Un momento prometedor
sábado 03 de diciembre de 2011, 19:17h
La letanía habitual es: crisis, paro, dudas sobre si hay o no un futuro para los jóvenes... Pero demos la vuelta a las palabras; a veces, conviene ver su reverso para entenderlas. Una crisis es un momento de decisión. Una crisis da la ocasión de enfrentarse con una realidad largo tiempo esquivada. Suena bien. Ser joven es sentirse con energía y ansioso de cierta claridad moral. Suena aún mejor.
¿En qué momento estamos? Por referirnos a lo más próximo, estamos en España con los resultados de unas elecciones que dan testimonio de que, al menos, el país ni está loco ni ha perdido el instinto de supervivencia. Ha dejado claro que entiende que la situación económica es un desastre; que la responsabilidad de ello le corresponde, en muy buena parte, a una gestión de bastantes años de los gobernantes socialistas; y ha aplicado un remedio simple y claro, que consiste en echarles del poder y poner en su lugar a unos adversarios que dicen que van a hacer lo contrario, más o menos, de lo que hicieron ellos. Suena normal.
Además, los españoles han decidido hacerlo según las reglas, y asumir el coste de que se prolongue la responsabilidad de los gobernantes salientes. ¿Que nos apremian los alemanes? La respuesta puede ser: ustedes son muy puntillosos con sus reglas constitucionales, pero también nosotros somos un poco formalistas. Tenemos nuestras reglas. Incluso les podemos decir: fíjense en la señal que les enviamos de que “cumplimos las reglas”; lo que sugiere que también las cumpliremos en lo que atañe a controlar el gasto y hacer las reformas, cuando llegue el momento, muy pronto.
¿Que esta respuesta tiene un toque, también, de insensatez? Pues, sí. ¿Para qué negarlo? Hay poca sensatez en postergar unas reformas necesarias cuando el tiempo apremia y la situación se torna cada día más difícil, con la insistencia alemana en que cada país asuma su responsabilidad (lo que es muy correcto), pero también con su rigidez a la hora de proporcionar un margen suficiente de liquidez a los países periféricos en dificultades (lo que puede ser imprudente). Y magro consuelo es que la lentitud de los españoles en cambiar sus gobernantes venga pareja con la de los europeos en tomar sus decisiones, porque puede que la sinrazón sea contagiosa, y nos hundamos todos.
Europa tendrá que hacer unos deberes que nunca ha hecho. Pero centrémonos en el meollo de la cuestión de lo que está más a nuestro alcance. Los nuevos gobernantes españoles tendrán una mayoría absoluta, y cuentan con un amplio margen de maniobra. La mayoría de los españoles entiende la gravedad de la situación, da por supuesta la dirección de las reformas, desea que éstas sean rotundas y rápidas, y espera que sean efectivas.
El terreno está bastante despejado. Los socialistas se han quedado con poco más de siete millones de votantes, y aunque se hacen ilusiones de recuperarse y subir, saben muy bien que pueden bajar, y mucho, pues tienen unos comunistas ávidos a su izquierda y un partido bisagra interesante por el centro. Habrán de aguzar el ingenio. Dado que la sociedad se juega su supervivencia los problemas territoriales tendrán que modularse con cuidado, porque no está la sociedad como para distraerse, u ofuscarse, precisamente ahora. Algo parecido puede aplicarse a los propensos al uso y al abuso de la huelga o la calle. Todos tendrán, tendremos, que razonar con frialdad; cosa buena, en particular, para quienes se hayan malacostumbrado todos estos años a repetirse e interrumpirse, y a observar y analizar las cosas con desidia.
Salvo que ocurra un terremoto, el campo de juego está escorado, por la fuerza de los acontecimientos, hacia la sensatez. Tanto nos jugamos, que hay una buena oportunidad para tener éxito. Seamos optimistas y pensemos que vivir en este arranque del siglo XXI es un don y es un reto, que puede mejorar sustancialmente nuestra capacidad, tanto para la contemplación como para vivir en vilo. Y, quizá, tanto para sobrevivir como para hacer, incluso, grandes cosas.
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Sociólogo
VÍCTOR PÉREZ-DÍAZ es catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Director-fundador de Analistas Socio-Políticos (ASP), Gabinete de Estudios, miembro de la American Academy of Arts and Sciences y doctor en Sociología por la Universidad de Harvard.
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