paso cambiado
PSOE, desastre ¿y refundación?
viernes 18 de noviembre de 2011, 09:32h
Si no media un milagro, el PSOE está a un paso del desastre. Electoral, sí, pero también como organización. La inconsciente labor de zapa del zapador Zapatero, con su salto de la sociademocracia al radicalismo, ha dejado las históricas siglas hechas unos zorros.
Repudiados los dirigentes de la época del felipismo, permutados por una generación de formas sin contenido, desfiguró el antiguo proyecto obrero y español, incluso el propio término socialista. El resultado, el conocido. El fracaso en la gestión, las improvisaciones, vaivenes, rectificaciones, ingenuidades y genialidades dio al PSOE la imagen de frivolidad aideológica, que si ya no tenía como referente a los viejos tipógrafos de Pablo Iglesias, tampoco podía contar con los coetáneos de la revisión socialdemócrata de Willy Brandt.
Tras la salida (aunque permanezca de cuerpo presente) de Zapatero, el intento de Rubalcaba de retornar a las esencias, al rodearse sin recato de Felipe González, Alfonso Guerra, Javier Solana o Carlos Solchaga, ha parecido una solución desesperada, coyuntural y sin futuro.
Primero, porque esta gente, en su mayoría en los setenta, ya no tiene ejército que aportar en la fatigosa lucha por el poder. Segundo, porque la generación de Zapatero también está desaparecida en combate al quedar sacrificada con su líder, como las concubinas indias con su maharajá, pues a todos ellos se le atribuye el pecado de su sumisión, sin contar con su falta de pulso personal. Es el mundo que se conoce como el de las Bibianas y las Leires, aunque haya bastantes diferencias a favor de las segundas (Pajín).
Además de ello, la crema del equipo de Zapatero ya fue transformada en jarrones chinos, con los Caldera, Sevillla, López Aguilar o Teresa Fernández de la Vega en paradero desconocido. Y el que podía hacer de puente, José Blanco, el hombre que, además de ser fustigador de los extraños, también hizo limpieza étnica de los propios para consolidar el zapaterismo, está en posición llamemos presuntamente inocente, es decir seguramente frágil.
De este colapso, el PSOE ha salido tradicionalmente por la vía de las federaciones, los llamados barones. El problema es que apenas le queda un par o tres de ellos, y capitidisminuidos. Griñán, enfrascado en un auto expediente de regulación de empleo; Carmen Chacón, refugiada como Astérix en la irreductible aldea catalana, y Patxi López, que depende del delicado hilo del apoyo del PP.
Y respecto a valores emergentes, Tomás Gómez, en Madrid, no tiene un bagaje demasiado potente que presentar, y Óscar López, que pintaba algo en Castilla y León, ha empezado una de esas demoledoras carreras de trending topic internáutico, pero no por sus genialidades sino por sus torpezas, meteduras de pata… y no me acuerdo de la tercera cosa.
A la vista del asunto, con un liderazgo poco claro, una ideología que se va del radicalismo al socialismo con veraneos en la socialdemocracia, y con un desastre en el poder institucional, que es lo que siempre ha amalgamado ese partido (pues es una organización de poder y no una utópica plataforma ciudadana), la salida se antoja complicada.
No me extrañaría, por tanto, que el PSOE se viera obligado a un proceso de refundación, tal y como abordó el PP con Aznar cuando se demostró que la persistencia en los equipos e imagen de Alianza Popular jamás superarían su imposibilidad de victoria.
Una refundación que no es tanto de personas (aunque se hace para sumar y depurar componentes) cuanto ideológica. Es absurdo que el PSOE quiera seguir siendo Obrero, porque nadie se lo cree. Pero es posible que sí pueda centrarse en la socialdemocracia. Y, desde luego, también podría hacer algo más de énfasis en una españolidad que Zapatero puso en almoneda desde que llegó, cuando nos transmitió que la Nación es un concepto discutido y discutible. Pero no por lo que dijo, sino porque lo llevó a la práctica en la carrera estatutaria que terminó como el rosario de la aurora en la chapuza del Estatuto de Cataluña.
No se vislumbra un caballo claro en la carrera socialista, pero sí se empieza a entrever que la batalla hasta el próximo Congreso Federal va a ser mucho más que entre personas. Será ideológica. Casi más que la que emprendió González para la eliminación del marxismo. Y en esa lucha por el modelo y la estrategia, es bien probable que algunos lleven la bandera de la historia, aunque esté hecha jirones; que otros quieran echarse al monte y otros más planteen una transformación sustancial: la refundación hasta en las siglas.
Claro que hay otra posibilidad. Que Rubalcaba logre el liderazgo tras un resultado decoroso, coloque de presidente honorífico a Felipe González, y ambos permanezcan en la oposición hasta que los mercados tumben al PP, si lo logran, o hasta que el cuerpo les aguante, que ya algunos no estamos para demasiados trotes.