sencillamente, que le den. De hecho, el filme ha provocado acusaciones de falta de coherencia por parte de los expertos, pero igual ocurrió, por poner un ejemplo, con El Código da Vinci y ya pudimos comprobar que las voces de eruditos alzándose indignadas no perjudicaron en ningún caso a las ventas, que, al fin y al cabo, es de lo que se trata. Y como ocurrió con la citada historia y su adaptación cinematográfica, que además de falta de rigor histórico cometían otro pecado capital: la más absoluta falta de calidad, en el caso de Anonymous, sucede lo mismo.
Sólo una ambientación muy cuidadosa, una fotografía lograda y una interpretación a cargo de grandes actores, que se las ven y se las desean para dar algo de enjundia a sus correspondientes papeles, logran que cualquier espectador apasionado del séptimo arte de verdad no abandone la oscuridad de la sala. Y eso, que el principio promete con una presentación original de la historia a cargo de un actor de nuestros días sobre el escenario de un teatro de Broadway. Sin embargo, al primero flashback, la historia hace aguas y ni la mismísima reina del teatro, Vanessa Redgrave, en su papel precisamente de reina, es capaz de darle algo de color. Tampoco, claro está, lo consigue su hija, Joely Richardson, que interpreta a la reina en sus años de juventud, cuando tuvo la osadía de enamorarse y de tener un hijo secreto del citado duque de Oxford.
Completan el reparto, Rhys Ifans dando vida al estirado duque de Oxford; Sebastian Armesto, en el papel del personaje mejor perfilado, el del escritor Ben Jonson, elegido por el duque literato para que firmara sus obras y que, a causa de sus planteamientos morales a la hora de hacerlo, provocó, siempre según la película, que un falto de escrúpulos William Shakespeare – interpretado por Rafe Spall – se apropiara del éxito ajeno para la eternidad.