España y Marruecos, condenados a entenderse
jueves 19 de enero de 2012, 01:11h
Mariano Rajoy efectuaba ayer su primera visita de estado en calidad de Presidente del Gobierno a Marruecos. Llama ala atención uno de los titulares elegidos por la prensa de aquel país para referirse a la visita en cuestión: “Rajoy visita a su mejor enemigo”. Las relaciones entre ambos estados nunca han sido fáciles. Si se elaborase una agenda con todos los puntos importantes que afectan de lleno a Madrid y Rabat, no bastaría un mes entero. De ahí que, para una primera toma de contacto, ambas diplomacias hayan bosquejado una “agenda de mínimos” a partir de la cual empezar a trabajar.
Por de pronto, la disposición entre ambos gobiernos es buena; lo suyo es que siga así. España no puede ni debe renunciar a la cuestión del Sahara, por más que incomode a la otra parte, aunque hace bien Rajoy en haberlo dejado en un segundo plano -sólo de momento-. Marruecos, por su parte, tiene en propiedad una serie de caladeros de pesca vitales para la flota española. Es perfectamente legítimo que, como país soberano que es, intente sacar beneficio de ellos, pero no hasta el límite de la usura. Y además, está la inmigración, asunto prioritario para ambos países. A Marruecos lo miran desde el Norte de Africa y el Sahel; a España desde el resto de Europa. Es imprescindible, pues, que haya un entendimiento fluido.