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Ideas, más que candidatos

Javier Zamora Bonilla
martes 29 de noviembre de 2011, 21:18h
La derrota electoral del PSOE ha sacado a flote nuevamente la lucha por el liderazgo del partido, la cual Rubalcaba zanjó en su día impidiendo que Chacón compitiera con él en las primarias. Si finalmente deciden los dos optar a la secretaría general, ambos serán la cara de la contundente debacle, porque el resultado de las elecciones en Cataluña es tan malo, o peor, que el del conjunto de España. Es posible, como afirman varios analistas metroscópicos, que Rubalcaba haya conseguido movilizar a algunos votantes socialistas descontentos con la política del presidente del Gobierno y todavía incomprensiblemente secretario general del partido, y que sin Rubalcaba las cosas le hubieran ido aun peor al PSOE, pero lo cierto es que el candidato socialista ha conseguido el menor número de escaños del partido en nuestra reciente historia democrática y que muchos ciudadanos, incluyendo muchos simpatizantes socialistas, siguen viendo en él al vicepresidente de Zapatero.

Se habla también de otros nombres como posibles candidatos a la secretaría general, pero muchos de los que se mientan están tan próximos a la endeblez ideológica que representa Zapatero que difícilmente podrán separarse de su larga y pesada sombra. Incluso algunos, aparentemente críticos con él, como Tomás Gómez, en el fondo no traen en su mollera otro modelo, sino que más bien reflejan las luchas personalistas por el poder. Gómez, sin demasiado pudor, se atreve a intentar marcar las pautas a seguir, aprovechando para dar una lanzada a Rubalcaba, que no le apoyó en las primarias madrileñas, en vez de hacer un profundo examen de conciencia sobre la miseria a la que ha llevado al PSOE en Madrid.

Zapatero, y quizá también Rubalcaba, se han empeñado en asumir la derrota electoral como un gaje más de la normalidad democrática y han evitado cualquier asunción de responsabilidades, más allá de la mera retórica y de justificar el pésimo resultado en el descontento que ha provocado la crisis económica entre los ciudadanos. Rubalcaba ha expresado más o menos veladamente su intención de seguir y Zapatero, la de marcharse como había previsto, pero no antes, y ejerciendo el poder y su influencia dentro del PSOE, si es que le queda alguna, hasta el final. Por eso se ha convocado un Congreso “ordinario”, pero por más que se empeñen será “extraordinario” porque nunca el PSOE ha estado electoralmente tan mal y tan carente de un proyecto político que responda a las necesidades sociales de hoy. Lo más preocupante es que para este Congreso, por el momento, sólo se habla de nombres, como si el problema fuese sólo una cuestión nominal cuando lo que hacen falta son nuevas ideas.

Las transformaciones políticas y sociales que se han producido desde finales del siglo XX y que en gran parte han venido a dar la razón a los planteamientos sociales y políticos socialdemócratas, han hundido curiosamente a la socialdemocracia en una profunda crisis ideológica. Me atrevería a decir que la socialdemocracia esta muriendo de éxito como murió de éxito el liberalismo a principios del siglo XX, porque ha cumplido esencialmente los fines que se proponía. Y ahí está sin saber dar una respuesta original a una crisis que en buena medida se ha producido por un planteamiento ultra liberal en los mercados financieros, los cuales todo el mundo, incluidos muchos neoliberales, ahora creen que es necesario regular.

La caída del muro de Berlín dio la razón a los socialdemócratas que se opusieron al totalitarismo comunista, pero dejó a los partidos socialistas europeos sin un oposición a su izquierda, que en este momento resurge por la mala gestión que los gobiernos, de derecha o de izquierda, han hecho de la crisis y su olvido constante de los ciudadanos mientras se mantienen los privilegios del poder. Los socialdemócratas no saben bien cómo gestionar su relación con esta nueva oposición a su izquierda con la que comparten algunos puntos programáticos, pero de la que también conviene diferenciarse frente a su celo con algunos “-ismos”.

La tercera vía fue un intento, ahora muy criticado, de adaptar el discurso socialdemócrata a una economía de mercado en acelerado proceso de modernización y globalización por el impulso de las nuevas tecnologías y el surgimiento de economías emergentes muy pujantes. Resulta evidente que no se supieron marcar bien los márgenes de este modelo socialdemócrata frente al modelo neoliberal, pero está claro que estas líneas existen y que de su clarificación y defensa depende buena parte del éxito o fracaso futuro de la socialdemocracia.

Como se ha repetido en numerosas ocasiones, después de la Segunda Guerra Mundial los partidos de derechas europeos (liberales, socialcristianos, democristianos, conservadores) han realizado intensas políticas sociales, que ni siquiera en los momentos más ortodoxos de los gobiernos neoliberales han sido barridas del todo en Europa. El discurso de que la derecha va a suprimir el Estado del Bienestar no concuerda con la realidad de sus políticas, y lo que conviene a la socialdemocracia es definir bien cuáles son las políticas de bienestar realmente necesarias y sostenibles, qué límites deben tener y cuál es la gestión más eficiente de estas políticas, porque en esto precisamente --en la percepción del ciudadano sobre la gestión de estas políticas-- pienso que está una de las claves del distanciamiento de buena parte del electorado.

Por ejemplo, se hace necesario que la socialdemocracia presente un modelo claro de educación pública encaminado a la realización de una sociedad del conocimiento (pocos alumnos por aula, profesores bien formados, bien pagados y motivados, uso intensivo de las nuevas tecnologías, sin abandonar por ello una formación humanística: leer a los clásicos, aprender bien las lenguas, conocer la historia y los fundamentos filosóficos del mundo en que vivimos); un modelo factible y lógicamente financiable de sanidad pública que garantice no sólo una buena atención al ciudadano sino un trato humano (frente a la acumulación de enfermos en los pasillos de urgencias o a habitaciones con hasta 5 ó 6 enfermos); un modelo preciso de economía de libre mercado que facilite y fomente la inversión privada y el empelo, pero en el que el Estado tenga en su mano la potestad de regulación, todo lo mínima que se quiera pero necesaria, de los mercados para, v. gr., poner coto a la especulación que acaba empobreciendo a todos y al saqueo de intrépidos banqueros que se aprovechan del dinero público para sanear sus cuentas mientras se llenan los bolsillos con millonarias prebendas; un modelo realizable de bienestar para las sociedades europeas cada vez más envejecidas que garantice pensiones que permitan una vida digna y el apoyo estatal a situaciones de dependencia; un modelo social actualizado que sustituya el antiguo discurso de la clase obrera por un programa que comprenda la complejidad de las sociedades de clase media en que vivimos, sin olvidar los necesarios impulsos para proteger a aquellos sectores sociales cuya igualdad de derechos y libertades se ve cuestionada por la realidad como, todavía hoy en muchos aspectos, las mujeres y los inmigrantes, cuya integración no sólo social sino política debe ser parte del discurso de la izquierda. ¿Por qué la ciudadanía tiene que seguir dependiendo de la nacionalidad y no, por ejemplo, de los impuestos con los que se contribuye al erario público?

En fin, en un artículo no cabe un programa político, pero, para finalizar, conviene recordar también que la socialdemocracia europea tiene que tener igualmente un discurso diáfanamente europeísta, que permita salvar al euro de la especulación de los mercados y que fomente una mayor integración política para diluir cuanto antes los nacionalismos de todo signo.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de Historia del Pensamiento Político

JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.

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