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Cuadernos de China (II) : Un mosaico de culturas

domingo 01 de enero de 2012, 18:49h
Según una idea simplista y extendida en Occidente, China ocupa un sitio natural en la geopolítica mundial como reflejo político de una identidad nacional compacta: aquella derivada y heredera de los diversos Reinos del Centro, ya fuesen estos gobernados por Han, Mongoles, o incluso Manchúes. La realidad es bien distinta.

China es un país inmensamente rico en materia étnica.Aunque el 92% de los habitantes del país se identifican en la todopoderosa etnia Han, más de cien millones de personas pertenecen a alguna de las otras 55 “nacionalidades”reconocidas. Entre ellas se encuentran desde culturas y etnias no tan distantes a la Han -como losZhuang- hasta otras alógenas a ella, como los Uigures, Tibetanos y Mongoles.
La causa Tibetana es sin dudas más adeptos ha levantado en Occidente. El factor religioso ha jugado un papel esencial en la divulgación de las tensiones sino-tibetanas, y las numerosas y poderosas comunidades budistas de Occidente han contribuido activamente a difundir activamente la delicadeza de la situación existente en la región.

Sin embargo, no sólo en el Tibetse vive una situación complicada: la provincia autónoma de Xinjiang (antiguo Turkestán Oriental) es actualmente el mayor quebradero de cabeza de las autoridades de Beijing.

Las sucesivas oleadas de industrialización y desarrollo forzado han convertido a la antaño agreste provincia en una burda mezcla entre la Australia y el Yukón del siglo XIX para los emigrados Han, sobre todo gracias a la campaña de promoción del “Gran Oeste” iniciada por las autoridades del PCCh en el año 2000. Con una superficie equivalente a 1/6 del total del territorio chino y abundantes materias primas (en especial en cuanto a gas y carbón), Xinjiang es considerada como una pieza de caza mayor en la intrincada planificación estratégica del gobierno Pekinés. Hogar de la etnia Uigur y de otras 47, Xinjiang ha sido el escenario de violentos enfrentamientos en los últimos años -especialmente en los veranos de 2009 y 2011- que ejemplifican la creciente brecha entre Han y Uigures. La situación de pobreza programada y la falta de atención de la comunidad internacional han degenerado en una situación crítica, pudiéndose considerar que “los Uigures son los Tibetanos de los que no hemos oído hablar”, como define el abogadoy activista norteamericano Nury A. Turkel. Éstos han sido sistemáticamente marginados del desarrollo, quedando a merced de la falsa protección que otorga el sistema de nacionalidades.

En éste mismo campo, la discriminación étnico-religiosa también ha calado hondo. Como musulmanes, los Uigures, Hui y Dongxia han sido el blanco perfecto de una campaña de desprestigio orquestada tras los atentados del 11-S, que ha acabado con 22 Uigures en la cárcel de Guantánamo y con la estigmatización de comunidades enteras como posibles “agentes extranjeros”.

La paz tampoco está absolutamente asegurada en tierra Han. El resurgir de tendencias nacionalistas dentro del mismo grupo es notorio, especialmente en regiones históricas como Beijing (donde se vive incluso una furia “de lo manchú”), Shanghai y sobre todo, Cantón. Es en ésta última provincia donde han tenido lugar los altercados que han llevado a los habitantes de un pueblo pesquero a rebelarse contra las autoridades locales, acto que algunos han interpretado como una rebeldía con tintes localistas.

Antaño engarzada en el breviario oficial como un mal menor para no asumir la irrealidad de la políticadel “Homo Oeconomicus” -que Kapuscinskidescribió a la perfección en El Imperiocomo la sustitución de la multiculturalidad por una única cultura de la producción- el fracaso de la doctrina comunitarista empieza a aflorar en la China de Hoy. Como afirma el profesor Uigur Ilham Toti, las soluciones no se hallarán ni victimizando a las minorías, ni etiquetando al gobierno como carnicero en masa y opresor.

Es precisa una mayor apertura informativa y el cumplimiento de los estándares internacionales en materia de Derechos Humanos, con el inicio de un diálogo a tres bandas entre observadores internacionales, representantes locales y el gobierno central. Mientras tanto, el papel del Partido será escrutado con lupa, aunque su posición es invariable: la de querer ser “el verdadero Buda” y establecer el “orden normal”, tal y como ha proclamado a los cuatro vientos su ex-secretario general en el Tibet, Zhang Qinli.

¡Feliz año 2012 a tod@s!

Alejandro Barón

Investigador Jr. en la Fundación FRIDE

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