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Crónica económica

Disciplina fiscal alemana para todos

viernes 09 de diciembre de 2011, 20:25h
Hay un principio de acuerdo de 26 países para la resolución del problema fiscal de la UE. Del problema actual y de los que puedan venir en el futuro. Está basado en una idea que no parece descabellada: No se puede gastar más de lo que se ingresa permanentemente. Pero el acuerdo también tiene sus riesgos.
Esta mañana eran 23 los países que se sumaban al acuerdo, y por la tarde han sido finalmente 26. Es decir, todos excepto la Gran Bretaña. David Cameron ha dicho que su país jamás pertenecerá al euro, porque no están dispuestos a las cesiones de soberanía a las que están obligados el resto de naciones que comparten el euro. ¿Qué cesión de soberanía es esta? ¿Qué disciplina (alemana) están obligados los miembros de la UE a asumir?

En primer lugar, esa disciplina no es la que quieren Francia y Alemania. Porque la negativa del Reino Unido implica que no habrá un cambio de los tratados, de modo que se articulará como un acuerdo intergubernamental. Ello plantea un problema muy curioso. Todos los miembros de la Unión Europea, salvo uno, firman un acuerdo para cooperar en materia fiscal. ¿Qué papel tendrán las instituciones europeas, como la Comisión o el Consejo Europeo? Porque estas instituciones están guiadas por el actual Tratado, y éste no se ha cambiado. Por otro lado, si las instituciones no pueden imponer sanciones que no están previstas en el Tratado o de una modificación del mismo, ¿cómo se impondrán?

Dos: Los Estados se comprometen a introducir en sus Constituciones una “regla de oro”, es decir, un límite máximo constitucional al déficit que pueden asumir sus Estados. Se abre la mano en el caso de que se alcance una recesión, pero quedará entonces definido un protocolo de compensación que mantenga el objetivo a largo plazo. Ese objetivo es del 0,5 por ciento del PIB.

Los firmantes acuerdan, en tercer lugar, someterse al veredicto del Tribunal Europeo de Justicia, que tendrá la capacidad de bloquear los presupuestos que supongan una violación de los límites máximos. Por otro lado, aunque el objetivo sea del 0,5 por ciento del PIB, esos límites máximos son los que marca el actual Tratado: El 3,0 por ciento de déficit y el 60 por ciento de deuda. También se prevé la imposición de sanciones.

¿Por qué no quiere el Reino Unido sumarse a un acuerdo que en principio suena razonable? En principio por un motivo, que es la pérdida de la soberanía. El surgimiento de la democracia está históricamente muy unido a Inglaterra, y tienen el suficiente aprecio a sus tradiciones y a la misma democracia como para no permitir que dirijan su política presupuestaria y económica desde un despacho de Bruselas. ¿Cómo echárselo en cara?

La izquierda española observa atónita este desarrollo. ¿Cómo es posible que todos los países, con la excepción del Reino Unido, se hayan sumado a un acuerdo que limita las posibilidades de hacer una política fiscal para salir de la recesión? Más, cuanto que las instituciones europeas encarnaban el bien, y el Reino Unido el mal, ya desde la llegada de Margaret Thatcher, en 1979. De hecho, la crítica que se hace desde nuestra izquierda al último Zapatero, al Rajoy por venir, a Angela Merkel y a todos los demás es que está bien eso de reducir el déficit, pero ¿qué ocurre con el crecimiento? Esto es porque identifican el crecimiento con el gasto público.

The Wall Street Journal lo ve de otro modo: “El problema en la mayor parte de Europa no es la falta de gasto público, que típicamente supone cerca de la mitad del PIB. Es su fracaso en la creación de las condiciones para la inversión privada y para el crecimiento”. Y hace un pavoroso repaso por la política fiscal de muchos de estos países, comenzando por el Reino Unido, que no se diferencia en esto del resto, y siguiendo por otros que también han subido los impuestos: Francia, Italia, Grecia, España, Portugal… Hasta Irlanda, que ha subido el IVA. Es la respuesta de estos países a la situación de sus cuentas públicas después de que el FMI les pidiese, en 2008, que gastasen como si no hubiese futuro. Había futuro, ese futuro ha llegado, y tiene la forma que todos conocemos. Y aún peor, por lo que respecta a 2012.

The Wall Street Journal cita algunos contraejemplos europeos. Alemania, que pasó de la llamada al gasto público desenfrenado, y que ha mantenido el nivel de desempleo y está tirando del resto de Europa. Holanda, cuyos sindicatos han cedido en no permitir las jubilaciones anticipadas y en rebajar las pensiones para seguir manteniendo una fuerza de trabajo productiva. Eslovaquia, que mantiene su tipo marginal único del 19 por ciento, que le sigue convirtiendo en un lugar atractivo para la inversión extranjera. Y Estonia, que mantiene también sus impuestos, y que ha reaccionado a la crisis rebajando las remuneraciones de sus empleados públicos.
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