Rajoy merece un tiempo de gracia
José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
lunes 21 de noviembre de 2011, 00:12h
Si un marciano hubiera visto ayer la imagen sin sonido de Mariano Rajoy, jamás hubiera sospechado que él y su partido habían ganado las elecciones de forma extraordinariamente contundente.
Más aún, si hubiera puesto el audio, tampoco habría encontrado más de dos frases de complacencia, no digamos de alegría y muchísimo menos de euforia.
Pero ese mismo marciano hubiera percibido, muy probablemente, que delante de él tenía un hombre extraordinariamente sensato, preocupado y determinado en lograr una empresa que casi es un milagro: la recuperación de España de la abisal crisis que padece.
Quizá no tuviera más remedio, pero Rajoy hizo lo que exactamente había que hacer. Un verdadero discurso de Estado en el momento en que nunca se producen, con los resultados electorales aún calientes y con un marcador de victoria demoledora y de derrota estrepitosa de su principal adversario. Un discurso y un tono que se reserva sólo para los grandes momentos, los más dramáticos. Para esos tiempos “interesantes” de los que nos gustaría que nos guardase Dios.
Ayer no valían gaitas, ni eso de “que bote Rajoy”. Estaba mirando una España desolada y una Europa desconfiada. Una izquierda que duda si echarse a la calle, y unos ciudadanos que están involuntariamente en esa misma calle, sólo que parados. Estaban mirando los inversores internacionales, los señores Merkozy y Cameron, los funcionarios del Banco Central Europeo y, si nos descuidamos, hasta Obama. Estaban expectantes los empresarios y banqueros españoles, y los autónomos, los pequeños empresarios y los trabajadores de este bendito país llamado España al que el vencedor electoral se refirió más en su estreno que ninguno de sus precedentes. Seguramente, porque no les hizo tanta falta como la falta que le hacen ahora a Rajoy, si quiere sacarnos de ésta.
Nadie podrá protestar por la falta de oferta de acuerdo. Rajoy se la dio a todos sin excepción. Y nadie podrá sentirse herido por la prepotencia del ganador, porque no se ha visto discurso más humilde, más realista, menos autocomplaciente y, por todo ello, más esperanzador.
La cuestión ahora es que la suerte de Rajoy está ligada a la suerte de España, y viceversa. Es posible que ambas terminen por sonreír. Y, desde luego, si hay una posibilidad de que esto suceda parece estar en la mano de este hombre tranquilo, que se puede conmover en la derrota pero que ha estado impasible en la victoria, como si ésta no fuera la suya y como si su única alegría posible se encuentre exclusivamente en la salida del túnel que envuelve a los españoles.
Con Rajoy nos espera de forma inmediata una oferta de acuerdo a todas las bandas, sindical, empresarial y política. Con el PSOE, CiU, PNV y otras minorías. Nos espera un Gobierno en el que Rajoy buscará la máxima cualificación, porque es una tarjeta de presentación ante Europa. Nos espera una gestión inmediata para la interlocución con Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy.
No mucho más se le puede pedir, porque oficialmente no estará en la Presidencia hasta dentro de varias semanas, que son plazos eternos cuando los mercados echan humo. ¿Sería mucho rogarles un tiempo de gracia? Seguramente, este señor paciente y constante se merece un reconocimiento a un éxito que él mismo (con la ayuda que se quiera citar, pero otro momento) se ha forjado.
Es su día. Otros habrá para comentar el enorme mérito de quienes han dejado en total devastación un partido histórico como el PSOE, o analizar por qué un grupo terrorista hasta antes de ayer tendrá grupo parlamentario en el Congreso de la Nación. O estudiar el despunte de meritorios francotiradores de la política a izquierda, derecha y donde quiera que esté Rosa Díez.
Será en otra ocasión. Éste es el momento de Rajoy, y España se pone en sus manos como último cortafuegos, mientras algunos preparan las latas de gasolina para ver si consiguen el incendio definitivo de España, que siempre hay gente para todo.
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Director general de EL IMPARCIAL.
JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL
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