¿Una nueva revolución en Rusia?
domingo 25 de diciembre de 2011, 02:10h
Las manifestaciones que tuvieron lugar ayer por toda Rusia denunciando las irregularidades de las últimas elecciones suponen un hito en la historia del país, como ya lo fueran las de hace dos semanas. Especial relevancia tuvo la celebrada en Moscú donde, desafiando las múltiples amenazas del Kremlin, miles de personas alzaron su voz contra una manipulación electoral cada vez más evidente. La reiteración de estas protestas supone que, en contra de las estimaciones gubernamentales, los ánimos de la oposición no sólo no se han enfriado, sino que han cobrado nuevos bríos.
Putin tiene un problema. Que no es -como ha repetido estos días- la ingerencia norteamericana que, a su juicio, es la que está agitando a las masas, sino las carencias democráticas de Rusia. Unas carencias provocadas en buena medida por sus métodos aprendidos al frente del KGB. Dicho de otro modo, una suerte de totalitarismo con barnices democráticos. La flagrante manipulación de las últimas elecciones ha puesto de relieve dichas carencias, y el empecinamiento de sus “vencedores” a la hora de hacer valer el fraude es tan preocupante como grave.
El problema, pues, es el sistema en sí mismo. Bien es verdad que la digestión del comunismo es harto complicada, pero entre la corrupción por un lado y los tics totalitarios del pasado por otro, a la sociedad rusa le cuesta mucho avanzar. Lo ha intentado en estas últimas elecciones, mostrando su descontento en las urnas, pero el “establishment” ruso -casi habría que decir “soviético”- lo ha impedido. Lo intentaba nuevamente ayer, en un claro mensaje al gobierno de no piensan cejar en su empeño de depurar los vicios del sistema. Es poco probable que Putin acceda a repetir las elecciones, pero debería tomar buena nota de la lección de madurez democrática que les están impartiendo muchos de sus conciudadanos. O eso, o la posibilidad de una contestación ciudadana al estilo de la “Primavera Arabe”.