paso cambiado
¡A por ellos, Rajoy!
viernes 09 de diciembre de 2011, 10:02h
Lo bueno que tienen las vísperas de las Cumbres europeas es que se puede desplegar un irracional optimismo. Esta vez sí, esta vez se sentarán las bases de la refundación europea y se asegurará el futuro del euro. Porque es imposible que vayamos a peor, ante lo mal que estamos. ¿O sí es posible?
Apliquemos la lógica, ante los temores. Ni Ángela Merkel ni Nicolás Sarkozy son conocidos por sus tendencias suicidas. En general, son pocos los Estados de la UE a los que les gusta jugar a la ruleta rusa. Tal vez sólo Grecia. Por lo tanto, un buen puñado de países, y un enorme puñado de millones de euros en PIB, están enormemente interesados (los países, claro, no los euros) en salir con las menores heridas posibles del barranco por el que Europa se está despeñando.
Por ello, se disponen a aprobar medidas, aunque sean parciales, fundamentalmente como música que pueda amansar a las fieras de los mercados. Mercados que se calman, al menos a corto plazo, con promesas, si se acompañan con algún proyecto verosímil.
La UE (y cada uno de sus miembros, especialmente los destacados) se empieza a dar cuenta de que está haciendo el ridículo. Porque ya la opinión pública europea, y la mundial, vislumbra que no hay sólo problemas estructurales, sino que hay un problema de competencia, de capacidad y de cualificación de los gobernantes, de Alemania y Francia para abajo.
Por eso, por vergüenza torera, de este pozo se saldrá con más o menos rasguños. Y eso va también por España.
La incompetencia gubernamental ha sido aquí especialmente clamorosa. Zapatero se ha caído del caballo a última hora, y sólo ahora, una vez despertado de la hipnosis de La Moncloa, empieza a situar el mapa europeo. Muy tarde, aunque algunos dirán que más vale así que nunca. Pero ya no es un obstáculo, e incluso parece una ayuda para Rajoy. Y la cuestión es ésa: ¿Qué puede hacer Rajoy por España ante esta UE desconcertada?
Quede claro, antes que nada, que ante esta crisis hay que adoptar muchas medidas. Pero una es previa a las demás, y se tiene que leer en clave psicológica y política.
Si Europa necesita liderazgo e ideas claras, lo mismo requiere España. Por eso, antes incluso de adoptar medidas, Rajoy tiene ya un reto: volver a situar a España como interlocutora principal del sanedrín europeo. Aunque los números aún no nos avalen. Que nos avale al menos nuestra seriedad pasada, o que lo haga el potencial de la cuarta o quinta economía continental. Que lo haga la perspectiva y la trayectoria que se atribuye a Rajoy y al PP. O que lo haga la necesidad de nuestros socios para que España no se caiga. Tanto da, pero España debe recuperar su protagonismo, y puede hacerlo, aunque estemos agobiados por la deuda y por el paro.
Rajoy ha sido recibido con alivio, y, conociendo al personaje, es difícil que defraude las expectativas, en cuanto a rigor y seriedad. Rajoy puede regenerar la situación de España como socio preferente, a sabiendas de que a los primeros que se ayudará será a éstos, al núcleo duro. El famoso corazón de Europa, si se acuerdan, pero conquistándolo como Don Juan, y no como doña Inés Zapatero.
No es imposible que suceda. Más difícil parece que los ciudadanos españoles, los múltiples interlocutores políticos y sindicales (¡hay que escuchar las soflamas esperpénticas de Cayo Lara o Cándido Méndez!), entiendan el proceso y acompañen en su solución.
Pero, como estamos en vísperas de algo que no puede ser peor de lo que es, tampoco es insensato dedicar un minuto al optimismo.