Por primera vez, el Jefe de gobierno dispondrá de poder ejecutivo
Los marroquíes elegirán un Gobierno innovador
miércoles 23 de noviembre de 2011, 14:50h
Sin embargo no se prevén grandes sorpresas en el escrutinio. Según todos los pronósticos será un gobierno de continuidad estructural, aunque todavía no se ven indicios claros de cual será la coalición que ganará las Elecciones.
Las mejoras introducidas en el Reino, en cuanto a libertades y derechos democráticos se refiere, aún parecen insuficientes para hacer salir a la gran mayoría del electorado de su inercia. Una gran parte de la población del país no se siente directamente concernida por la carrera política hacia las riendas gubernamentales que se disputan las 1521 listas que se presentan en las 92 circunscripciones electorales. El pueblo marroquí se limita a esperar los posibles efectos benéficos que tendrán sobre su vida cotidiana la “hoja de ruta” que ponga en marcha el próximo Ejecutivo.
Esta inercia social, una mezcla de indiferencia política y pasividad en el ejercicio de los derechos democráticos, se manifiesta en el escaso número de nuevos inscritos en el censo electoral. Según la normativa en vigor, los ciudadanos deben presentarse personalmente para inscribirse y recibir su tarjeta de electores. Pues según los datos dados a conocer por el ministro del Interior, TayebCherkaui, hasta hace tres semanas el número de inscritos se cifra en torno a los 13 millones seiscientos mil, sobre un cuerpo electoral potencial de cerca de 22 millones. De ellos un 55% de hombres y un 45% de mujeres. La maquinaria administrativa puesta en marcha en todo el país, compuesta de magistrados y funcionarios solo ha podido incorporar al censo anterior algo más de un millón doscientos mil nuevos electores, de los casi diez millones que aún no estaban inscritos; en su mayoría, 62%, en medio urbano; el resto, un 38%, en medio rural.
Sin embargo no es ésta la única preocupación de la Administración marroquí. El ministro Cherkaui también ha manifestado su inquietud en cuanto a la posible abstención de una parte considerable del electorado inscrito. Un rechazo a las urnas producto del llamamiento de algunas formación políticas de la izquierda y del movimiento islamista Justicia y caridad, secundado por los manifestantes del 20 de Febrero, homólogos de los indignados españoles, a no votar; junto con la idea ampliamente extendida en la sociedad de que el voto no es decisivo. En los anteriores comicios de 2007, la tasa de participación fue de un 37% de inscritos, es decir menos de un 20% del cuerpo electoral. En cambio lo que sí es decisivo, lo que inducirá a poner en marcha esa “hoja de ruta” tan esperada que plasme los vientos de la primavera árabe en Marruecos, será la orientación y las instrucciones que el rey Mohamed VI dé a las nuevas instituciones democráticas, piensa la mayoría de la población. En suma, la representatividad de que disponga el nuevo Ejecutivo, que en el mejor de los casos no superará el 25% del cuerpo electoral, no será en sí misma un dato imprescindible para descalificar el proceso electoral, pero sí un índice de la lentitud y la dificultad con la que la nueva Constitución penetra en las costumbres y en el tejido social.
Hay sin embargo datos que permiten vislumbrar una renovación generacional – un 88% de candidatos nuevos en las listas, un 36% de menos de 45 años y otro tanto de edad comprendida entre 45 y 55 años, así como un 90% de candidatos con formación secundaria o superior -, pero también lastres del pasado en cuanto se refiere a listas dominadas por vínculos familiares y tribales, caciques rurales o personas contaminadas por escándalos de corrupción.
Las Elecciones marroquíes serán seguidas con gran interés no solo por los países occidentales en general, sino por España en particular. De los dos escenarios más probables del resultado del escrutinio, el más favorable para el mejoramiento de relaciones hispano-marroquíes, que es una de las claves de la estabilidad en la región del Mediterráneo Occidental, sería el triunfo de una amplia coalición dominada por el partido Isticlal, incluyendo el islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo y a la Unión Socialista de Fuerzas Populares. El nacionalista Isticlal, además de ser el partido con más historia en el país con casi 70 años de existencia, es en su esencia un partido fundado en el islam como base de cohesión religiosa y cultural, y al mismo tiempo una formación política identificada con la monarquía como vínculo de unión de todos los marroquíes.
En clave española, las relaciones establecidas entre el Partido Popular ganador de las Elecciones en España, y el Partido del Isticlal marroquí, que se supone saldría en cabeza de los resultados según este escenario, son intensas, lo que facilitaría una mejor comunicación entre los dos gobiernos y la futura creación de mecanismos que permitan superar las crisis periódicas que se producen entre Madrid y Rabat.
El otro escenario es menos atractivo para las relaciones bilaterales, estiman fuentes políticas y diplomáticas tanto españolas como marroquíes. Sería el de una coalición ganadora formada por el llamado G8 marroquí, que comprende una variopinta mezcla de tendencias políticas, liberales, modernistas, centristas, e incluso algún movimiento minoritario de corte islámica y socialista. De cualquier manera, la tarea que le espera al nuevo gobierno será difícil. El Programa de naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, acaba de publicar el índice anual de desarrollo, en el que el reino de Marruecos retrocede del puesto 116 al 130. Este elenco de países catalogados por Naciones Unidas, se hace en base a tres parámetros principales: salud, educación y renta. El retroceso de Marruecos en la tabla, da una idea del escenario con el que tendrá que lidiar el futuro Ejecutivo.