Las obras de 13 autores residentes en Marruecos, Argelia, Túnez o Europa han sido reunidas en el
Círculo de Bellas Artes en la exposición
Magreb: dos orillas, que puede visitarse hasta el 15 de enero.
La propuesta es sorprendente por el hecho de que los artistas son
jóvenes talentos del arte contemporáneo, cuyas propuestas no dejan indiferente. No lo hacen porque invitan a la reflexión, más si se atiende al convulso contexto político y social que atraviesan los países de los que algunos son originarios, así como por tratarse de trabajos bien elaborados, con fundamento y causalidad.

Un primer vistazo permite contemplar
Harragas, de
Kader Attia, una impresión sobre lienzo, en concreto sobre una imagen de
La balsa de la Medusa, de Géricault, en la que es posible distinguir imágenes de pequeño tamaño que relatan la llegada a Europa de inmigrantes en patera, en una propuesta magistral en la que su autor propone un diálogo entre la obra fechada en el siglo XVIII, sobre el naufragio de la fragata de la marina francesa Méduse, y el desarraigo y abandono del que son objeto estas personas.
Halam Tawaf es otro de sus trabajos. Se trata de una instalación compuesta por
latas de cerveza usadas rellenas de arena y dobladas por la mitad. Su disposición, en forma circular, invita a compararla con un momento de la oración habitual en el Islam, cuando quienes rezan se postran ante Alá.
No hay que pasar por alto las obras de
Mohamed El Baz, artista marroquí de lo más destacado de la exposición, cuyos trabajos presentados en la muestra están fechados en 2011, es decir, de plena actualidad. Sirve de ejemplo
Real Life, instalación compuesta por un bastidor de madera y neón, logra abrumar al visitante por la intensidad de su tonalidad roja, y
Bricolaje de lo incurable. Detalles. Never Basta, compuesta por cinco fotografías, en las que muestra a hombres, mujeres (y un maniquí) con el rostro cubierto por una llama.
Resulta igualmente interesante la obra de
Mounir Fatmi, cuyo trabajo aborda la cultura oriental en general y la religión musulmana en particular.
La gente sabe, la gente no sabe se posiciona como uno de los mejores trabajos aquí expuestos. Fatmi elabora en esta obra una epigrafía árabe a partir de un cable de antena sobre tabla de madera con un resultado gratamente atractivo. Algo parecido ocurre con
El mecanismo, en el que utiliza treinta hojas dentadas de acero para sobrescribir de nuevo palabras o letras en árabe (que lo distinga quien conozca la lengua).
Jardines de mis 6, 2009, de Chourouk Hriech. Rotulador sobre Papel Bristol. Galería Jean Gabriel Mitterrand
Conviene destacar la cantidad de soportes de los que hacen uso estos artistas para desarrollar sus creaciones. Así ocurre en la obra de
Karim Ghelloussi, quien trabaja la madera, o en la de
Chrourouk Hriech, quien hace uso del rotulador sobre papel Bristol. También hay lugar para soportes habituales como el óleo sobre lienzo en los trabajos firmados por
Driss Quadahi y en los de
Fouad Bellamine.
En el recorrido, merece la pena pararse a contemplar con atención dos instalaciones que son, cuando menos,
inquietantes. Una de ellas la firma
Younès Rahmoun, cuyo trabajo descansa sobre una práctica de meditación y una búsqueda metafísica. Algo tiene de estos ingredientes su obra
Markib, en la que hace uso de papel de calco, diodos y cables eléctricos para mostrar en absoluta penumbra una pieza en la que lo que parecen barcos de papel iluminados navegan en la oscuridad. Otra es
Miopía, un triple vídeo de Nicène Kossentini que repite insistentemente "Can you see them?”, una pregunta para la reflexión.
Información sobre la exposición:Magreb: dos orillas.En el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Hasta el 15 de enero.