Guantánamo, la cuestionada herencia del 11-S
jueves 12 de enero de 2012, 01:13h
Este miércoles se cumplen diez años en que la base militar estadounidense de Guantánamo (Cuba) se convirtió en una cárcel para presuntos yihadistas, a raíz de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Quizá por ello, todos los que han estado detrás de sus rejas y alambres de púas,- al rededor de uno 800 detenidos-, así como 171 reclusos que aún alberga este polémico centro de detenciones, son musulmanes. La mayoría de ellos, según las ONG, sin tener vínculos o pertenecer a células terroristas como Al Qaeda y sus franquicias.
Las denuncias de vejaciones, torturas y violaciones de derechos humanos, ha sido la constante a lo largo de esta década, en donde el gobierno estadounidense, concretamente, la administración del expresidente George W. Bush, ha estado rodeado por un halo de polémica y bajo el escrutinio internacional, debido a que esta prisión es vista por muchos defensores de derechos humanos, como el símbolo de una cacería de brujas contra todos aquellos que procedían del mundo árabe o profesaban la religión de Mahoma.
Los atentados de 2001 ocasionaron un profundo trauma en la nación americana que, en la búsqueda de sus responsables, como Osama Bin Laden,-capturado y ejecutado por grupos comandos de EEUU el 2 de mayo de 2011-,comenzó a implantar una suerte de justicia visceral sin medir las consecuencias.
Es cierto que la amenaza del terrorismo islamista está muy latente en la sociedad occidental. España ha sido víctima en carne propia de ella. Sin embargo Guantánamo es un ejemplo a la respuesta del miedo, motivada más por los tópicos y las sospechas, que por las pruebas. Premisas que contradicen los ideales de libertad y justicia que la potencia norteamericana ha promovido y defendido a lo largo de su historia.