Un complejo mapa electoral
martes 22 de noviembre de 2011, 21:30h
Lo evidente es que el PP ha obtenido una amplísima mayoría absoluta con 186 escaños en el Congreso de los Diputados, 32 más que en 2008, y que el PSOE ha sufrido una debacle al quedarse en sólo 110 diputados, 59 menos que en las elecciones anteriores. Si a esto le sumamos la amplia mayoría absoluta conseguida por el PP en el Senado y el control de la mayoría de ayuntamientos, diputaciones provinciales y comunidades autónomas tras las elecciones de mayo, la conclusión es que el PP dispone de un enorme poder para llevar a cabo sus políticas, y goza de un gran respaldo popular.
Mas si profundizamos un poco en los resultados del domingo, vemos que el PP sólo ha incrementado el número de votos en algo más de 550.000 respecto a las elecciones de 2008, y la subida no llega a 510.000 votantes más en relación a la mayoría absoluta de Aznar del año 2000. Teniendo en cuenta que el PSOE ha perdido más de 4.315.000 votos, el traspaso de sufragios del PSOE al PP es pequeño a pesar del enorme rechazo que las políticas de Zapatero han provocado entre los votantes tradicionales del PSOE.
Esto significa que el PP no ha capitalizado buena parte del voto centrista descontento con el PSOE, que posiblemente ha ido a UPyD en el conjunto de España y a CiU en Cataluña. Sin ese voto de centro es difícil gobernar con una amplia mayoría, excepto, como muestran estas elecciones, si se hunde el partido contrario. A la hora de gobernar, Rajoy debería tenerlo muy en cuenta si aspira a un segundo mandato, aunque incluso a él le parecerá demasiado pronto para plantearse esta cuestión cuando hay negros nubarrones sobre la economía española que exigen toda concentración y resolución. No obstante, el buen gobernante se caracteriza por mirar más allá del horizonte cercano: una política excesivamente conservadora o ultraliberal en lo económico podría alejar al votante centrista de la órbita del PP. Bien saben los que se dedican a la demoscopia que no es fácil un transvase de votos masivo y directo de un partido a otro que sea su más directa oposición, por lo que esos 550.000 votos no son tan pocos mirados desde esta perspectiva y puede haber muchos más dispuestos a dar el paso en la siguiente elección si el PP hace políticas centristas.
UPyD puede convertirse en una dura competencia por este voto, pues ha arrastrado hacia sí a un amplio porcentaje de votantes que han huido del PSOE y seguramente también de otros que han huido del PP en Madrid y en Valencia, donde los populares han perdido votos, quizá por la influencia negativa de los casos de corrupción, por políticas que tienen poco en cuenta al ciudadano, como los parquímetros que Gallardón ha puesto en zonas periféricas de Madrid donde son absolutamente innecesarios, por las subidas indiscriminadas de impuestos y tasas debidas al enorme endeudamiento del Ayuntamiento de la capital y por las políticas que afectan a la educación y a la sanidad pública.
Al PSOE no le queda otro remedio que hacer una profunda reflexión que vaya más allá de seguir echando la culpa a la crisis económica internacional. Buena parte de su voto se ha ido a opciones como IU, UPyD, CiU y EQUO. Es decir, el PSOE ha perdido votos por todos los frentes: izquierda, centro, nacionalismo catalán y ecologismo. Más problemático es afirmar que también Amaiur haya podido recibir votos de descontentos del PSOE en el País Vasco, porque hay que tener en cuenta que en este caso la abstención de la izquierda abertzale en 2008 frente a su participación en estas elecciones distorsiona bastante el resultado.
Encualquier caso, lo cierto es que el PSE ha perdido más de 175.000 votos e IU, que en otros lugares ha crecido mucho, ha perdido aquí cerca de 7.000 votos, por lo que pudiera existir un traslado de voto de izquierdas hacia el abertzalismo. En el País Vasco, el PP apenas ha subido, no llega a 800 votos más, mientras el PNV obtenía 17.000 votos más. En resumen, se confirma una mayoría nacionalista que dibuja un nuevo mapa electoral en Euskadi, lo que seguramente complicará mucho las cosas a Rajoy cuando unas nuevas elecciones autonómicas cambien el Gobierno, por lo que haría bien en sostener a Patxi López. Los socialistas vascos pueden verse tentados a radicalizarse hacia posiciones abertzales, pero conviene que antes mojen las barbas en Cataluña y en Galicia para no salir trasquilados, como de sus relaciones con ERC y el BNG, que siguen bajando.
CiU ha obtenido un gran resultado, en gran parte a costa del PSC. Buena parte del voto nacionalista socialista ha circulado hacia la derecha catalana, cuya política de recortes en sanidad y educación, entre otras materias, no le ha quitado votos a pesar de la intensa movilización social. Y ésta es otra enseñanza de estas elecciones: los movilizados no representan a la mayoría, ni en Cataluña ni en el conjunto de España. El voto del 15-M se ha mostrado disperso. Buena parte se ha ido a IU, que también ha recibido a muchos descontentos del PSOE y ha conseguido un gran resultado, otra parte posiblemente a EQUO y otros partidos ecologistas, otra parte al voto nulo y a la abstención, que algo han crecido, aunque menos de lo que algunos esperaban, y otra parte a una multitud de pequeños partidos, cuyo crecimiento, a pesar de que no han obtenido representación electoral, es otra de las características de estas elecciones. En resumen, un complejo mapa electoral más allá de
las apariencias.
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Profesor de Historia del Pensamiento Político
JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.
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