Primer examen parlamentario al Gobierno…con mala nota
jueves 12 de enero de 2012, 01:15h
El Gobierno se ha sometido a su primer examen parlamentario importante, en el que tenía que explicar el ajuste aprobado en real decreto el pasado 30 de diciembre, y que incluía una considerable subida del impuesto sobre la renta y del IBI. El encargado de defender la actuación del Gobierno ha sido el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Debiera haber sido el propio presidente, Mariano Rajoy, quien explicase en sede parlamentaria el brusco viraje de su política. Y, en lugar de aparecer ante los españoles en una entrevista enlatada, debía de haberlo hecho inmediatamente en su lugar natural: el Parlamente, que para eso, para “rendir cuentas” del dinero de los ciudadanos, se inventó la venerable institución. Si uno rompe una de sus promesas electorales y mete la mano en el bolsillo de los ciudadanos, tiene el deber de explicarlo y debe hacerlo cuanto antes.
En sus primeras palabras, Montoro ha saludado a “los miembros y miembras” del Ejecutivo, un uso impropio de la lengua española característico del anterior Gobierno. Un desliz, pero un desliz freudiano porque ilustra que los nuevos responsables no han roto del todo con los usos del señor Zapatero. Uno de ellos era ganarse espacios en los titulares con frases altisonantes y prediseñadas, como la de “medidas excepcionales para un momento excepcional” o el “agujero negro”, legado en el déficit por Zapatero. Gobernar para producir titulares e imágenes, visajes y sondeos (por ejemplo, los de Andalucía), en función de la realidad virtual, nos ha llevado a este desastre porque la realidad factual, que es una diosa vengativa, termina por imponerse con crueldad. La realidad económica es gravísima y acuciante y no va a esperar a los miserables cálculos de poder de los políticos profesionales. La inmensa mayoría de los ciudadanos lo saben. Y están preparados para escuchar realidades, por desagradables que estas sean. Por eso han votado como lo han hecho: para oír verdades, que no ficciones.
El Gobierno necesitará mejores razones que las aducidas para explicar porqué sube los impuestos. El propio Montoro denunciaba antes de las elecciones que el año acabaría con un déficit muy superior al comprometido por el gobierno socialista, pero hoy muestra una sorpresa impostada. El portavoz socialista, José Antonio Alonso, ha acertado al señalar esa contradicción, aunque no haya podido escapar a la crítica de que fueron los socialistas quienes pusieron al Estado español en este brete. El hecho de que las comunidades sean las principales responsables reparte culpas, pero no exime a Zapatero y sus ministros, pues el Ejecutivo permitió un gran aumento del gasto de éstas a cuenta de unas previsiones macroeconómicas irreales.
Cristóbal Montoro ha reconocido que el Gobierno ha renunciado a la que todavía dice que es su ideología por la urgencia del momento, y ha conminado al resto de la Cámara a hacer lo mismo. Como si las ideas no se refiriesen a la realidad o una política pragmática fuera algo contradictorio con el hecho de aplicar buenas ideas. Este Gobierno tiene aún que demostrar que tiene ideas propias y que está dispuesto a seguirlas con convencimiento.