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RESEÑA

Wendy Guerra: Posar desnuda en La Habana

domingo 18 de diciembre de 2011, 17:37h
Wendy Guerra: Posar desnuda en La Habana. Alfaguara. Madrid, 2011. 208 páginas. 18,50 €
Anaïs Nin, autora francesa de origen cubano, español y danés, en 1922 viaja a Cuba, para reencontrarse con parte de su familia y, buscando las huellas de un padre ausente, escribe el diario por el que se hizo conocida en todo el mundo. Nin escribió muchos diarios, que luego se transformaron en libros –Henry y June es el más famoso, como suele suceder gracias a una película-, pero, además, existen diarios sin publicar, guardados en una fundación estadounidense que constan de más de 15.000 páginas.

A partir de aquel diario escrito por Nin en Cuba, Wendy Guerra proyecta un Diario Apócrifo, intentando llenar los vacíos o ficcionando a partir del silencio de la narración original escrita por la francesa. La Anaïs de Wendy Guerra llega a La Habana vestida como una loca –de negro sin estar de luto-, enferma a los pocos días y todo le parece nuevo y algo agobiante con la fecha de su boda con Hugo acercándose a pasos agigantados. La enfermedad no le permite salir, tampoco escribir demasiado. Pero pronto se las arregla y disfruta “para que no se me agote” la ciudad misteriosa, y comienza a descubrir los vínculos de su familia, por ende los suyos, con La Habana.

Un punto a favor para la autora es saber captar la sensibilidad poética o quizás algunos temas de Nin. Apunta Guerra en la primera línea: “Querido diario: Siempre llego tarde a lo que me fascina. Cuando pueda viajar en First Class ya no va a interesarme. Así soy.” Los textos de Nin y Guerra están claramente identificados –la francesa en cursiva, la cubana en redonda-, marca que, a veces, las menos, contrasta en contra de Wendy Guerra. La tesitura alcanzada por Nin en sus diarios, la profundidad, el distanciamiento de lo cursi y una melancolía inmanente y tan propia no son tarea fácil.

“Escribo, escribo como si granizara, y es esencia, es arroz de novios lo que me llueve sobre el papel, la tinta falla y se estrella en los granos, mientras me deshago en lágrimas lilas”, apunta una Guerra algo lamentable. Pero la narración sale a flote, con Nin o con los puntos más altos de Guerra. En la misma página, solo unas líneas más abajo: “No logro un retoque más humano, y es así que te veo y te nombro Hugo, coqueteando con las verdades, buscándole sus duros bordes.” Nin, como decía Henry Miller, escribía como un hombre y la Anaïs Nin de Wendy Guerra escribe como eran consideradas las mujeres en 1922. Demasiado olor a perfume, a flores recién cortadas. Sin embargo, la novela se deja leer con toda tranquilidad, nos encontramos a veces con una Nin ambigua, balanceándose entre la idea de estabilidad de vivir en matrimonio y las ganas de ser escritora o una mujer libre.

Un homenaje que representa, además de admiración, respeto por la maestra, dada la investigación genealógica, biográfica y literaria. Justamente lo más destacable es eso: la investigación o atención a Anaïs Nin. Quienes leen siempre agradecen que los autores sigan una cita. Como en el jazz, Autumn Leaves ha sido interpretada muchas veces y sigue siendo la misma canción. En Posar desnuda en La Habana, se vuelve a reescribir un diario, en el que nunca se pondrá punto final.


Por Gabriel Zanetti
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