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Temas de futuro para la socialdemocracia

Javier Zamora Bonilla
martes 10 de enero de 2012, 21:26h
La candidatura de Alfredo Pérez Rubalcaba a la secretaría general del PSOE ha publicado en su página web, rubalcaba38.es, un documento programático titulado “Socialdemocracia renovada”. Es un texto interesante porque muestra bien algunos de los temas que la socialdemocracia debería priorizar en el futuro.

Sus propuestas –en un resumen que intento sea fiel al manifiesto– se centran en:

1. Profundización en la democratización del sistema político. “La socialdemocracia –se afirma en el documento– debe comprometerse con el progresivo reconocimiento de nuevos derechos, medioambientales, culturales, políticos, en el seno de las empresas, etc.”; “promover y recibir el impulso de la energía cívica”, incentivando la participación ciudadana en la toma de decisiones públicas junto a otras propuestas que ahonden en las virtudes de la democracia representativa; y promover una justicia más rápida, justa y eficaz.

2. Adaptación de la socialdemocracia al mundo globalizado (aunque el prometedor título de este epígrafe carece apenas de contenido en su desarrollo).

3. Economía productiva basada en el conocimiento y en la innovación, que sea capaz de generar empleo de calidad, y que al mismo tiempo tenga una orientación sostenible y otorgue un relevante papel al sector público. Este modelo económico tiene que tener como claves la productividad –conseguida a través de reformas modernizadoras, diálogo social y apoyo a la formación, a la investigación y a los sectores dinámicos y emergentes– y la competitividad, fundamentada en “la cultura del esfuerzo, la valoración del trabajo y el reconocimiento del mérito”.

4. Estabilidad fiscal que no ponga en riesgo el “suelo social” y que se base en la persecución del fraude, la gestión eficiente de los recursos públicos, la contribución progresiva en función de la renta y una mayor flexibilidad para alcanzar el equilibrio presupuestario exigido por Europa, que no entorpezca el impulso al progreso económico.

5. Políticas sociales que tengan como fundamentos “la fortaleza y garantía de la sanidad pública universal, la extensión de la educación pública de calidad, el mantenimiento sin recortes de la prestación por desempleo, la seguridad en las pensiones, la atención a las personas dependientes, el progreso de la igualdad, el modelo de diálogo y negociación”.

6. Una Europa más europeísta comprometida con los aspectos sociales y que avance en una mayor integración política, económica y fiscal.
Estas propuestas se sitúan acertadamente en el marco de la crisis económica actual. En el documento, se afirma que a finales del siglo XX “la democracia pluralista liberal” se había impuesto de manera definitiva, pero se señala también que ahora la crisis ha puesto esto en duda. Del texto se colige una clara defensa de este sistema político, pero es curioso que un partido socialdemócrata califique a los actuales regímenes políticos europeos de “democracia pluralista liberal” y no recoja, por ejemplo, otra expresión quizá más acertada y próxima a sus intereses, la del artículo 1.º de la Constitución española: “Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. Si algo ha triunfado en Europa durante la segunda mitad del siglo XX son las políticas socialdemócratas, que han enriquecido la base decimonónica de la democracia liberal, como bien demuestra el excelente libro de Sheri Berman The Primacy of Politics. Social Democracy and the Making of Europe's Twentieth Century (Nueva York, Cambridge University Press, 2006). Estas políticas han sido asumidas en gran medida como propias, bien que a su modo y con matices, por los partidos conservadores, por mucho que el documento se empeñe en criticar a los que afirmamos esto. La Europa de la segunda mitad del siglo XX no se entiende sin la asunción por parte de los partidos conservadores de lo esencial de las políticas socialdemócratas en sanidad, educación, pensiones, etc. Una de las grandes virtudes de la socialdemocracia es haber conseguido con sus políticas una sociedad más justa y haber hecho que éstas se convirtieran en fundamento jurídico de todos los países europeos. Reivindicar esta tradición y conservar lo esencial de la misma debería ser uno de los pilares en que se apoye hoy la socialdemocracia, sin perjuicio de idear formas para mejorar nuestros sistemas políticos.

Cuestión distinta es que determinadas posiciones neoliberales hayan emprendido desde hace décadas una dura campaña contra el Estado del Bienestar en pugna no sólo con la socialdemocracia sino también con tendencias conservadoras como la democracia cristiana, que desde finales del siglo XIX defiende valores de justicia social que van más allá de la tradicional beneficencia decimonónica de los liberales. Hacer de la derecha un totum revolutum de nada sirve a la socialdemocracia para diferenciar claramente sus propuestas de las de la derecha y marcar diáfanamente su propio espacio político, sobre todo ante un electorado de clase media más preocupado por la eficiencia de la gestión que por las disquisiciones ideológicas, y cada vez mejor formado y reacio a dejarse convencer por la política en blanco y negro que le quieren presentar los partidos políticos.

Acierta más, a mi modesto entender, el documento en la preocupación que expresa por el triunfo y expansión del mercado sobre la política en estos últimos años, aunque conviene matizar, como hace el texto, que es un determinado tipo de mercado, esencialmente financiero y especulativo, para no olvidar que desde sus mismos orígenes, la socialdemocracia, con Eduard Berstein, asumió, frente a las tesis de Marx, que el mercado tenía aspectos positivos, los cuales habían permitido que buena parte de la clase obrera mejorase su condición y se convirtiese en clase media.

Un aspecto, por el contrario, cuestionable del documento es su pobre definición de la política: “es lo que permite resolver los problemas de quienes no tienen la posibilidad de resolverlos por sí mismos”. Como eslogan que hace un guiño a los más desfavorecidos está bien, pero la política es algo bastante más complejo. Me preocupan también otras frases del documento porque suponen una tergiversación de la realidad y, si se quiere de verdad renovar la socialdemocracia, lo primero es partir de un análisis adecuado de nuestro presente y de nuestra historia. Pongo un ejemplo, aunque sea una cuestión menor. La afirmación de que la derecha nunca ha gobernado en medio de una crisis económica no se sostiene. Baste recordar los Gobiernos de la UCD, que, en medio de una situación política muy complicada como fue la de la Transición, hacen frente, no siempre con éxito, a los problemas de una economía desarrollista que sufre la crisis del petróleo, o el primer Gobierno de Aznar, que hereda la economía en crisis de los años noventa, cuestión que, junto a los casos de corrupción, hizo caer al último Gobierno de Felipe González.

Esta falta de sentido de la realidad me preocupa especialmente por la siguiente afirmación recogida en el documento: “La renovación socialdemócrata requiere pensar, construir, estar preparados y dispuestos a confrontar ideológicamente, volver a pelear por la hegemonía cultural.

Requiere ser creativos en nuestras formulaciones y fundamentar nuestras propuestas en un relato propio”. En esta frase se deja sentir el poso postmoderno que, pienso, ha perjudicado tanto al PSOE de Zapatero, porque no se trata de construir un relato, de fabricarlo al margen de la realidad, sino de reconocer y analizar la misma, y afrontar los problemas que en ésta se presentan con propuestas de futuro.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de Historia del Pensamiento Político

JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.

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