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Bancos centrales, riesgo y oportunidad

jueves 01 de diciembre de 2011, 09:29h
Los cinco principales bancos centrales han arbitrado una medida para facilitar el préstamo de dólares a las entidades financieras de todo el mundo. Han sido los órganos reguladores de Canadá, Gran Bretaña, Japón, la eurozona, Estados Unidos y Suíza. Además, han anunciado que proveerán de la liquidez necesaria por todo el tiempo que sea preciso. El motivo alegado es que quieren evitar que las condiciones de acceso al crédito sigan deteriorándose, lo que condiciona la evolución económica hasta el punto de coadyuvar a la vuelta a la recesión en la eurozona.

La lógica detrás de esta iniciativa es la de darle algo de tiempo a Europa para atender sus graves problemas fiscales y financieros. Es cierto que el Viejo Continente está en un momento crucial. Por un lado, Alemania y Francia están intentando tomar las riendas de la situación, para imponer unos criterios de ortodoxia fiscal que, por otro lado, ellos violaron en el pasado.

Por otro lado, hay varios países en dificultades, que están luchando por salvar su situación. Irlanda está ya asomando la cabeza, merced a la flexibilidad de los mercados, a los recortes de gasto y a los bajos impuestos. Gran Bretaña todavía no ve los beneficios de los recortes ya practicados y lucha por aplicar un amplio programa de reformas. Portugal tiene un gobierno comprometido con medidas similares desde verano. Todavía es pronto para ver si sus esfuerzos son suficientes. Grecia está aún lejos de encaminar su situación y el nuevo presidente carece de la necesaria fuerza política. Italia está abocada a una gravísima crisis, si su nuevo presidente, a medio camino entre el tecnócrata y el político, no comienza a obrar milagros. Y en el ojo de ese huracán, España. El cambio de gobierno permite abrigar esperanzas, pero existen todavía incertidumbres, hasta que el equipo de Rajoy conozca la verdadera situación de las cuentas públicas y elabore un plan de reformas y recortes a la altura de la situación.

En un plazo relativamente breve sabremos si nuestro continente, si los Estados con dificultades dentro de él, han empezado a encauzar la situación o no. Para entonces, la actuación conjunta de los bancos centrales puede haber evitado el desastre inmediato. Pero si las reformas no se aceleran, no habremos avanzado nada, y habremos sumado futuros problemas causados por las nuevas medidas que, aún cuando quizá necesarias, inevitablemente, tienen un lado inflacionista.
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