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Koldo Mitxelena recordado por Ibon Sarasola

Juan José Solozábal
jueves 01 de diciembre de 2011, 21:40h
Sobre un patrón parecido al seguido en la Universidad de Verano donostiarra de hace dos temporadas al ocuparnos de diversos pensadores contemporáneos vascos, se ha comenzado a desarrollar un ciclo de conferencias en el Centro Ernest Lluch de San Sebastián, que ha arrancado con la figura de Koldo Mitxelena.

Pensamos Jon Arrieta y yo que Ibon Sarasola, como Maite Echenique, podría introducir perfectamente a un auditorio no especialista al ilustre errenterriarra. Ibón Sarasola es un eminente lexicógrafo con un background académico algo curioso, pues su formación originaria universitaria es la de ingeniero. Explicó matemáticas para lingüistas en la Facultad de Letras de Vitoria y sin sus conocimientos profesionales sobre la dirección de equipos no habría podido llevar a cabo empeños como la realización de un gran diccionario de uso del euskera en el que se encuentra inmerso en la actualidad. Ibón es compañero de colegio de una promoción anterior a la mía y a quien hacía casi cuarenta años que no veía. Tras la conferencia repasando, junto a Iñaki Gabarain, nuestras peripecias durante tanto tiempo, comenta su coincidencia en el barrio donde vivía en Barcelona con Iñaki Uriarte, del que desconocía su condición de gran dietarista. Tampoco sabía Ibon que Francisco Rico en su imprescindible antología de poetas españoles le ha publicado a él mismo un poema en euskera, Bat Hirian, traducido por Jon Juaristi.

En su parlamento Ibon Sarasola insiste en la condición casi providencial para la suerte del euskera de Luis Mitxelena , pues sin su actuación este idioma no habría sido capaz de cumplir con la tarea asignada a la lengua oficial en la Comunidad Autónoma recién establecida. Resulta que Euskadi se estrenaba como unidad política tras la fragmentación foral histórica (con la excepción del breve paréntesis durante la guerra) al tiempo que el euskera batua se superponía, en gran parte gracias a los esfuerzos de Mitxelena, sobre la fragmentación lingüística dialectal.

Es admirable el tesón de Mitxelena por afirmarse sobre unas condiciones de vida extraordinariamente duras y azarosas, una vez convencido de que su destino en este mundo era llevar a cabo respecto del vasco una tarea semejante a de Menéndez Pidal con el castellano, conclusión a la que llega en prisión tras leer La gramática histórica española. En las trincheras del frente en Villareal se acompaña de la gramática de griego de Goñi, y durante sus años de cárcel no le mella el ánimo la incertidumbre de la supervivencia, cuestionada al presenciar espantado durante meses prolongados las “sacas” de sus compañeros de celda.
Mitxelena obtendría el certificado de penales para acceder finalmente a la condición de funcionario gracias a la treta que le recomendó Antonio Tovar. Se trataba de hacer la solicitud de tales papeles dos veces inmediatamente sucesivas. En efecto, cuando el funcionario receptor de la segunda solicitud fue a consultar el expediente correspondiente no lo halló pues en ese momento estaba siendo examinado por el funcionario requerido en primer lugar.

Mitxelena es una vasco tan caracterizado por su firmeza, pues jamás dudó sobre el destinatario de su lealtad política, ya que se sintió siempre nacionalista, como también por su ductilidad o realismo, admitiendo sin incomodidad la inserción de Euskadi en el marco político español. Ibón Sarasola cree que Mitxelena no fue independentista, quizá porque la trascendencia institucional de las posiciones políticas, según él, se habría de abordar más desde una perspectiva racional que sentimental. A la Comunidad Vasca, había declarado a Martin Ugalde en 1974, Hablando con los vascos, “me siento ligado de una manera primaria, anterior y posterior a toda reflexión.Tengo, añadía Mitxelena , plena conciencia de pertenecer, además, a comunidades más amplias, pero aquí junto al sentimiento, pesa también la razón; a menudo más que el sentimiento.”. Vivió muy a gusto durante buena parte de su carrera profesional en diversos lugares de España. En Salamanca coincidió en el mismo edificio con Tomás y Valiente del que fue gran amigo. Aunque no atendió la solicitud que se le hizo desde la Universidad Autónoma de Madrid, confiando en que su destino final universitario fuese, como ocurrió, la Universidad del País Vasco.

Nunca ligó de acuerdo con un estilo competitivo absurdo la recuperación social o académica del euskera a la preterición del castellano. Y lo dijo de modo bien gráfico: “'Gaztelania ere hemengoa da” ( el castellano también es de aquí) . Era una frase suya que constituye, por cierto, un rechazo contundente de quienes deducen de la consideración estatutaria de las lenguas respectivas como propias, la atribución a la lengua común, o sea el castellano, la condición de lengua extraña o inapropiada.
Debí ser en el auditorio del local del Centro Ernest Lluch el único que podía aportar el testimonio auténtico de quien fue su alumno. Recuerdo en efecto su clases de Prehistoria, en la Villa Mundaiz donde se impartían las enseñanzas de Filosofía y Letras. Don Luis explicaba con pasión sobresaliente y gran erudición, mientra consumía cigarro tras cigarro con su boquilla filtrante. Varios años más tarde con la delicadeza que le caracterizaba nos acompañó en la sobremesa, tras la presentación de mi tesis doctoral en una conocida Sala de Cultura de San Sebastián…

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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