PSOE: Oposición invertebrada
viernes 30 de diciembre de 2011, 21:19h
El castigo electoral sufrido por el Partido Socialista ha sido merecido. Incluso, moderado y tibio para sus merecimientos. Su botín de irreflexivos incondicionales resulta enorme. No puedo lamentar, por tanto, el rotundo, y aún menguado, varapalo. Tampoco comparto las quejas que hablan de la necesidad del socialismo y de su benefactor papel en la historia de España. No creo que su balance sea positivo. Julián Besteiro ha sido más excepción que regla. Pero el Estado español necesita una oposición vertebrada y el PSOE hoy no lo es. Lo malo es que tampoco hay alternativa, pues no puede ser una oposición vertebrada una amalgama de pequeños partidos dispares y opuestos entre sí. Eso es lo que obliga a promover y exigir la vertebración del PSOE, que no es posible, si estoy en lo cierto, sin un cambio profundo de proyecto político.
La oposición es una necesidad de la democracia. Sus funciones principales son el control y crítica del Ejecutivo y la preparación de una alternativa de gobierno. Ninguna de las dos funciones las puede ejercer con decoro el actual PSOE. No requiere una reforma del zapaterismo sino una ruptura radical con él. Y no parecen los dos principales candidatos (uno expreso; la otra, de momento, tácita) personas adecuadas para esa tarea. Se necesita un “tercer hombre”, aunque haya problema de tiempos y plazos. Pero no es una cuestión de personas. Esto es secundario. Lo principal es el cambio de proyecto político, y esto es lo que no vemos. Se reconocen errores, pero sólo en la gestión de la crisis económica. Pero ha habido errores, a mi juicio, aún mayores. Entre ellos destacan la ruptura del espíritu de concordia de la Transición, la implantación de un proyecto de ingeniería social contra, más o menos, media Nación, la invocación de una segunda transición y la reivindicación de la II República, que no fue precisamente la etapa de mayor concordia entre los españoles. El desafío para el PSOE no consiste en un cambio de estrategia o táctica, en un relevo personal, sino en una transformación radical que lo devuelva a la senda perdida de la moderación y la concordia.
Por eso resulta inquietante el diagnóstico de quienes atribuyen el fracaso electoral socialista, el mayor de la actual democracia, a una presunta traición a la izquierda y una entrega a los mercados y a sus torvos y ocultos intereses. Si el PSOE sucumbe a la tentación del radicalismo “quincemayista”, entonces eliminará todas sus posibilidades de convertirse en la necesaria oposición vertebrada. La enseñanza debería consistir más bien en que no se puede gobernar contra media Nación, y que es un grave error, que conduce además al fracaso, cambiar una sociedad sin su anuencia. Acaso los expertos en sociología electoral atribuyan el fracaso sólo a la economía. Incluso cabe invocar que la primera Legislatura de Zapatero, en la que avanzó decisivamente en su proyecto, se saldó con una victoria electoral (si bien no por mayoría absoluta). Por mi parte, creo que la terrible crisis económica es más bien síntoma atroz de una crisis política, intelectual y moral más honda. En cualquier caso, el PSOE debería, si quiere ejercer esa oposición vertebrada, cambiar su modelo político y abandonar los experimentos de raíz antiliberal realizados por Zapatero. En caso contrario, el PP no tendrá mayoría absoluta sino mayoría absolutísima. Gobernar consiste entre otras cosas en mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, especialmente de los más pobres, pero no en erigirse en autoridad moral y diseñar la sociedad como si fuera un artefacto en manos del gran artífice.
|
Catedrático de Filosofía del Derecho
|
|