Los lujosos salones, comedores, suites y espacios de ocio, como el teatro o el casino, del barco Costa Concordia incluían 6.000 obras de arte como parte de su decoración. Sin restar importancia al número de fallecidos en el siniestro, este periódico se pregunta por el valor monetario de esas piezas y qué significa su pérdida para los artistas que las crearon. Las respuestas las tienen Nicola Salvatore, director artístico de Costa Crociere -propietaria del buque-, y los pintores Javier Garcerà y Fernando de Filippi. Esta es la historia de un museo flotante.
Tras el naufragio del buque
Costa Concordia, y pese a que aún no se conoce el número total de fallecidos, el coste del siniestro ha sido estimado en 500 millones de euros. De esa partida, EL IMPARCIAL ha podido saber que dos millones de euros corresponderían al valor económico de las 6.000
obras de arte que decoraban el barco, en el que había piezas de arte contemporáneo, antigüedades y xilografías japonesas. Se trata de una estimación de la que ha hecho partícipe a este periódico
Nicola Salvatore, director artístico de la empresa naviera Costa Crociere -propietaria del buque accidentado-. Al tratarse de una aproximación, matiza que "resulta complicado conocer con seguridad esa cifra", en referencia a las fluctuaciones del mercado del arte.

Encontrarse, obra del pintor valenciano Javier Garcerà.
De las obras que adornaban los espacios comunes y privados de la nave, 5.700 eran copias. El resto lo conformaban piezas originales entre las que, según Salvatore, figuraban “al menos 150 pinturas de pequeño y medio formato en las
suites, serigrafías en varias cabinas y 40 grandes lienzo en espacios comunes como el teatro y las tres escaleras principales”. A todas ellas hay que sumar 24 objetos de cristal datados entre 1815 y 1859,
jarrones de cerámica Zsolnay de los años 20, 50 y 60, y una colección de xilografías japonesas.
El interés de la empresa naviera por decorar sus naves de esta forma le ha llevado a considerar la inclusión de arte a bordo como una de sus marcas de identidad. Tanto es así que en su página web presume de que su colección artística representa "un testimonio histórico de la evolución del arte contemporáneo y del diseño en los últimos 60 años", ya que dispone de 4.000 obras originales y
50.000 copias en 14 naves.

Encuentro y disolución, obra del pintor Jordi García Pons.
Javier Garcerà, uno de los
300 artistas con los que se contó para decorar el
Costa Concordia, valora para EL IMPARCIAL el modo en el que esta empresa naviera se ha volcado con el arte. "No hay duda de que ha llevado a cabo una fuerte inversión en arte" algo que, a su juicio, "no ocurre siempre que se dan proyectos de esta magnitud". Su obra
Encontrarse llegó a bordo del barco después de que Salvatore le propusiera participar en la iniciativa, un proceso en el que participó el resto de creadores, entre ellos
Iñaki Bilbao, quien también destaca a este periódico la buena sensación que le dejó aquella colaboración con Costa Crociere. "Tratar con esta empresa fue para mí una experiencia maravillosa, ya que me sentí en todo momento muy bien considerado", afirma este pintor, quien contaba con tres obras a bordo del barco: un mural titulado
Parque de doña Casilda y dos pinturas que mostraban esquinas de edificios de Bilbao.
Lo mismo opina Garcerà, para quien la compañía fue “impecable” en el trato. "Me pagó por mi obra a
precio de mercado, entre 15.000 y 18.000 euros, y me proporcionó los materiales para ejecutar el trabajo", comenta, al tiempo que recuerda que, coincidiendo con la botadura del barco en 2006, la empresa invitó a los artistas a un
crucero de dos días que les llevó de Génova a Roma.

La ciudad de la concordia, del pintor italiano Fernando de Filippi.
El cuadro de este pintor valenciano, que describe como una pintura en la que "la forma queda muy diluida con el poso y en la que prima la abstracción y la figuración en el límite", poco tiene que ver con
La ciudad de la concordia, firmada por
Fernando de Filippi, de Lecce (Italia), quien comenta a este periódico sus impresiones. "Mi relación con Costa Crociere se remonta a la colaboración entre esta empresa y la
Academia de Bellas Artes de Brera (Milán), que dirigí entre 1991 y 2009, para equipar el interior del
Costa Concordia", explica. Convencido de que el barco podía ser considerado como una
"galería de arte moderno", no se muestra igual de seguro sobre el valor total de las obras que contenía ya que, matiza, "está sujeto a las leyes del mercado".

Viaje por las ciudades europeas, obra del pintor italiano Aldo Spoldi
Las pinturas de
Omar Galliani, Aldo Spoldi y Stefano Pazzi son otras de las que sirvieron para decorar el interior del barco, lo mismo que las de los españoles
Jordi García Pons y Miriam Parra Zambudio, entre otros.
A ellos se unen los nombres de los escultores que también participaron en la iniciativa. “Había cuatro
esculturas de grandes dimensiones, dos de ellas mías y otras dos de Wal y de Giovanni Smeraldi”, comenta Salvatore, quien describe así las piezas firmadas por él: "Una era una plataforma de columnas de bronce y hierro con símbolos e imágenes de Milán, y otra una serie de palomas de bronce que partían de una base y se distribuían a lo largo de la superficie de una pared". Ambas valoradas en unos 150.000 euros.
Garcerà, Salvatore y De Filippi no dudan en hacer constar a este periódico su pesar por los
fallecidos en el siniestro, lo que no les impide hablar en calidad de artistas sobre qué supone perder estas obras. También lo hace
Aldo Spoldi, autor de nueve paneles titulados
Viaje por las ciudades europeas, cuando dice que, aunque los artistas tienden a ser "egoístas" al desear que sus obras sean contempladas lo más posible, esta vez no ha pensando "en ningún momento" en ellas. Lo mismo le ha ocurrido a Bilbao, quien confiesa que la pérdida de sus trabajos "no le ha dolido", ya que opina que "lo que el objeto pierde como valor material, lo gana como valor simbólico".
En opinión de Garcerà, “la vida de la gente no se puede comparar con una pintura o una escultura por muy sublimes que sean”, por lo que prefiere tomárselo con humor y pensar en el halo
romántico que tiene la idea de que su obra esté hundiéndose en un barco de esas dimensiones. Algo parecido piensa Salvatore: “Creo que lo importante es destacar que
ha muerto gente aunque, desde un punto de vista material y artístico, es cierto que el daño es ingente no sólo por la pérdida económica, sino en el sentido de que el
valor cultural de esas obras faltará para siempre”. Pese a todo, mantiene la esperanza de que puedan recuperarse. “Esperemos que no se hayan perdido todas y que, incluso, pueda ser rescatada la mayor cantidad posible de ellas”, concluye. Una afirmación sobre la que difiere De Filippi, quien considera que, salvo las esculturas, "será difícil recuperar el resto de obras".